29 noviembre, 2010

Feliz cumpleaños mi querido amigo

Cuentan que en un bosque hermoso y fragante, donde siempre brilla el sol y el viento susurra dulces melodías, vive un ángel. La mayoría de hombres ha olvidado el nombre de este bello lugar.
Allí transcurren los días de este armonioso ser; sus días transcurren conversando con dalias y  rosas, jugando con las luces de hermosas hadas, con los que llevan poesía o trazan sueños en un lienzo, con mensajeros de los dioses. Siempre está atento a todo aquello que pueda suceder a su alrededor, su mano te sujeta con fuerza y sin embargo, apenas parece una caricia, en esos días en que caes y ya no quieres levantarte. Te suelta mariposas de mil colores en el pecho y las tristezas recogen sus ropas grises y se marchan derrotadas.


Hay un día en el año en que todos los seres del bosque se reúnen felices para hacer un festejo, el ángel de alas de plata ha dado la vuelta al sol una vez más... y todos quieren que sea así por mucho tiempo.

11 noviembre, 2010

Gracias


He podido robarle unos minutitos al ordenador del trabajo, porque tenía una razón muy poderosa para hacerlo, y es la GRATITUD, cómo no dar las gracias a este amigo maravilloso, a mi dulce ángel a quien escribí en unas horas amargas y que no solo me respondió sino que se tomo el trabajo de escribir a otros ángeles que en algún momento compartieron esos maravillosos días en la montaña o de otra manera para que sintiera que no estaba sola.
Les agradeceré de la única forma que puedo hacerlo, escribiendo para ustedes, viviendo para ustedes, soñando para ustedes.
Tengo una pequeña secuela que espero no duré demasiado porque es un poco molesta, pero en general estoy mucho mejor.
En verdad no existen palabras, no, no existen para dar las gracias por ese momento en que se han puesto frente a sus ordenadores y sus corazones volaron hasta mí.
Pronto estaré con ustedes, les quiero.

18 septiembre, 2010

Cold Case "Tres mariposas azules" (final)

Dedicado a Jacky y María.





-¡Vaya, impresionante! – exclamo Scotty mirando el edificio central de la Comcast.
- Sí, impresionante.
Transpusieron las puertas del elegante edificio, por dentro mantenía el mismo estilo perfeccionista y elegante, pero a la vez acogedor. Una mujer atractiva de mediana edad se acercó hasta ellos. Vestía un traje sastre formal y una agradable sonrisa iluminaba su rostro.
- Detectives Valens y Jeffries de homicidios, necesitamos algunos datos sobre Anne Lynch.
- No es un poco tarde para eso caballeros, el caso se cerró hace años.
- Alguien me dijo: “ lo que no me gusta es que no paguen los malos” , pues a mi tampoco me gusta, no importa el tiempo que haya transcurrido – le dijo Scotty.
- Bien, será mejor que vayamos a mi oficina – La mujer fue delante de ellos para guiarlos, cuando llegaron a la amplia y cómoda habitación los invito a tomar asiento y les pregunto si deseaban algo de beber.
- No gracias, estamos bien.
- Soy Janne Turner, relacionista pública de esta sucursal. Díganme qué necesitan saber.
- Usted debe de recordar a Lynch, trabajo casi siete años para ustedes – Scotty se había quedado de pie admirando la vista que se tenía de la ciudad desde el edificil.
- ¡Anne, Anne!, alguien difícil de olvidar.
- ¿Por qué lo dice Sra. Turner? – le preguntó Will.
- Era una profesional de primera, puntual, eficiente, inteligente… y sin embargo.
- ¿Y sin embargo? – insistió Jeffries.
- Había algo extraño en ella; a menudo era una persona agradable, pero cuando estaba bajo presión o se sentía de alguna forma amenazada reaccionaba de una manera casi podría decir que violenta.
Recuerdo cierta ocasión en que uno de los compañeros más cercanos a Anne, quiso jugarle una broma y se acerco a ella silenciosamente, le puso una mano sobre el hombro. ¡Dios!, todavía no puedo olvidar la expresión de rabia en sus ojos; empujo al chico lejos de ella, mientras le gritaba - ¡No vuelvas a tocarme maldito, no vuelvas a tocarme o te matare! Todos nos quedamos desagradablemente sorprendidos.
En otra oportunidad cuando uno de los jefes que la presionaba por la entrega de unos programas para uno de los clientes, ella simplemente explotó, le dijo que “si quería el maldito trabajo realizado de manera correcta, tal como lo había solicitado el cliente que esperará o que bien podía irse al demonio” Sanders tuvo que tragarse aquello, no podía despedir a Lynch, era muy talentosa, y profesionales como ella no se dan todos los días. Pero si quiere que le sea sincera, aquel tipo se lo merecía, siempre trataba al personal con cierto aire de superioridad y le encantaba intimidar a la gente.
Además hubo otros pequeños incidentes de menor importancia, Anne parecía estar siempre a la defensiva. Era poco sociable, pero eso si, muy educada y amable, salvo por esos… no sé cómo llamarlos – la mujer sonrío de repente – Saben algo, cuando estaban aquí dos de sus amigas Helen y Samantha, las conocía porque llevo años trabajando aquí, era como si Anne se transformará, la veía hacer bromas y reír como no lo hacía con nadie aquí. Miren, todavía conservo algunas fotos de ellas.
Scotty se había acomodado en un escritorio para observar mejor las fotografías, Janne estaba de pie ligeramente inclinada sobre él.
- ¿Por qué las conserva?, es extraño, si ella no era su amiga, y por lo que dice tampoco le tenía ningún afecto en especial.
- Simplemente se quedaron allí, olvidadas entre las pocas cosas que la policía no se llevo consigo y yo decidí quedarme con ellas. Es cierto que ella no era mi amiga, pero aunque nunca fue reciproco, yo llegue a tomarle cariño; a pesar de esa forma de ser suya queriendo siempre alejar a todos y a sus repentinas explosiones, me daba la impresión de ser una persona tan vulnerable, tan necesitada de afecto.
- ¿Y qué me dice de su esposo John? – le pregunto Will.
La mujer vacilo antes de contestar a la pregunta que Jeffries le hacía, sus ojos vagaron por la habitación y se mordió ligeramente los labios.
- ¿Vamos Sra. Turner, qué sucedía con John Lynch?
- No es sencillo de explicar, estoy segura que no la maltrataba físicamente, ni psicológicamente tampoco. Pero era un hombre tan frío, cuando venía a recogerla a la compañía, ni siquiera le daba un beso. La saludaba como podría saludarse a un buen amigo, y si ella tardaba porque tenía trabajo pendiente, se quedaba en el lobby leyendo algunas revistas. Ella le importaba, eso no me cabe duda… pero no sería la clase de hombre que me gustaría tener de compañero.
- ¿Podría mostrarnos la oficina de Anne? – le dijo Scotty.
- Ahora la ocupa Mackena, además no creo que encuentren nada en ella, fue completamente renovada luego que ocurrió aquello.
- Por favor Janne – le volvió a pedir Valens con una esas sonrisas que sabía utilizar muy bien con el sexo opuesto.
- ¡Está bien, es en el piso trece, vengan conmigo!
Scotty llevaba consigo las fotografías que la relacionista le había mostrado. La mayoría de ellas habían sido hechas en la habitación a la que se dirigían. Realmente lucía completamente diferente. Nada quedaba de Anne allí, por fortuna el tal Mackena no estaba en el lugar, así que Valens pudo recorrerla a su antojo, comparando cada lugar con lo que veía en las fotos. De pronto se topo con algo familiar, un mueble pequeño, parecía no encajar dentro del estilo que le había dado su actual ocupante. Era de cedro, alto y esbelto, con un pequeño cajón en el centro y sobre este una caja de música, tan delicada y hermosa como el mueble sobre el que descansaba.
- ¿Vaya, esto no parece encajar con Mackena? – le dijo Scotty tomando entre sus manos la caja.
La mujer sonrío e hizo un gesto dándole a entender que ella tampoco comprendía porque aquellas cosas estaban todavía allí. Scotty la abrió y una triste melodía envolvió la habitación.
- Scotty, esa es un aria de la ópera Madame Butterfly, “Un bel di vendremo”. La interpreta ella con la esperanza de que su amado Pinkerton retorne.
Valens lo miro asombrado, no sabía que su compañero gustara de las óperas.
- ¿Madame Butterfly?
- Por qué lo sé no viene ahora al caso – le respondió ignorando la sonrisa de su compañero – alguna vez la escuche y se me quedo grabada. Leí también sobre la historia de Cio Cio Sam o Madame Butterfly.
- Suena triste – dijo Scotty – mientras cerraba suavemente la caja.
- Sí, es una historia triste, la protagonista se suicida al final – vio brillar los ojos de su compañero, dejar la caja en su lugar y dirigirse nuevamente a la ventana, como para calmar sus emociones.
- ¿Hay forma de abrir este cajón? – dijo Jeffries a la mujer.
- No lo sé, quizá Mackena tenga la llave.
- Hágalo venir por favor Sra. Turner.
Turner salió rápidamente de la habitación en busca de Arthur Mackena.
Se trataba de un hombre atractivo cercano a los cuarenta años, vestido de forma impecable. La presencia de los detectives pareció sorprenderlo más no incomodarlo.
- Detectives Jeffries y Valens, queremos hacerle algunas preguntas señor Mackena.
- Bien, pero les agradecería que fueran breves, estoy a punto de entrar a una reunión.
- ¿Conoció usted a Anne Lynch? – le pregunto Will.
- Muy superficialmente, yo llegue aquí apenas un año antes de que ocurriera… bueno, de que fuera asesinada.
- Usted debe saber que era la oficina asignada a Anne, ¿verdad? – continuo interrogándolo Jeffries.
- Así es, al principio me resultaba un poco chocante, pero luego que la gerencia ordeno su renovación, me sentí bien en ella.
- Sin embargo conservo estos objetos, ¿por qué no se los dio a su esposo? – le dijo Scotty apoyando su mano sobre el mueble – no encaja en absoluto con su estilo.
- Lo sé, pero es tan hermoso, sé que estuvo mal el quedarme con él.
- ¿Tiene la llave de la gaveta?
- Espere, creo que la tengo por aquí, pero no hay nada dentro - el hombre busco en uno de sus cajones de su escritorio y le entrego una pequeña llave.
Scotty probó la llave y el cajón cedió al instante, lo revisó cuidadosamente, entonces su mano topo con una ligera saliente en el fondo, se ayudo con la punta de una tijera para levantarlo. El cajón tenía un doble fondo, dentro encontró varias cartas y fotos antiguas.
- Las encontré porque estaba buscándolas. Tendremos que llevárnoslas como evidencia.
- Todo este tiempo estuvieron allí y yo sin enterarme.
- ¿No tuvo oportunidad de conocer a Anne?
- Cruzamos algunas palabras; todos decían que era emocionalmente inestable y que sería prudente de mi parte no provocarla. Sin embargo, a mí siempre me simpatizo, era callada y no tenía mucha paciencia, pero por lo general era una buena compañera. Creo que por eso decidí quedarme con ese mueble, al fin y al cabo nadie lo reclamo.
- Gracias señor Mackena y a usted Janne – Scotty le extendió su tarjeta – por sí recuerdan alguna cosa importante.
Cuando salieron del edificio Scotty llevaba en una bolsa sellada lo encontrado en el mueble. Caminaba en silencio, parecía estar profundamente sumido en sus propios pensamientos.
- Una mujer inestable, dañada, como lo estaban Helen y Samantha.
Comento Will clavando la mirada en su compañero, pero este no le respondió. Cuando estuvieron dentro del auto y empezaron el viaje de retorno, Scotty abrió la bolsa y comenzó a repasar las fotografías, luego comenzó a leer las cartas. Paso un largo rato antes que volviera a hablar.
- Creo que lo que averigüen Lilly y Kat solo va a servir para confirmar lo que está escrito aquí. Todas son cartas de Samantha, ellas mantenían correspondencia… ¡que locura!, quién escribe cartas en estos tiempos de correos electrónicos – Scotty inconcientemente las sostenía contra su pecho.
- ¿Qué sucede, te encuentras bien?
- Tengo un presentimiento Will. Tres mujeres de vidas aparentemente normales; todas exitosas profesionales, sin apremios económicos. Eran fuertes, Helen lo demostró al salir de todo ese infierno, al igual que Sam, mujeres que parecían tenerlo todo… y sin embargo, no era suficiente. Solo se tenían a ellas Will, solo a ellas.
Jeffries orillo el auto para volverse hacía Scotty y mirarlo a la cara, comprendía bien por qué todo aquello lo afectaba tanto.
- Scotty, tú la amaste mucho, yo sé cuanto sufriste cuando tuviste que volver a internarla, pese a la promesa que le hiciste de no hacerlo, pero sabías bien que era lo mejor para ella.
- ¿Lo mejor para ella, por eso escapo del hospital e hizo aquello?
- Cada uno vive su vida de acuerdo a sus deseos, no podemos decidir por ellos. Perdónate Scotty, porque de lo contrario vivirás en esa especie de pozo oscuro por siempre y arrastraras a Lilly contigo.
- Eso no, amo a Lil, yo no quiero esto para ella.
- Elisa tomo una decisión en la que tú no podías intervenir de manera alguna. Ya es tiempo de dejarla marchar y esta vez para siempre. Hazlo por tu bien y por el de Lil.
Will conocía a Valens, no era dado a las demostraciones de aprecio y menos en público, así que solo le ofreció su mano y la retuvo en la suya con fuerza.





- Conozco bien estas calles, no será difícil dar con “el lugarcito” de Lynch – le comentó Miller a su compañera. Recordaba su época en narcóticos y la adrenalina de los tiroteos y persecuciones.
- También yo las conozco, Kensington, el paraíso de los traficantes.
- ¿A quién buscamos primero, al tipo de los tatuajes o al que sirve los tragos? – pregunto Kat.
- Vamos de visita por los bares.
Ambas estuvieron recorriendo las calles mostrando la fotografía de Lynch. Algunos fingían no haberlo visto nunca, pero ellas sabían que mentían, aquella era esa clase de gente que no está dispuesta a meterse en problemas. Pero siempre existe alguien dispuesto a hablar, el motivo que los lleva a hacerlo requeriría otra investigación, lo único importante es dar con ellos.
- Detectives Rush y Miller de homicidios, ¿conoce a este hombre?
- Quizá, ¿por qué lo buscan?
- Soy yo quien hago las preguntas – le dijo Lilly mientras se sentaba frente a la barra.
- No, ahora que lo pienso bien, no lo conozco de ningún lado.
- Mira, estoy segura que haces más que vender tragos en este lugar, puedo llamar a narcóticos – Rush le mostró su celular con una sonrisa sarcástica – por aquí tengo el número de un compañero que trabaja allí, le puedo pedir que se de una vuelta, ¿quieres que le llame?
- ¡Espere, espere! – el hombre le clavó una mirada llena de rabia – creo que lo recuerdo, ha venido muchas veces aquí.
- Y cuál es el misterio, no entiendo por qué no lo dijo desde el principio. No es ilegal venir a tomar unos tragos – le dijo Miller acercándose también a la barra.
- Bueno, es que aquí… ¡miren yo no tengo nada que ver con esto!, a este lugar vienen esos “chicos bonitos” a ofrecerse, no me agrada que vengan a hacer sus negocios aquí; pero después de todo es bueno para el mío, los hombres que los buscan les compran todo lo que piden, y luego se marchan con ellos.
- Ya, claro, ¿para que entrometerse en sus asuntos? Dime, Lynch era uno de estos hombres, ¿no es cierto?
- ¡Mierda!, si se llega a saber que he hablado con ustedes todo el negocio se va a ir al trasto. Sí, John era uno de ellos, venía todos los viernes sin fallar, bebía unos tragos, buscaba a su jinete y se marchaba.
- ¿Tenía algún favorito o le daba igual?
- Estos tipos les gusta la variedad, salvo que se hayan enamorado de su puta, o se trate de gente importante, porque entonces pueden darse por perdidos. Pero aún en estos casos, los chicos deben ir con cuidado, porque estos hombres encontrarán la forma de silenciarlos.
- ¿Y a Lynch le ocurrió lo primero o me equivoco? – le sugirió Lilly mientras jugueteaba con el celular.
- El muy estúpido se enamoro de uno de estos hijos de la calle, Carlos, un chico español. A mi no me van esas cosas, pero debo admitir que era el mejor de los que venían aquí.
- ¿Me imagino que no debe saber dónde ubicar a Carlos? – le dijo Miller.
- Esos chicos llegan con la noche y se marchan con ella. No puedo decirles más.
- Bien, le agradecemos su “amable” colaboración.
Rush y Miller abandonaron el bar. Aquellos lugares lucían tan diferentes; en las mañanas parecían lugares tranquilos, solo con la noche se llenaban de vida, solo al anochecer acudían sus habituales visitantes arrastrando sus sórdidas existencias.
- Tendremos que venir a buscar a Carlos cuando anochezca, por lo que dice el tipo del bar no debe se muy difícil de reconocer – le comentó Kat a su compañera resignada a tener que quedarse por el lugar.
- No somos las más indicadas para este trabajo, será mejor que ocupemos nuestro tiempo en dar con el lugar donde las chicas se hicieron los tatuajes – le respondió Lilly.
- No será difícil, es un trabajo fino, eso no lo encuentras mucho por aquí, solo en el "Eddie" – le dijo con seguridad Kat.
- ¡Vaya!, ¿y cómo sabes eso? – la miro entre divertida y sorprendida Rush.
- Porque tengo uno que me hicieron allí.
- No quiero saber dónde – continuó Lilly sin dejar de reír – ¿para dónde vamos?
- Sigue por la Quinta hasta Lawrence.
Era un lugar amplio, con agradables instalaciones. Las paredes estaban repletas de los más extravagantes diseños, pero todo lucía ordenado y limpio, con salas individuales en las que trabajaban los encargados de hacer los tatuajes. Nada era parecido a lo que Lil se había imaginado, algo como arrancado de una página de terror.
- ¿Y bien, qué piensan hacerse estas bellezas? – les dijo un hombre joven acercándose a ellas.
- Detective Miller y Rush – la sonrisa se le congelo en los labios.
- Nos interesa este diseño en particular – Rush puso sobre el mostrador la foto del brazo de Anne Lych.
- ¡Dios!, qué es eso – el hombre estaba visiblemente turbado con la visión de aquel brazo pálido y rígido en el que resaltaba con más nitidez la elaborada figura de una mariposa azul.
- Pensamos que es un trabajo suyo – casi afirmo Miller, saco las fotos de las tres mujeres y las alineo una junto a la otra – ¿Tal vez las hizo para ellas, las recuerda?
El hombre tomo la foto y la observo con atención a pesar del evidente desagrado que le causaba. Luego fue mirando una a una las otras tres.
- Eso fue hace mucho tiempo ya. ¿Se trata de las mujeres que encontraron muertas, no es así?
- Sí, así es. Helen Evans, Anne Lynch y Samantha Moore.
- Lo recuerdo porque fue un trabajo bastante elaborado el que querían. Una de ellas lo había diseñado, la rubia creo. Se reían y alborotaban el lugar como adolescentes.
- ¿Tiene un registro de cuándo fue hecho?
El hombre consultó un grueso libro que tenía a un lado, sus dedos pasaron las páginas, y luego su índice vago entre las líneas de nombres que había escrito en ellas.
- Ellas vinieron el 13 de noviembre del 2004, pagaron en efectivo. Iban tan bien vestidas y estaban tan entusiasmadas en hacerse el tatuaje que no dudaron en pagar lo que les pedía.
Lilly se inclino sobre el libro y comparo las firmas con unos papeles que llevaba consigo.
- Sí, se trata de sus firmas. ¿Le hicieron algún comentario en especial?
- Una de ellas, la morena, era hermosa realmente… dijo algo como que ellas eran así, como las mariposas, que estos bichos tenían existencias cortas, que sus destinos ya estaban escritos, que el azul era un color triste… y no sé cuantas locuras más.
- Gracias por su ayuda. Quizá necesitemos ese registro – le dijo Rush haciendo un gesto con la cabeza señalando el pesado libro.
Lilly conducía de regreso al Departamento, ambas iban en silencio sacando sus propias conclusiones sobre las entrevistas que habían tenido aquel día. Por sus expresiones estas no debían ser agradables.





Nick se paseaba por la lujosa sala de recepción de la afamada editora, observaba las portadas de los libros que se lucían en los acristalados muebles; cuando de pronto una mujer atractiva pero poco gentil se acercó a él.
- ¿Pero qué hace ahí, venga conmigo?, debo entregarle los artículos para la aprobación de la Eselvier Magazine
- Creo que se confunde señora, soy el detective Vera de homicidios – la mujer hizo un gesto de impaciencia.
- ¿Y qué tengo yo que ver con homicidios, que yo sepa no han cometido ningún crimen en esta sucursal?
- Se trata de Helen Evans, murió hace seis años.
- ¿Seis años?, y recién ahora están investigando. Por favor detective, no me haga perder el tiempo, esos artículos debían haber ser recogidos hace una hora ya, debo averiguar el motivo del retraso.
- Señora…
- Amanda Weston, soy encargada en jefe de la revista.
- Bien, señora Weston, sé que su tiempo es valioso, al igual que el mío, así que seré breve.
- ¿Conoció usted a Helen Evans?
- No es correcto hablar en la recepción, acompáñeme a mi oficina.
Parecería una habitación arrancada de alguna revista de decoración, todo era perfecto como la persona que la habitaba. Amanda tomó su puesto tras el escritorio y se dispuso resignada a concederle unos minutos de su tiempo al detective.
- Sí, conocí a Helen Evans, una mujer inteligente, intuitiva… lástima que terminará como lo hizo.
- ¿Era amiga de ella? – la vio esbozar una sonrisa despectiva en su rostro.
- Eh, he dicho que era una excelente profesional, no que tuviera ningún tipo de relacional personal con ella, apenas si cruzábamos palabra. Pero siempre me dio la impresión de ser una mujer débil. Andaba por allí con ese aire de tristeza que me era insoportable. No me interesa la gente que no entiende que esto es una jungla y que hay que actuar en consecuencia.
- ¿La vio o hablo con ella antes de su asesinato?
- Bueno, creo que ese día estaba más extraña de lo normal. Me pidió unos días libres, y no tenía razón para negárselos; era una excelente empleada, puntual, inteligente. Era habitual que viniera a recogerla su hermana… no recuerdo bien el nombre, creo que era Kate. Cierta vez tuvieron una discusión en su oficina, tuve que intervenir porque sus voces se escuchaban desde el corredor. La pobre Helen me pidió disculpas y me dijo que aquello no volvería a repetir. Confíe en su palabra… a los dos días me entere de lo que le había ocurrido – por primera vez Vera vio tristeza en el rostro de aquella mujer decidida e implacable – en cierta forma no me siento bien con ello, no sé, si hubiera prestado más atención a lo que le ocurría a Evans.
- Nunca es tarde para cambiar señora Weston. Gracias por su tiempo.
Dejo a la mujer sumida en sus pensamientos, había apoyado su rostro entre sus manos y al parecer después de mucho tiempo había empezado a entender que las personas son algo más que nombres en una nómina.





- Todo apunta como sospechoso en estos asesinatos a Lynch, tenía motivos suficientes para desaparecer a su esposa, como debía suponer Anne y Samantha estaban al tanto de todo; así que debía deshacerse de ellas también. Aunque lo de Samantha resulte un tanto forzado, sabemos que ella cometió suicidio. Debemos conseguir una orden para revisar minuciosamente las casas de Helen y Samantha, estoy convencido que hallaremos algo en ellas. Lo que averiguaron Valens y Jeffries resulta importante; la caja de música con esa aria en especial, no me extrañaría encontrar algo similar entre las pertenencias de las otras dos mujeres, además de las cartas de Samantha. Creo que Scotty ha leído lo suficiente sobre ellas para darnos una idea de quién era Lynch en realidad, ese hombre tiene mucho que aclarar; debemos averiguar acerca del tal Carlos… creo que el más indicado eres tú Valens, debes indagar sobre este chico.
- ¿Yo?, y por qué yo – se quejo Scotty
- No veo a Will y Nick en ello – le respondió Stillman.
- Bien, iré a ese bar y veré qué puedo conseguir – le respondió algo enfadado.
Stillman siguió con la mirada a Valens y movió negativamente la cabeza; era un excelente detective, pero incapaz de manejar su impaciencia y en ocasiones su ira.
- Espera Scotty, todavía no hemos terminado – cuando vuelvas, iras con Lilly por Kate, creo que esa chica no ha dicho toda la verdad. Will y Vera, en cuanto tengamos las órdenes de registro irán a ver qué encuentran en las casas de Samantha y Anne – Stillman espero unos segundos y luego agrego dirigiéndose a Valens – Necesitamos algunos detalles acerca de lo que decían las cartas que hallaste en la oficina de Evans.
Scotty le extendió un fajo de cartas a manera de respuesta – Léalas por sí mismo.
- ¿Qué sucede contigo? – le dijo el teniente con cierto tono de enojo en la voz.
- Lo siento jefe, no debí responder así, pero no quisiera tener que volver a leerlas.
- Esta bien Scotty, encuentra a ese tal Carlos, es importante lo que tenga que decirnos.
Kat y Lilly se quedaron con Stillman, este tomo el grupo de cartas que tenía en las manos y los distribuyo entre ambas.
- Veamos sobre qué se escribían Anne y Samantha.
Después de varios minutos de repasar los escritos, todos levantaron la vista y se quedaron observándose entre ellos. Los hechos tomaban un giro inesperado.
- Así que el correcto señor Lynch tenía su lado oscuro como nos lo dijo el tipo del bar. Ahora muchas cosas cobran sentido. El por qué nunca acompañaba a su esposa en las reuniones y más bien tenía prisa por marcharse, la razón por la que estaba alejándola de su vida, la tristeza de ella, lo que dijo en aquel brindis – Lilly había hecho un resumen de los hechos.
- John la engañaba, pero no con otra mujer, era Carlos el amor secreto de Lynch. Anne lo descubrió y se le contó todo a Sam. Lo supo desde el principio, y todos ese tiempo callando y fingiendo; pobre mujer, debe haber sido una carga más allá de su frágil equilibrio emocional. Ella era la más débil de las tres – Kat había arrojado las cartas sobre el escritorio y no pudo evitar que la amargura se apoderará de ella. Podía ver el mismo sentimiento reflejado en el rostro de Stillman y Rush.
- Scotty traerá a Carlos, su declaración es ahora sumamente importante. Tenemos dos sospechosos ahora, Lynch y ese muchacho; ambos debían querer librarse de Anne para marcharse a otro estado y continuar con su idilio – el teniente mantenía la mirada fija en los papeles que aún mantenía en sus manos.





Eran más de las once de la noche cuando Valens ingreso al bar donde encontraría al hombre que estaba buscando. Se sentía incómodo y en más de una ocasión quiso salir a toda prisa de aquel lugar, le inquietaba la forma en que lo miraban y las risas apagadas que escuchaba a sus espaldas. Además de las muchas ocasiones en que tuvo que poner a raya a aquellos jóvenes que no cesaban de pedirle que les invitara un trago o evitar que trataran de ponerle las manos encima.
- ¿Tienes algún problema?, ¿es que no te gusta lo que ves?
- Espero a alguien – les dijo Scotty intentando sonreír con naturalidad.
Entonces escucho a sus espaldas un gran alboroto. Muchos ojos se volvieron hacía el recién llegado, y los de Valens junto con ellos. Su mirada oscura se topo con los ojos claros de un hombre; debía andar por los veintitres años, la barba de tres días, los labios sonrosados y carnosos. Las cejas pobladas por encima de aquellos ojos de animal que conoce su territorio y va tras su presa. Su mirada era tan intensa que Scotty sintió que un escalofrío lo recorría. De inmediato el olfato de Carlos detecto el aroma de carne fresca. Se acercó a la barra sin dejar de observarlo.
- No te había visto por aquí antes. ¿Esperas a algún amigo, o quieres compañía?
- Te esperaba a ti – le dijo Valens.
- ¡Vaya!, debo sentirme halagado entonces. ¿Qué estas bebiendo?
- Una cerveza ¿te apetece una?
- ¿Cerveza?, no gracias. Bueno, si quieres podemos quedarnos un rato a charlar, o prefieres que vayamos a pasarla bien – el joven sonrío ante la turbación de su ocasional “cliente”, se notaba que jamás había hecho algo como aquello – Vamos a tú departamento, allí nos entenderemos mejor. Soy muy bueno en lo que hago – le susurro, mientras su mirada lo recorría con malicia.
Ambos se levantaron, Scotty sintió la mano de Carlos deslizarse suavemente por su espalda; y luego su aliento cálido sobre su cuello y el contacto de unos labios en él.
- ¡Basta! – le dijo, conteniendose a duras penas para no darle un puñetazo – sabes, soy algo reservado y prefiero que lleguemos a mi departamento.
- Eres bastante extraño, pero eso te hace más interesante. Bien, cuando quieras.
Llegaron hasta el auto, este le abrió la puerta y lo hizo subir. En el asiento trasero estaban sus compañeros que no tardaron en ayudar a Scotty a reducir al joven y esposarlo.
- ¿De qué se trata todo esto?, no hablaste de ninguna orgía. Si eso es lo que quieres, por mi está bien, pero no tenías porque mentir… solo que esto te va a costar una buena pasta.
- Detective de homicidios – le dijo, mostrándole su placa – y lo siento, pero la policía tiene presupuestos muy limitados, así que lo de la orgía tendrá que esperar.
El hombre se revolvió en su asiento tratando de alcanzar a Valens. Cuando estuvieron lo suficientemente alejados del lugar, Vera y Jeffries se bajaron del coche e intercambiaron lugares. Ahora Carlos iba bien custodiado por Will.
- Tú te ofreciste voluntariamente para esto, ¿te gusta verdad?, eres uno de esos cobardes que no termina de decidirse si salir o no del closet.
Jeffries le apretó el brazo con fuerza, empujándolo contra el asiento delantero.
- Mejor cierras la boca, ya tendrás tiempo de hablar hasta cansarte.
Carlos no volvió a pronunciar una sola palabra hasta que llegaron al Departamento de Policía. No entendía los motivos de su detención. Por qué podía buscarlo la gente de homicidios.



- Lil, Scotty y tú encargarte de ver qué pueden obtener de ese Carlos, Lynch me espera en la otra sala, tengo aquí las cartas de Samantha, veremos cómo reacciona cuando sepa que sabemos su secreto y de que tenía motivos suficientes para asesinar.
- De acuerdo jefe – Rush no pudo evitar reírse.
- ¿Qué sucede?
- Scotty me ha contado lo que tuvo que pasar en ese lugar, no creo que le vaya a hacer mucha gracia tener de nuevo frente a él a nuestro sospechoso.
Stillman no tuvo que hacer volar demasiado su imaginación y sonrío tratando inútilmente de ponerse serio. Lil tomó unos expedientes y se dirigió a la sala donde tenían detenido a Carlos, a los pocos minutos entro Scotty.



- Detectives Rush y Valens – se presento Lil.
- Vaya, ya veo que no puedes vivir sin mí. Pero te perdono la trampa que me tendiste, me gustaste desde que te puse los ojos encima, te hubiera hecho lo que quisieras gratis. ¿Y quién es Blondie?, la tipa que te tiras para demostrarte que eres muy macho.
- Ten cuidado con lo que dices o la vas a pasar mal. Tú vienes de España, seguro que estas aquí de ilegal, podríamos hablar con Migraciones, a ver qué tal te va en tu viaje de deportación, papito – estas palabras se las había dicho en español, susurrándoselas al oído – ¿Cuál es tu verdadero nombre?
- Gabriel Armenteros, vine de Madrid hace tres años. Ya otros amigos me habían hablado que podía conseguir mucha pasta, que a ustedes los norteamericanos les gusta el “fuego latino”. ¿Tú naciste aquí ? eso es seguro, pero tus padres no eran gringos, ¿cierto?
- No te trajimos para hablar de mis orígenes. ¿Conoces a este hombre? – le dijo mientras arrojaba la fotografía de Lynch sobre la mesa.
- No, no sé de quién se trata, no lo he visto nunca – Valens le sujeto con fuerza la cabeza y lo obligo a mirar la fotografía.
- Creo que no has mirado bien Carlos, ¡mírala!
Lilly avanzó hasta su compañero separándolo del otro.
- Sabemos que lo conoces y que era cliente habitual tuyo, tenemos un testigo de ello. Así que ahórrate las mentiras – le dijo Rush situándose entre ambos hombres.
- Sí, maldita sea, lo conozco.
- ¿Desde cuándo eras su “amigo”? – continuo Lil.
- No sé, hará un año y medio que nos encontramos en ese bar. En mala hora se cruzó en mi camino.
- ¿Qué quieres decir con eso? – Scotty ya más calmado había vuelto a retomar el interrogatorio.
- Ese hombre se obsesiono conmigo; al principio me sentía bien, no es un tipo desagradable, porque hay ocasiones en que esto puede ser repugnante. Me busca todos los viernes, me lleva a buenos sitios, me compra ropa de marca y estaba pensando en adquirir un departamento para nosotros. Todo estaba bien hasta que un día se apareció en mi casa, un lugar que tenemos alquilado con otros chicos, no sé cómo pudo averiguar dónde vivía. Empezó a buscarme a cualquier hora, a celarme, a llamarme al celular, decía que me quería en exclusiva. Aquello se convirtió en un infierno, ese hijo de perra no me dejaba en paz. Creo que su mujer sabía todo o por lo menos lo sospechaba, yo no quería meterme en líos, así que le dije que no quería verlo más.
- ¿Qué te hace pensar que ella sabía algo? – le dijo Lilly inclinándose ligeramente sobre él.
- Así como yo estoy aquí porque alguien hablo, de seguro algún rumor llego hasta ella. Además las mujeres no son estúpidas, saben bien cuando las están engañando, aunque se empeñen en cerrar los ojos.
- ¿Viste a su esposa alguna vez? – ahora era Scotty quien preguntaba.
- Si, sabía dónde trabajaba Anne, él a veces iba conmigo a recogerla, yo me bajaba unas cuadras antes. Tenía curiosidad por conocerla, así que una vez lo seguí y pude verla. Muchas veces me quedaba cerca al edificio para observarlos, me interesaba saber cómo era con ella.
- ¿Y lo supiste? – Lilly había acercado una silla al joven.
- Sí, la trataba como si fuera el equipaje que pones en el maletero. No la besaba, apenas si le dirigía un saludo. Una vez sus ojos marrones se cruzaron con los míos, y ella me sonrío… ¡me sentí una mierda!, yo me acostaba con el marido y ella me sonría. No volví a verla más, y de nuevo le dije a John que quería terminar con lo “nuestro” por llamarlo de alguna forma – Carlos se estremeció como si lo acometiera un escalofrío.
- ¿Te sientes bien? – le preguntó Lilly.
- Sí, solo recordaba la sensación que sentí cuando ella me miró, era como si me reconociera y me perdonará. Siento mucho que muriera de esa forma. Ese día yo estaba fuera, necesitaba alejarme de Lynch y fuimos con unos amigos hasta Delawere.
- Tendrás que quedarte un rato más aquí, tenemos a Lynch en la otra sala – le dijo Scotty, de pronto el otro tiro de su brazo, Lil se puso alerta de inmediato.
- No voy a intentar nada. No me gusta este lugar es tan frío, ¿tendrás alguna manta?, por favor.
- Veré que traigan algo para abrigarte y una taza con café – el otro lo soltó y clavo sus ojos claros en los de Valens; solo que ahora había desaparecido la fanfarronería de ellos, en su lugar solo quedaba miedo y ansiedad.
- Lil, nuestra hipótesis de que Lynch y Carlos hayan planeado y ejecutado los asesinatos está perdiendo peso. Ese chico puede ser muchas cosas, pero no un asesino.
- Pienso como tú Scotty, o es un actor consumado.



Stillman estaba frente a John Lynch, podía percibir su nerviosismo en el sudor sobre la frente y en la forma en que se estrujaba las manos. Aquel hombre tenía mucho que esconder, pero él era un policía experimentado, y pronto le iba a arrancar toda la información que necesitaban. Scotty y Lilly lo observaban a través del espejo.
- ¿Sabe qué es esto? – le dijo mostrándole el fajo de cartas de Samantha.
- No, no sé de qué se trata.
- Son las respuestas a las cartas que Anne le escribía a Samantha Moore, sabe, en casi todas hablan de usted.
- ¿Sobre mí dice, qué podrían hablar ellas sobre mí? – su nerviosismo era cada vez más notorio.
- ¿En verdad no sabe qué pueden decir en ellas?, he resaltado algunos parrafos que estoy seguro le ayudaran a recordar – Sillman tomo una de las cartas y empezó a leerla en voz alta: “Anne, no puedo seguir viéndote en ese estado, me es insoportable. Habla con John de todo, pídele el divorcio, no se atreverá a negártelo, además debe ser algo que esta deseando de hace mucho”. Aquí hay otro cita más explicita: “Cuando me contaste aquello, no pude dormir toda la noche, deseaba estar a tu lado, pero no podía mi querida Anne, por eso ahora te escribo estas líneas. Me decías que habías llegado a casa de improviso, subiste al dormitorio y allí estaba John teniendo sexo con otro hombre. No puedo ponerme en tu lugar e intentar sentir lo que experimentaste en esos momentos. Me imagino que es como si algo se hiciera pedazos dentro de ti; y por unos segundos no puedes moverte, no puedes llorar, ni gritar. Sé lo que es sentir que algo se nos muere por dentro, sin poder hacer nada para evitarlo…”
- ¿Puede decirme que aún no sabe de qué le estoy hablando? – Stillman le arrojo las cartas encima – usted tenía un amorío con Carlos, o mejor dicho con Gabriel Armenteros, llego a obsesionarse con aquel hombre al punto que hubiera hecho cualquier cosa por evitar que lo abandonara, incluso deshacerse de su esposa. Era sencillo matarla y hacer parecer que se trataba de un robo. No puedo todavía vincularlo con la muerte de las otras .
El hombre pareció despertar y se puso de pie visiblemente alterado, Scotty abrió la puerta, pero Stillman le hizo una señal indicándole que todo estaba bien.
- Yo amaba a Carlos, es cierto, siempre tuve esas tendencias y se las oculte a mi esposa, pero ella era una mujer inteligente, sé que algo debió intuir. ¡Pero yo no la mate!, ¡Yo no mate a nadie!
- ¿Dónde estaba esa noche?
- En casa de un amigo, ese día Carlos estaba fuera de la ciudad.
- ¿Cuál es el nombre de ese amigo?
- Es un abogado de cierto prestigio, estábamos reunidos con otras cuatro personas. No deseo involucrarlas en esto.
El teniente avanzó hacía el hombre y lo tomo del cuello de la camisa, mientras lo sacudía con fuerza.
- El nombre Lynch – Stillman lucía implacable, Rush y Valens no recordaban haberlo visto tan alterado.
- Mathew Templex – pronuncio sofocado, entonces Stillman lo soltó.
- ¿Dónde podemos hallar a ese Templex?
- Antes vivía en el 224 de Race street, cerca al Hotel Sheraton, no sé si aún seguirá viviendo allí.
- Será mejor para usted que continué viviendo allí y que confirme lo que ha dicho, es su única coartada.
- ¿Tiene aquí a Carlos?, ¡déjeme verlo por favor!
- Sabe Lynch, ¡váyase al demonio!




Fue la propia Kate quien les abrió la puerta a los detectives. Lucía más relajada y aquello la hacía verse más hermosa. Tomo asiento y los invito a hacer lo mismo, sus brazos descansaban sobre el respaldar del sillón y sus ojos estaban fijos en los de Scotty.
- Me alegro que seas tú quien haya venido, pensé que enviarían a otro de tus compañeros.
- Lilly también ha venido conmigo, ¿la recuerdas? – la joven apenas si le dirigió una mirada y siguió concentrada en Valens.
– Claro, discúlpame ¿cómo esta Lilly?
- Bien, gracias por preguntar Kate.
- Entiendo que han venido para revisar las pertenencias de Helen. Cuando me mude a casa de mi tía traje todo conmigo; mi habitación es bastante amplia, así que permitió acomodar ordenadamente las cosas de mi hermana – Kate se levantó de pronto de su asiento y tomo la mano de Scotty – ven es por aquí – le dijo mientras tiraba de su mano
- Espera Kate, debo subir con mi compañera, nunca trabajamos por separado cuando estamos haciendo una investigación en particular – la joven miró a Lilly con fastidio, y sin soltar la mano de Valens se dirigió a ella.
- Y bien, tengo clases en una hora ¿qué estas esperando para subir?
- Kate, no tienes por qué hablarle así.
- Lo siento, no tuve esa intención.
La habitación era realmente grande. Todo en ella estaba impregnado de feminidad y belleza. Kate los guió hasta una puerta que conducía a otra habitación más pequeña, en ella estaban ordenadas las cosas de Helen; a no ser por la ausencia de una cama, cualquiera diría que estaba ocupada por alguien.
- Pueden empezar por dónde quieran, pero les ruego que no revuelvan demasiado las cosas. Todo lo que hay aquí es muy importante para mí.
– No te preocupes, trataremos de desordenar lo menos posible – Le respondió Lilly con una sonrisa.
- ¿Desean algo?, tengo unas sodas y puedo hacerles unos emparedados si desean.
- Las sodas están bien Kate, gracias – le respondió Scotty, que se había acomodado en un sillón y revisaba unos papeles. Lilly estaba de pie buscando en las gavetas de un armario que parecía pertenecer al mismo estilo del mueble que habían hallado en la antigua oficina de Anne. Scotty se lo hizo notar a Lilly, pero esta permaneció en silencio
- Me parece que estas enojada, lo siento. No deberías prestar demasiada atención a su comportamiento.
- Y tú no deberías ser tan condescendiente con ella, no te das cuenta que alientas lo que sea que cree sentir por ti.
- Estas llevando las cosas demasiado lejos Lil, Kate es solo amable conmigo.
- La forma en que te mira no es gentileza – una sonrisa sarcástica curvo sus labios.
- Bien, de ahora en adelante tú llevaras las conversaciones con ella, ¿estas de acuerdo? – Valens estaba concentrado sacando cosas de un baúl.
- Sí claro, y ella esperará a que me este duchando para saltarme encima – su compañero empezó a reírse.
- Eh, Lil, mira esto – Scotty había encontrado una caja de música exactamente igual a la de Anne. "Berman Music Store", deben haberlas comprado el mismo día, llama al Departamento y ve qué puede averiguar sobre este lugar – levantó la tapa y aquella misma música empezó a vibrar.
- Es tan triste – dijo Lilly.
- Yo dije lo mismo cuando la escuche por primera vez. Es un aria de la ópera "Madame Buterffly", la canta ella, esperando el retorno de su amado. Y no me preguntes más porque esto lo sé por Jeffries.
- También he encontrado algo – Rush, se sentó junto a su compañero con un fajo de cartas atado con una cinta – no podemos leer esto aquí, Kate querría verla y no sabemos qué...
Scotty estaba a punto de darle un beso, cuando el sonido de la puerta los alerto, él le hizo un gesto para que Lilly escondiera las cartas. Kate apareció con una pequeña bandeja; un par de latas de soda y unos panecillos estaban puestos sobre ella.
- Ya sé que no querían nada, pero tía Rachel hace unos panecillos de canela irresistibles. ¿Han encontrado algo?
- Está caja de música, algunas fotos… tendremos que llevárnoslas. No te preocupes Kate, te devolveremos todo lo más pronto posible, sabemos lo que significan para ti – le dijo Scotty tomando una de las latas y un panecillo.
- ¿Y tú no quieres nada? – le pregunto a Lilly.
- Solo tomare la soda, gracias.
- ¿Se tardarán mucho todavía?
- No, ya hemos terminado – Lilly recogió algunos libros que habían quedado en el suelo, este movimiento distrajo a la joven, entonces Scotty guardo las cartas en uno de los bolsillos interiores de su gaván que estaba colgado en una percha – Espero que no hayamos desordenado mucho.
- No, todo parece estar bien.
- Gracias por tu colaboración Kate, te mantendremos informada de cualquier avance – le informo Scotty, que parecía haberse convertido en el único capaz de hablar con ella.
- Promete que me dirás la verdad, ¡sea lo que sea!, no intentes ocultarme nada – había en su mirada algo de amenazador, Scotty empezó a creer que Lilly tenía razón cuando le decía que no estaba completamente cuerda.
Ambos se dirigían a la puerta de salida cuando Kate se interpuso frente a ellos.
- No te he escuchado hacer promesa alguna Scotty. Esto no es un juego – la mujer respiraba agitadamente, parecía fuera de control – la mirada entrenada de Lilly abarco el lugar en busca de algo de lo que Kate pudiera echar mano para atacarlos, a unos diez pasos de ella, sobre una consola estaba un macizo candelabro.
- Scotty a las cinco tenemos que recoger el nuevo equipo de luz – la mirada de su compañero ubico el objeto con rapidez, avanzo lentamente hacía la joven y puso ambas manos sobre sus hombros para inmovilizarla.
Lilly se movía lentamente en dirección al candelabro, Kate estaba tan concentrada en su conversación con Valens que no repara en ella.
- Tienes razón ¡prometo que sabrás la verdad! – pero esto en vez de aplacarla pareció enfurecerla aún más, se deshizo de Valens y empezó a retroceder hasta toparse con el mueble, sus manos buscaron el candelabro y lo esgrimió intentando golpearlo.
- ¡Mientes!, ¡mientes! Te odio, te odio como odio a Helen, ella también me mintió. Prometió quedarse a mi lado, cuidar de mi por siempre, y me dejo… me dejo sola y yo no sé vivir sin ella.
Lilly había desenfundado su arma y la apuntaba en dirección a la joven.
- Suelta eso Kate, no quiero lastimarte ni que lastimes a nadie, ¡suelta eso! – le dijo con voz tranquila pero firme.
El pesado objeto resbaló de sus manos hasta el piso. Lilly aprovechó para esposarla.
- No estas detenida Kate, hacemos esto por tu propia seguridad, te llevaremos con una asistente social mientras vemos cómo podemos ayudarte, ¿estas de acuerdo? – a Scotty le dolía verla en aquellas condiciones.
- ¡Perdóname!, nunca te hubiera lastimado. No querrás volver a verme.
- Comprendo mejor de lo que crees las razones de tu comportamiento, no estoy enojado contigo, te hice una promesa y voy a cumplirla. Debes entender que Helen tampoco lo hizo, lo que le ocurrió no fue su culpa. ¿Te sientes mejor?
Kate hizo un gesto afirmativo y se dejo conducir tranquilamente hasta el auto.



Vera y Will habían regresado de la casas de Samantha Moore y Anne Lynch, encontraron a todo el equipo dispersos por sus escritorios; consultando sus notas, examinado los archivos; las tres cajas se amontonaban a un lado completamente vacías. Era más de las nueve y los recién llegados entendieron que le esperaba una larga noche.
- ¿Hay suficiente café para otros dos?, traemos más información – dijo Nick atrayendo la atención del grupo.
- ¿Qué han encontrado? – les respondió Stillman acercándose a ellos.
Will le mostró una bolsa para evidencias; contenía un tercer fajo de cartas y otra caja de música.
- Fuimos a la Berman Music, reconocieron enseguida a las tres mujeres, porque el pedido era bastante inusual, el encargado nos dijo que nunca antes habían fabricado cajas con esa pieza en especial; pero lograron reproducirla en el cilindro giratorio, tuvieron que adicionar un muelle para completar el aria, además de los acabados. Cada una costo $ 1,000.00, las compraron seis meses antes de sus muertes, pagaron en efectivo y al parecer quedaron satisfechas con el trabajo. Había un detalle en especial que también hizo que el costo aumentará, ustedes deben haberlo observado ya en las otras – Will abrió la caja y en el centro volando una bella mariposa azul, era tan real que parecía que en cualquier momento se echaría a volar por la oficina.
Todos se acercaron para ver de cerca aquella maravilla, el soporte donde reposaba la mariposa era tan fino que parecía no existir. Scotty abrió las otras cajas y con un gesto les hizo reparar en ellas.
- Estas no tiene ese adorno adicional – las examinó cuidadosamente – y al parecer nunca lo tuvieron. Esa fue la que hallaron en casa de Samantha… por qué la de ella era especial.
- Nos entrevistamos con el tal Templex, el amigo con el que dice haber estado Lynch la noche de la muerte de su esposa. La coartada es cierta, no solo él sino otras cuatro personas pueden atestiguar que estuvo en Race street aquella noche. También es cierto lo que dijo Carlos, nos hemos dado una vuelta por el bar donde “trabajaba”. No hubo necesidad de preguntar nada, la respuesta se dio durante la conversación, ellos hablaban que no lo podíamos retener por mucho tiempo porque les arruinaríamos el viaje de vuelta a Delaware.
Stillman dio un puñetazo sobre el escritorio, sin Lynch como principal sospechoso prácticamente volvían a cero.
- ¿Y qué me dicen de Kate?, hoy Scotty y yo presenciamos de lo que es capaz de hacer esa “dulce dama”. La hemos dejado bajo el cuidado de una psiquiatra, la joven está bastante perturbada. Adisson piensa que por el momento es mejor que permanezca sedada, todo parece indicar un cuadro bipolar, estas personas pueden ser bastante peligrosas para sí mismas y para otros cuando no se medican. Quizá en uno de estos periodos maniacos mato a Helen y luego no supo qué hacer. Es muy inteligente y bien pudo montar toda la escena para simular un robo. ¿Recuerdas lo que nos dijo Vera sobre la discusión que tuvieron en el trabajo?
- Sí, pero ¿qué pasa con Anne y Samantha? – le dijo Scotty a quien esa idea le parecía imposible.
- El forense no ha dejado dudas sobre la muerte de Samantha, su suicidio esta confirmado. Otra persona pudo haber matado a Anne - dijo Lilly para confirmar su teoría.
- Aún nos falta leer las cartas que encontramos en el dormitorio de Kate y esas que traen Will y Nick de casa de Samantha.
Stillman separo dos grupos para revisarlas; él, Lilly y Scotty se encargarían de leer las de Moore; Will, Nick y Kat leerían las de Evans.
- Helen jamás logro superar el trauma sufrido por el abuso de su padre: “Sam, ya no puedo más con esto, sé que te sonara espantoso, pero entre nosotras no existen secretos. Hay días en que quisiera tomar un cuchillo y deslizarme hasta mi antigua casa, y mientras mi padre este dormido hundírselo una y otra vez hasta no escucharlo respirar, a ella quizá la perdonaría, en el fondo es otra víctima. Hace ya varias noches que tomo las llaves del coche y salgo a dar una vuelta, no quiero que Kate me escuche llorar, gracias a Dios siempre duerme profundamente. Ese maldito me echo a perder la vida, no puedo soportar que ningún hombre se acerque a mí. He intentado seguir tu consejo de ver un especialista, pero el solo pensar que debo hablar con un extraño de todo ese horror me asquea al punto de que tengo que orillar el auto para vomitar. ¿Y si creen que debo internarme?, eso no podría soportarlo Sam, no, además quién cuidaría de Kate…” Escuchen esto: “Kate es tan difícil de sobrellevar, hay ocasiones en que me asusta realmente, reacciona a los pequeños desacuerdos que podamos tener con violencia… Sam, hay tanto odio en su mirada. Otras veces se sume en profundas depresiones, no quiere salir con sus amigos, no va al Conservatorio, ni siquiera se levanta de la cama para comer o asearse. Y luego esta eufórica, parece que se va a llevar el mundo por delante, sé que lo haría porque es una joven brillante. Pero es un ciclo terrible, me he informado sobre ello y creo saber lo que tiene mi hermana, pero en cuanto le menciono el ir a un terapeuta de inmediato me saca en cara que yo lo necesito más que ella. No debería decir esto, pero a veces quisiera huir de Kate, la amo mucho, tú bien lo sabes, pero es complicado tratar de salvar a alguien cuando no puedes salvarte ni a ti mismo” Al parecer la pobre Helen estaba al borde de un colapso – era Miller la que había leído estos párrafos.
Will, levanto las hojas que sostenía. Todas las miradas pasaron de Kat a él.
- Helen estaba decidida a ayudar a su hermana fuera como fuera: “Sam, he decidido que Kate pase una temporada con tía Rachel, ella ha sido siempre tan buena con nosotras desde que nos marchamos de casa; nunca le conté las verdaderas razones, ahora pienso que cometí un gran error, ella lo hubiera denunciado y ahora estaría pudriéndose en prisión. Ella nos ofreció su casa pero yo me negué, quería salir adelante por mis propios medios. Pero ahora necesito un respiro, tomarme un tiempo para mí, Kate la quiere mucho, dice que es muy divertida y amable. Esto me alegra porque quizá no sea tan difícil convencerla para que se quede unos días con ella”
- Y esto parece el desenlace – termino diciendo Nick – “Ya he hablado con tía Rachel y está feliz en tener a su sobrina consigo, aprovechare estos días para contactarme con el mejor terapeuta de Philly e iremos juntas al principio, luego podré dejar que continúe la terapia sola, ella tiene una esperanza, todo el mundo por delante” Pero al parecer las cosas no salieron como Helen esperaba: “Ha sido terrible mi querida Sammy, no sé qué haría si no pudiera contar contigo y Anne. Apenas le mencione que quería tomarme unos días de descanso, ella empezó a hacer mil planes para nosotras; hablaba sin parar sobre ir a Nueva York… cuando le dije que pensaba ir sola, Dios, empezó a lanzarme lo que encontraba a mano, me gritaba que lo que en realidad quería era deshacerme de ella, que la odiaba. Decía cosas tan terribles que no pude evitar darle una bofetada, si hubieras escuchado lo que me decía sé que me entenderías. Cuanto me pesa haberle puesto la mano encima. Ya no creo que sea buena idea irme a ningún lado, no puedo dejarla en ese estado, mucho menos dejarla con tía Rachel. Estoy tan cansada, muy cansada ¿Sammy y si dejamos libres a las mariposas azules?"
- ¿Qué quiere decir con eso de dejar libres a las mariposas? – preguntó Lil
- Tengo aquí las cartas que Samantha respondía a Anne, escuchen esto: “Me cuentas que tuviste hoy un incidente desagradable con un compañero de la oficina que te quiso jugar una broma; debes tratar de tranquilizarte, nadie sabe lo que esta ocurriendo entre tú y ese desgraciado que tienes por esposo. No puedes seguir manteniendo esa mentira que es su matrimonio. Déjalo ir mi Anne, no por él, sino por ti, no te sigas torturando inútilmente” Y lo que continua es peor: “¿Lo has visto cara a cara?, y le has sonreído. Me dices que te parece un buen muchacho a pesar de todo, que es muy joven y atractivo; él ha bajado la mirada, de seguro debe haber sentido vergüenza, bueno eso ya es algo a su favor. Sé que vienes de una familia conservadora, donde la palabra divorcio no existe, aunque por dentro estén todos muriendo; pues ya es tiempo que tú la escribas por primera vez” – Este es el final de la fechada 15 de diciembre de 2004: “Ha aceptado el divorcio en cuanto se los has planteado, era de suponer, ahora eres libre para rehacer tu vida... ¿Por qué tuviste que decírselo a tu familia?, no debiste amiga, se trata de ti, no necesitas la bendición de nadie para tomar tus decisiones. Tu padre te ha dicho eres tú la culpable, el siempre se llevo muy bien con John, ¿verdad? Tampoco tu madre te ha apoyado, se ha puesto de ejemplo de lo que debe ser una esposa, de lo que ella ha tenido que soportarle a tu padre, de las cosas que tuvo que sacrificar; pero que así debe ser, que si no estabas dispuesta a todo esto, entonces no debiste casarte. A tus hermanos tampoco les ha hecho ninguna gracia tu dedición. ¿Por qué eres tú la única con sentido común en esa familia?... ¿También tu quieres que dejemos libres a las mariposas azules?"
- Scotty, qué dicen las cartas de Samantha – le pregunto Stillman.
- Ella tenía una abuela a su cargo, está estaba en la fase terminal de un cáncer en el cerebro, no tenían seguro y las medicinas que les daban en el hospital no eran lo suficientemente fuertes para calmar el dolor: Anne, sus gritos podían escucharse desde la calle, ella no parecía importarle a nadie solo a mi. Eran tan crueles con la pobre abuela. Antes de ir a la escuela le daba algo de desayunar y la aseaba, al volver sabía que la encontraría hambrienta y cubierta de su propia suciedad. Entonces debía cambiarlo todo, desde su ropa hasta las sábanas y lavarlas, asearla con cuidado porque a veces el solo tocarla le hacía llorar de dolor y finalmente intentar que comiera algo. Ella me sonreía al final y me daba un beso débil en una de mis manos. Teníamos un amigo en la farmacia de la cuadra al que le compraba algunas cosas para la abuela; yo hacía algunos trabajos para los profesores, sabían que era muy lista y confiaban en mi, era con ese dinero con el me hacía de algunas medicinas. Tenía una receta de morfina del médico del hospital, yo había observado bien dónde las guardaba Mark, lo hacía con mucho cuidado, en esa zona cualquier día podrían matarlo por la droga. Una noche cuando cerraba, me quede dentro sin que se diera cuenta, saque unos frascos de y me escape por la ventana. Aquella noche los dolores debían ser más intensos, ella me miró de manera extraña en cuanto me vio parada en el umbral de la puerta sudorosa y jadeante, sus ojos fueron hasta la mano en que apretaba los frascos: Mi niña hermosa, ya es tiempo de dejar volar a las mariposas azules, su voz sonaba tan cansada y llena de desesperación. Entonces le aplique todos los frascos que tenía conmigo… al final sonrío y no se movió más. Enterré los frascos junto a un árbol, Anne yo había asesinado a mi abuela. Tenía dieciséis años, podía haber sido juzgada y sentenciada a unos quince años. Calle, pero esta culpa me ha acompañado toda la vida, asesine a alguien que amaba. Recuerdas que una vez te escribí que yo sabía bien lo que se sentía morir por dentro sin poder hacer nada para evitarlo"
- ¡Will, dame la caja de música de Samantha!, creo que todo este tiempo hemos estado persiguiendo un fantasma – dijo Scotty.
Cuando tuvo la caja entre sus manos, empezó a observarla minuciosamente, desmonto con delicadeza el adorno de la mariposa. Busco en sus gavetas un pequeño destornillador y movió la parte superior de la caja; separo el cilindro, los muelles, y todo el resto del mecánico hasta dejar solo el fondo hueco. En este había un papel, al parecer otra carta; estaba escrita en uno muy fino y cuidadosamente doblada, Valens la extrajo suavemente para evitar rasgarla.
- La última de las cartas y la más importante creo – dijo Stillman y todas las miradas se volvieron nuevamente hacía Scotty.
- Esta fechada 18 de diciembre de 2004, registrada a las 8.00 p.m. la letra es de Samantha por supuesto:
“Escribo esto para calmar mi conciencia y pedir perdón por mis acciones pasadas y futuras. Hay ocasiones en que todo pierde sentido; la vida es un lento transcurrir, abrir los ojos cada día deja de ser una bendición y se convierte en un tormento, respirar es como si algo te desgarrara por dentro. Entonces sabemos que es el momento de liberar a las mariposas azules de sus capullos.
Anne y Helen estuvieron de acuerdo conmigo en este pacto que ya he ejecutado en parte. Anne se encargaría de echar el narcótico en el vino de John, luego revolvería las cosas para que pareciera un robo; pondría el dinero y todas sus joyas en una bolsa, luego de comprobar que su esposo estuviera profundamente dormido... ella debía cortarse la garganta. Yo tenia que pasar por su casa, recoger la bolsa, quitar el cuchillo de sus manos y borrar cualquier huella que pudiera indicar un suicidio. Cuando he llegado y he visto toda esa sangre a su alrededor he querido gritar de dolor. Pero no podía traicionarla, así que hice todo tal como lo convinimos, me he acercado hasta ella y comprobado que ya no respiraba. Hoy no podré dormir, bien lo sé, pero todavía debo aguantar un día más, aún falta Helen.
He tenido que esperarla en esas calles, acechándola como un verdadero criminal. Nos hemos abrazado y llorado juntas antes del final, y yo he invocado a esa fuerza que siempre me ayudo a salir adelante para ponerme frente a ella y tirar del gatillo. Se desplomo de inmediato, sin un grito, solo recuerdo sus ojos fijos en mí, sonriendo. Recogí su bolso... tuve que borrar esa bella sonrisa de su rostro y correr del lugar. Ahora solo quedo yo, todo está en orden, nunca tuve una verdadera familia, así que todo lo que poseo será cedido a mi único amigo, el mejor hombre que he conocido, Frank Donovan. Ya se acerca mi hora, soy la última mariposa en volar, siempre me ha gustado el río Delawere y el puente Betsy Ross, a dónde sea que nos vayamos siempre estaremos juntas, pronto nos veremos mis amigas, mis tristes mariposas"

- Han escuchado aquello de que se haría más daño revelando la verdad. Creo que estamos en uno de esos casos. ¿Qué ocurriría con Kate si leyera esto?, y para Frank también resultaría doloroso enterarse de que la mujer que amaba cometió un crimen, aunque fuera por piedad. Pienso que esa carta y todas las demás no deben volver a ser leídas por nadie más. Eligieron a Samantha porque era la más fuerte de las tres, creo que planearon todo desde el momento que compraron las cajas de música, por eso la de Sam era especial. Yo solo soy dueño de mi propia conciencia las evidencias están allí... – Stillman no pudo seguir hablando había hundido el rostro entre sus manos.
- El caso carece de nuevas evidencias, no se ha podido hallar a los asesinos de Helen Evans y Anne Lynch – Lilly hablo con la voz quebrada, en vano intentaba disimular las lágrimas que resbalaban por su rostro – Jeffries, Vera, Miller y Valens qué dicen ustedes.
- Es un caso cerrado por falta de evidencias – sentencio Will, y todo el resto repitió lo mismo.
Como si se tratara de un funeral, todos bajaron al sótano y colocaron las cajas entre los casos cerrados, escribiendo CLOSED en cada una de ellas.
- Scotty y yo nos encargaremos de las cartas. En cuanto a las cajas de música, creo que deben estar junto a quienes pertenecieron – dijo Lilly.
- Debo ordenar que dejen en libertad a Car... no, a Gabriel y a Lynch, veré que se ponga una orden de restricción para evitar que ese hombre continué acosando al joven. Quizá Gabriel cambie de vida después de todo esto – Stillman subió las escaleras y poco a poco lo fueron haciendo los demás. Los últimos en subir fueron Scotty y Lilly.
- Hoy quemaremos todo esto, más tarde veremos que las cajas sean puestas junto a sus tumbas.
Ahora que estaban solos, Lil podía refugiarse en los brazos de Valens, el la apretaba contra su pecho, acariciando sus cabellos.
- Sí, así lo haremos, ya no llores, estoy aquí, siempre estaré aquí.
Juntos quemaron las cartas y luego con el resto del equipo visitaron las tumbas de Anne, Helen y Samantha depositando las cajas sobre las mismas.
Rachel Evans, está a cargo de su sobrina y la visita todos los días. Scotty le comunicó que a pesar de todos sus esfuerzos no pudieron hallar al asesino.
Gabriel pidió ver a Valens antes de marcharse, nadie sabe que fue lo que este le dijo al joven, solo pudieron ver que abrazaba al detective, luego le dio la mano y salió a la calle sin volver la vista atrás.
Lynch continúa visitando los bares en busca de nuevos jóvenes.
Nadie comentó nunca con alguno de los otros que aquella madrugada en que bajaron las cajas vieron a las tres mujeres sonriendo.


29 agosto, 2010

Cold Case "Tres mariposas azules"


Helen Evans


Samantha Moore


Anne Lych

15 de diciembre de 2004

- ¿Y qué me dices de Charles?, aquel tipo era capaz de cualquier cosa con tal de conseguir un ascenso – dijo Sam, mientras se servía un vaso con vino.
- Creo que paso por la cama de todos los del bufete. Charles se acostaba con todo lo que anduviera por ahí; sea con pantalones o faldas, con tal que sirviera a sus intereses, era un hombre ambicioso – Anne se acomodaba la blusa intentando alisar las arrugas, mientras hablaba entre risas.
- Estoy segura que durmió con aquella vieja… no recuerdo su nombre, era la segunda a cargo de Robert Halft Legal – Sam, volvía a servirse el tercer o cuarto vaso, ya había perdido la cuenta.
- Sam, deja eso de una buena vez, ahora tendrás que quedarte en casa de Anne, no puedes conducir en ese estado – comentó Helen mientras daba pequeños sorbitos de su copa.
- No, no, tú me llevaras a casa, ya debe estar por llegar el esposo de Anne y no quiero verlo, siempre pone esa mueca desdeñosa cuando nos encuentra bebiendo. Me fastidian esos aires de moralista que se da. Todos tenemos nuestros vicios, de seguro él tiene el suyo.
- Será mejor que te calles Sam, entiendo que estés algo bebida, pero no te voy a permitir que hables de Jhon, ¿qué sabes tu de él?
Samantha, sonrió con tristeza e intento servirse una copa más, pero la rápida reacción de Helen le arrebató la botella de las manos.
- Ya fue suficiente amiga mía, será mejor que nos vayamos.
- ¿Entonces me llevas a casa? – le dijo Sam con la mirada enturbiada por los efectos del alcohol.
- No tengo opción, sabes bien que vives “del otro lado del mundo”, pero ya que no quieres quedarte aquí y tampoco puedes quedarte en casa… ya sabes, a Kate no le caes muy bien que digamos
- No hace falta que me lo recuerdes, esa hermana tuya me detesta.
- Bien, ponte el abrigo y recoge tu bolso.
Estaban a punto de salir, cuando Anne tiro suavemente del brazo de Sam.
- Sammy, no quiero que nos quedemos disgustadas. Quizá tengas razón con respecto a John.
- Perdóname Anne, yo no tengo porque meterme en tus asuntos, olvida todo lo que dije.
- Hagamos un brindis, pero no con vino; voy a descorchar una botella de champagne, nuestra amistad se lo merece.
Helen levantó la mirada al techo preguntándose si su otra amiga había terminado por emborracharse también. Al poco rato Anne regreso con una botella y tres copas, las hicieron tintinear entre ellas mientras reían alegres.
- ¡Por nosotras!, porque siempre podremos contar la una con la otra, siempre.
Hicieron el brindis, se abrazaron cariñosamente y luego Helen ayudo a Sam a llegar hasta el coche. Anne las vio hacerle un saludo por la ventana; sus ojos se quedaron prendidos en la sonrisa de Sam, siempre estaba tan alegre, esa forma de tomarse la vida era lo que más le agradaba de ella. Se quedo de pie bajo el dintel de la puerta hasta que vio desaparecer el reluciente auto por la carretera.

17 de diciembre de 2004

El cuerpo sin vida de una mujer de 41 años yacía sobre el suelo; tenía el cuello atravesado por un corte profundo. Una enorme mancha de sangre se extendía a su alrededor. La casa estaba revuelta, cajones abiertos, ropa desordenada, libros y papeles arrojados por todos lados. Un joyero sobre el velador estaba completamente vacío al igual que una pequeña caja fuerte disimulada detrás de un estante. Todo parecía confirmar que era solo el robo lo que buscaba el asesino, pero tal vez la víctima opuso resistencia lo que motivo el ataque. La mujer fue identificada como Anne Lynch; fue imposible despertar al esposo, Jhon Lynch, que dormía junto a ella, tuvo que ser trasladado al hospital por los paramédicos.

18 de diciembre de 2004

Una mujer blanca de 40 años fue hallada en medio de una calle desierta, tenía un disparo en el pecho; no llevaba ninguna identificación encima, su cartera había desaparecido. Los vecinos fueron alertados por el sonido del disparo y llamaron a la policía. Más tarde la mujer fue identificada por sus familiares, su nombre era Helen Evans. El móvil aparente, robo.
El mismo día en la tarde se reporto el suicidio de una mujer afro américana también de 40 años. Se arrojo desde el puente "Betsy Ross". Entre sus pertenencias no se encontró ninguna carta que explicara las razones por las que se había quitado la vida. Se hallo su identificación, se llamaba Samantha Moore.
Los hechos ocurrieron en tres ciudades diferentes; Kensington, Bridesburg y Frankford. Los casos fueron investigados por más de un año, finalmente fueron archivados por falta de evidencias.

02 de agosto de 2010



Lilly bebía su café mientras revisaba algunos datos frente a la computadora. Scotty había bajado al sótano en busca de un archivo. Jeffries y Vera estaban inclinados sobre el escritorio examinando cuidadosamente unas fotografías. Kat había llamado diciendo que se retrasaría, su hija tenía una cita médica. Stillman estaba en su oficina firmando algunos papeles.
Una mujer joven de cabellos claros y mirada triste se acercó hasta el detective Vera, lucía algo desaliñada, caminaba como si estuviera extenuada.
- Estoy buscando a la detective Rush, podría decirme dónde esta ella por favor – Vera se la quedo observando unos segundos; sus ojeras, su cabello rubio y desordenado cayéndole sobre los hombros. Vestía unos jeans desgastados, zapatillas y un grueso abrigo. Nick le señalo el escritorio de Lilly.
- Detective Rush, soy Kate Evans, hermana de Helen Evans, seguramente debe recordar el caso, ocupo la primera plana del Philadelphia News. Encontraron su cuerpo entre las calles Fillmore y Mulberry, cerca a la avenida Frankford, nosotras vivíamos a unas calles de allí en la Hedge. La policía dijo que fue homicidio por robo, pero jamás hallaron al culpable. Yo nunca pude resignarme a su muerte; desde aquel día mi vida ha sido una pesadilla, Helen y yo éramos muy unidas, ella lo era todo para mí desde que decidimos vivir separadas de nuestros padres.
- ¿Con quién vives ahora?
- Con la hermana mayor de mi madre, ella es soltera. Detective, hay algo que yo le comenté a la policía, pero no pudieron hallar un nexo entre las muertes. Mi hermana, Anne Lynch y Samantha Moore eran amigas de muchos años, solían reunirse todos los fines de semana en casa de alguna de ellas. ¿No le parece extraño que las muertes ocurrieran una tras otra?
- ¿Sabes cuándo fue la última vez que se reunieron y en casa de quién?
- Fue en casa de Anne, ella era la única casada, creo que el nombre de su esposo es John. Eso ocurrió un día antes de que Anne fuera asesinada, ella vivía en una zona residencial en Kensington. Al día siguiente aparecieron muertas Helen y Samantha.
- Recuerdo el caso, ¿Samantha se suicidio no es cierto?
- Así es. Por favor ayúdeme a encontrar al asesino de Helen.
La joven rebusco en su bolso y saco una tarjeta que le extendió a Rush.
- ¿Eres concertista?
- Sí, desde niña supe que había nacido para tocar el piano.
- ¿Tienes alguna fotografía de Helen?
Kate volvió a revisar su bolso y saco de su billetera una fotografía. En ella se veía a una mujer atractiva, con el cabello rubio muy parecido al de su hermana; en la foto sonreía, pero su mirada era distante y triste.
- ¿Cuándo le tomaron está fotografía?
- Yo misma se la tome, fue el día de su cumpleaños, tres meses antes de que fuera asesinada.
- ¿Puedo quedarme con ella? - la joven pareció dudar un poco, pero luego accedió.
- Está bien.
- Llámame si recuerdas alguna otra cosa, lo que sea.
- Así lo haré – Kate levanto la mano a modo de saludo y se retiro del lugar.
Scotty se acerco a Rush, observo los ojos fijos de esta en la muchacha hasta que la vio desparecer por la puerta de salida.
- ¿Qué quería?, se le ve tan triste.
- Scotty, yo podía haber estado en una situación como la de ella, estuve tan cerca.





- ¿Recuerdas aquel caso, hace seis años, de las dos mujeres que aparecieron muertas y el supuesto suicidio de la tercera?
- Claro, se hablo de eso en todo el estado. Nunca se hallo al culpable de las muertes.
- Esa chica es hermana de una de las víctimas, quiere que encontremos a su asesino.
- ¿Alguna pista?
- Kate Evans, dice que las tres eran excelentes amigas. Ella piensa que existe alguna conexión entre las muertes. Anne fue la primera en morir, al día siguiente lo hicieron Helen y Samantha, no creo que haya sido una coincidencia.
- ¿Qué hicieron los que llevaron el caso con esa pista?
- La siguieron, pero no encontraron nada. El nexo que une esas muertes sigue sin descubrirse.
- Alguien que conocía a las tres mujeres puede estar implicado.
- Hasta ahora solo tenemos a Jhon Lych, esposo de Anne, y a la misma Kate. Hablo de que se separaron de sus padres para vivir solas, había un cierto tono de resentimiento en su voz cuando lo dijo.
Lilly se quedo sentada frente a su escritorio observando la fotografía de la mujer asesinada. Ella conocía esa mirada. Valens se volvió sobre sus pasos cuando se percato que su compañera no lo seguía.
- ¿No vienes conmigo donde el jefe?
Dejo la foto recostada sobre un lado del monitor y se levanto.
Stillman aparto los papeles que estaba revisando cuando los vio entrar, se recostó sobre su sillón y se dispuso a escucharlos.
- ¿Y bien, qué tienen ahora?
- Es el caso de las mujeres muertas en el 2004; nunca se encontró al asesino, la hermana de una de ellas quiere que el caso sea reabierto - le informo Lilly.
-¿Hay alguna pista nueva? - les dijo el teniente fijando sus ojos en uno y otro.
- Ella asegura que los crímenes están conectados, piensa que no se investigo lo suficiente sobre esto.
- Los de Jersey estuvieron en ello también, por el caso de la mujer que se suicido.
- Lo sabemos jefe, pensamos que tal vez usted conozca a alguien en el Departamento - le dijo Scotty.
- Sí, así es. Pero denme algún motivo para reabrir el caso, no puedo contactarme con la gente de allá y solicitar los expedientes de un caso que ellos ya dieron por cerrado.
- Entrevistaremos de nuevo a la hermana, ella puede darnos algunos aportes que justifiquen la revisión del caso - había un tono de ansiedad en la voz de Lil.
- Rush, tiendes a involucrarte demasiado, ya lo has hecho varias veces. Entiendo que los expedientes no son solo números; y que existen historias detrás de ellos, vidas truncadas, hogares rotos, pero no podemos arreglarlo todo siempre... por desgracia.
- Las cosas han cambiado teniente - hizo un gesto ligero con la cabeza señalando a Scotty.
- Les repito, denme algo más y hablare con la gente de Jersey - volvió a fijar la mirada en los papeles que tenía sobre su escritorio. Ambos detectives se retiraron entendiendo que la conversación había terminado.
- Vayamos al sótano, allí encontraremos algo sobre estas "inseparables amigas", hasta en la muerte - le dijo Lilly a su compañero.
- Les avisare a Nick y Will para que nos ayuden - le sugirió Scotty.
- ¡Que difícil es esto! - dijo Rush dejándose caer sobre su silla.
- ¿El qué?
- El tenerte cerca a todas horas.
- Tenemos la noche para nosotros.
- Sí, supongo que si.
- Podemos esperar un poco antes de llamar a los chicos.
- Voy a bajar ahora, veré que puedo encontrar - le dijo Lilly con una sonrisa maliciosa clavando sus ojos azules en Valens.
Luego de unos minutos Scotty se apresuro a bajar al sótano, pero de pronto se vio detenido por unas risas detrás de él.
- Deben haber datos de lo más interesantes allá abajo, ¿verdad Will? No hace ni diez minutos que nuestro amigo estuvo ahí.
- Eso no es asunto tuyo Nick - le recrimino Will con seriedad.
- Voy a buscar datos de unas mujeres muertas hace seis años, necesitamos algo para reabrir un caso. Pregúntale al jefe si tienes alguna duda.
- Ve Scotty, las pistas se pueden enfriar - Nick nunca perdía la oportunidad de molestar a su compañero.
- Por qué no empleas mejor tu tiempo y buscas datos en los diarios de ese año - Valens, le dio la espalda visiblemente enojado.
- Amigo, creo que te estas pasando, déjalos en paz, además recuerda que se trata de Lilly - Will se había inclinado sobre el escritorio de Nick y le hablaba acercando mucho su rostro al del otro. Vera agacho la mirada, sí en verdad esta vez se había extralimitado.
- Lo siento.
- No es conmigo con quien tienes que disculparte.
Cuando Scotty alcanzó a Lilly, ella estaba distraída leyendo unos papeles de una de las cajas que había abierto. - ¿Me ayudas con esto? - le dijo desde las escaleras que servían para bajar las cajas que se encontraban en los niveles más altos.
- Baja de allí, yo me encargaré. ¿Encontraste algo?
- Sí, los archivos de Samantha.
Valens se quedo de pie esperando a que Lilly bajara. Su mirada se quedo prendida en la de su compañera; era una mirada dulce, entregada. Como si la acariciara con ella sin tocarla.
- Si me sigues mirando así, no...
Valens no la dejo terminar de hablar, la levanto entre sus brazos y comenzaron a besarse. Poco a poco iban perdiendo la noción del tiempo, del lugar donde se encontraban; solo sabían de sus bocas perdiéndose una en la del otro, de sus cuerpos pegados y ansiosos, de sus manos vagando debajo de sus ropas buscando el contacto de sus pieles suaves y ardientes. Iban dando tumbos entre los estantes, hasta que Lilly se dio un golpe en la cabeza. Scotty se detuvo de inmediato examinándola cuidadosamente.
- Lo siento Lil, ¿te duele mucho?
- No, los he tenido mucho peores. Pero dejemos esto Scotty, en cualquier momento puede bajar alguien.
- Me cuesta separarme de ti - le susurro al oído sin soltarla. Valens le dio un beso largo y profundo y la aparto suavemente de su lado. - Voy por las cajas.
Con los expedientes en las manos empezaron a revisar su contenido.



- Samantha Moore, 41 años, soltera, egresada de la Drexel en leyes en el 80, estudiante destacada. Trabajaba para la Robert Halft Legal, en Market street como asesora legal. Vivía muy bien, una mujer independiente y sin cargas familiares. Fue encontrada por unos estibadores que se dirigían a su trabajo en el área de Pennsauken, allí entran nuestros amigos de Jersey. No presentaba signos de forcejeo, ni traumas en el cuerpo, salvo los producidos por la caída, según lo que dictamino el médico forense que se encargo del caso - la voz de Scotty se había ido apagando hasta que difícilmente pudo pronunciar la última frase - ¿Que hace que una mujer se arroje a un río?, ¿no había nadie... nadie a quién acudiera?
Lilly sabía que aquello le recordaba la muerte de Elisa, a menudo pensaba que Valens jamás podría superar aquello, en cierta forma él se sentía culpable por ello. Ya había abandonado la idea de un homicidio; esa suposición le había mantenido cuerdo para no derrumbarse emocionalmente, con el paso del tiempo había ido asimilando que los hechos habían ocurrido como su antigua compañera Ana le dijo desde el principio.
- ¿Esta todo bien Scotty?
- Sí, pero hay heridas que no cicatrizan nunca - Valens observó los ojos de Lilly brillar y apartar la mirada.
- Ya no la amo Lilly, pero es parte de mi pasado. Crecimos juntos, luche con todas mis fuerzas por salvarla de su enfermedad... pero no pude. Lil eso no se puede olvidar.
- Lo sé Scotty, lo sé. Tus ojos no pueden esconderme nada. Fue así desde la primera vez que te vi - una de sus manos se poso dulcemente en la mejilla de Valens, luego para sacarlo de sus pensamientos le comento sobre la información que había encontrado
- Tengo los expedientes de nuestra segunda víctima, Helen Evans, 40 años, era representante de ventas en la editora Eselvier, nada menos que en la sucursal del JFK Boulevard, soltera, vivía con su hermana. Hacía 7 años que habían dejado la casa de sus padres. Aquí están las fotografías del cadáver, tampoco presenta signos de lucha. Un tiro en el pecho, tenía restos de pólvora alrededor de la herida, es decir que el tiro fue hecho a quemarropa. La bala salio de una 38, el arma no se halló en el lugar ni en los alrededores.
- ¿Pero qué hacía a esas horas de la noche una chica como ella fuera de casa? - se preguntaba Scotty, mientras observaba las fotografías que su compañera le entregaba - Esto no tiene mucho sentido, si lo que deseaba el agresor era robarle podía haberla reducido fácilmente, por qué matarla, además no creo que llevara mucho dinero encima.
- Quizá estuviera vigilándola, y supiera que llevaba una buena cantidad, el informe no dice mucho.
- ¿Viven los padres?
- Sí, en Oxford Circle, en la calle Robbins.
- Vaya, las muchachas se mudaron al otro extremo de la ciudad, ¿qué originaría esa separación?
- Debemos hablar con la gente de Robert Half, y Eselvier. Helen y sus padres tienen mucho que decirnos también.
Escucharon los pasos de alguien subiendo por las escaleras, ambos se volvieron, Nick los miro decepcionado, quizá esperaba atraparlos en una situación "caliente".
- Mira a quien tenemos aquí, Vera nos ayudara con Lynch - de dijo Scotty mientras le daba empujoncitos hasta los anaqueles donde se guardaban los expedientes. Se trata de Anne Lynch, la tercera víctima. Te esperamos arriba, Lilly y yo subiremos esto.
- Son unos aburridos - murmullo Vera, mientras sus ojos se hundían entre la pila de cajas buscando la que contenía los expedientes que necesitaba.



Al poco rato subió Vera con una caja entre los brazos, al lado de las otras.
- Fue un poco difícil dar con Anne, pero aquí la tienen. Casada, desde hace ocho años con Robert Lynch, no tenían hijos; vivían en la calle Amber cerca a la avenida Frankford, tenía la misma edad de Evans. Una bonita zona tratándose de Kensington. No hay arañazos ni moretones, solo ese corte profundo en el cuello. Este es delgado, todo indica que se hizo con una navaja, esta nunca fue hallada. Debe haber muerto rápidamente con un corte como ese, observa toda esa sangre alrededor de su cabeza. Recuerdan ese detalle extraño de que el esposo no se dio cuenta de lo que ocurría en su propia casa, ni siquiera los paramédicos pudieron despertarlo. Aquí dice que tuvo que ser trasladado a un hospital. ¿Algo extraño verdad?, tanto así que los médicos consideraron necesario analizar su sangre, había rastros de un fuerte narcótico en su organismo, al tipo lo drogaron.
Los ojos de todos se clavaron en Vera y el expediente que tenía en sus manos.
- ¿Por qué no la drogaron también a ella? Si lo que deseaba era rebuscar todo tranquilamente sin despertarlos ni alertar al vecindario con los ruidos que hubiera ocasionado una lucha lo más lógico era dormir a ambos. Además ¿en qué momento administro la droga al esposo? - dijo Will.
- ¿Recuerdan lo del vino que sirvio Anne, "hasta la última gota"? - observo Kat.
- ¿Dices que la propia Helen drogo a su esposo? - dijo Will asombrado.
- Quizá el asaltante imagino que Lynch estaba solo - comento Vera.
- Los asaltantes por lo general estudian los movimientos de sus víctimas antes de cometer un ataque, así que es poco probable que no supieran que Anne se encontraba en casa - Valens extendió su mano para que Vera le pasara el expediente.
- Si hubiera estado en cualquier otra habitación, el ruido debía haberla alertado, por más sigiloso que fuera nuestro hombre; por qué razón no llamo a la policía o trato de ponerse a salvo. Increíblemente regresó a la habitación, no llevaba ninguna arma para defenderse; ni un cuchillo, algún adorno pesado, un bate de béisbol, ¡tenía todo esto a la mano!... además la policía descubrió que el esposo guardaba un arma en su estudio, ella debía saber que estaba allí. ¿Por qué no la utilizó? - comentó Valens, mientras Rush se situaba a su lado para dar un vistazo a los papeles que este leía.
- Trabajaba en Comcast Cable, una de las más importantes firmas que se encargan de la instalación de redes de teléfono, internet y cable. Ella era experta en ingeniería de sistemas - término de informar Vera - tres muertes fuera de lo común.
De pronto Scotty que había alineado las fotografías de las mujeres sobre el escritorio alerto a los demás.
- Observen esto - dijo mientras señalaba el antebrazo derecho de cada una de las víctimas, en ellos se veía dibujado una mariposa azul. El diseño era exactamente el mismo - Dudo que el teniente ponga algún inconveniente en reabrir el caso.
- Otro dato más al que seguirle el rastro. Las tres vivían en sitios algo apartados uno del otro. ¿Dónde se hicieron esos tatuajes? - Will hablaba mientras sus dedos recorrían las fotografías.
-Deben existir muchos lugares donde hagan este tipo de trabajos.
Vieron entrar a Kat, dejar su abrigo en el colgador y unirse rápidamente a ellos.
- Vaya, por las caras que tienen debe ser algo importante. Lo siento, Verónica tenía una cita con el médico hoy.
- ¿Todo bien? - le pregunto Lilly.
- Sí, una visita de rutina, mamá la cuida mucho, a veces pienso que demasiado.
Le informaron sobre los datos más importantes y le mostraron las fotografías.
- Vaya, mariposas azules, es un diseño poco común. Sé de un lugar donde hacen ese tipo de trabajos.
- Eso sería una suerte, nos ahorrarías horas de búsqueda - suspiro aliviado Vera, porque generalmente era a él a quien le encargaban ese tipo de trabajo.
- Es mejor que no te hagas muchas ilusiones amigo - le dijo Kat, mientras le palmeaba sonriendo sobre un hombro.
Estaban tan absortos revisando los documentos que no se percataron que Stillman llevaba un buen rato escuchándolos desde la puerta de su oficina.
- Un caso que vale la pena reabrir, hablare con Raimond, es el encargado del Departamento de Nueva Jersey. Demasiados lugares que visitar, así que será mejor que empecemos. Lilly y Scotty, visiten a los Evans; Kat y Vera hagan una visita a Lynch; Will, tu puedes ver a la gente de la Robert Halft Legal. Yo ire a visitar a Steve Raimond y veré que consigo.



Cuando Valens y Rush llegaron a la casa de los Evans, una mujer detuvo su bicicleta frente a ellos. Se quedo unos momentos en silencio observándolos. Scotty saco su placa.
- Detective Valens y ella es mi compañera la detective Rush. ¿Señora Elizabeth Evans?
- Si soy yo, ¿qué desean?
- Venimos a hablar sobre la muerte de su hija Anne Evans.
- Ya hace seis años de eso, no quisiera volver a revivir toda aquella pesadilla.
- Nunca se halló al asesino de su hija, debe ser importante para usted saber quién fue el culpable para que haga justicia - le dijo Lilly.
- ¿Y eso en qué me ayudaría detective? El que meta a prisión a ese hombre o lo ejecuten no cambiara las cosas.
- ¿Y qué dice su esposo sobre ello, a él tampoco le interesa encontrar al asesino? - volvió a insistir Rush.
- El murió hace un año. Desde que abandonaron está casa, nunca más supimos de ellas; ni una tarjeta por navidad, ni una llamada... nada. Estoy segura que ni siquiera saben que su padre está muerto. Volví a saber de Anne hace cuatro años cuando me entere que había sido asesinada. Asistí a su funeral, Kate me vio pero ni siquiera intentó acercarse a mí.
- Señora Evans, podríamos entrar a la casa; es incómodo mantener una conversación en estas condiciones - le dijo Scotty mientras se frotaba los brazos para darse algo de calor.
- Lo siento detective, pero no creo que haya nada más que decir.
La mujer avanzó con su bicicleta hasta la puerta y la cerró tras ella.
- ¡Vaya, la gentileza en persona! - observo Lilly.
- Ya le haremos otra visita y en esa ocasión tendrá que permitirnos pasar. Hay algo que oculta, eso resulta evidente - Scotty se quedo mirando fijamente la puerta - Ya nos volveremos a ver Elizabeth, eso puede darlo por seguro. Ahora vamos a hacer una visita a la que parece llevar la peor parte en todo esto, Kate Evans.


Kate Evans

La joven los recibió en su estudio de música, daba clases a una muchacha que debía tener la misma edad que ella. Ambas estaban sentadas frente al piano y Kate corregía con paciencia los errores de su pupila. Cuando se dio cuenta de la presencia de los detectives se levanto rápidamente - Continuaremos el jueves Susan, tengo que hablar con estas personas - La otra muchacha asintio, tomo sus partituras y les dirigió un saludo antes de alejarse. Kate avanzó hasta ellos, siempre estaba sonriendo, pero sin abandonar ese aire de tristeza en la mirada.
- Hola Kate, él mi compañero, el detective Valens - los hermosos ojos de Kate se quedaron más tiempo de lo debido en el rostro de Scotty, Rush se empezaba a incomodar con aquel escrutinio.
- También tú has perdido algo importante, ¿verdad Valens?
- Eso fue hace mucho.
- Hay heridas que no cicatrizan nunca. Lo sé bien.
Aquellas palabras sacudieron al detective, hacía apenas un momento que él había dicho lo mismo a Lilly.
- ¿Cuál es tu nombre Valens?
- Scotty, Scotty Valens - le respondió mirando de soslayo a su compañera.
- Kate, hay algún lugar donde podamos conversar - se apresuro a intervenir Rush, aquellas miradas no le agradaban en absoluto.
- Por supuesto, vamos a mi oficina.
La habitación era un lugar sencillo, pero decorado con buen gusto. Una repisa estaba repleta de trofeos de diversas entidades musicales; la pared que estaba a espaldas de su escritorio estaba repleta de fotografías de Helen; en algunas lucía sola y en otras estaban juntas.
- Ya veo que querías mucho a tu hermana - le dijo Lilly.
- Sí, eso es cierto, todo el mundo dice que debo seguir adelante, ¿pero cómo se supone que haga eso?, no es sencillo. Saben, la fotografía es otra de mis pasiones. No me alcanzaría esta habitación para colocar todas las que tengo; no solo de nosotras, sino de rostros, la mayoría de desconocidos. Cuando alguno me impresiona lo atrapo en mi lente, así se queda congelado en el tiempo; ni el paso de los años puede destruir ese instante que jamás volverá a repetirse. ¿Me permites fotografiarte Scotty?
Valens se volvió confuso hacía Lilly, aquella muchacha definitivamente era extraña.
- No creo que sea buena idea Kate, además estamos aquí por asuntos oficiales.
- ¿Me dejas fotografiar a tu compañero Lilly?
- No necesita mi permiso, si él desea hacerlo está bien.
- Él te importa, y aunque tus labios digan una cosa, tu mirada dice todo lo contrario. Estas deseando darme un buen golpe - Lilly no había sido conciente hasta ese momento que mantenía las manos apretadas sobre los brazos de la silla en que estaba sentada.
- Lo siento Kate - le dijo Scotty - no me agradan mucho las fotografías, las mías quiero decir.
- ¡Lastima, tienes unos ojos muy hermosos! - en fin, no siempre se gana.
Scotty se apresuro a sacar su libreta y esperó a que Lilly empezara con las preguntas.
- ¿Cuándo viste a Helen por última vez?
- El día que murió, recuerdo que la ayude a elegir lo que se iba a poner para el trabajo, ese día tenía una entrevista importante. Le gustaba consultarme sobre su ropa, siempre me pedía que le acompañara cuando iba de compras, decía que tenía un gusto excelente para estas cosas. Si eso era cierto lo tenía solo para ella, porque como pueden ver para mi no me funciona muy bien.
Valens no pudo evitar sonreír con el comentario de la joven, realmente vestía bastante mal.
- Tú vistes muy bien, ¿te importa dar una buena impresión? - Kate seguía sin apartar los ojos de Valens.
- ¿Sabes si iba a hacer algún retiro importante aquel día? - Lilly corto rápidamente a la joven, estaba empezando a cansarse con las insinuaciones de Kate.
- No que yo sepa.
- Hoy visitamos a tu madre, tenemos una noticia no muy grata que darte.
La actitud de la muchacha cambio por completo sus ojos dulces se volvierón hostiles, ya no miraba a Scotty, ahora estaba concentrada en Rush.
- No me interesa lo que pueda decirme de... esas personas.
- Tu padre murió hace un año.
Por unos segundos una sombra de dolor cruzó por sus ojos, pero se sobrepuso de inmediato y las lágrimas nunca llegaron a ellos.
- ¿Qué sucedió con tus padres Kate para que los odiaran tanto?, porque Helen tampoco parecía quererlos.
La mirada de la joven estaba cargada de rabia, su delicada mano jugaba con una pesada bola de cristal que usaba a manera de pisapapeles. Ambos detectives se pusieron alertas, por un momento pensaron que iba a lanzar aquel objeto sobre ellos, específicamente sobre Lilly, porque era ella de quien no apartaba los ojos.
- ¡Deja eso en su lugar Kate! - le dijo Valens.
- ¿Qué te asusta? que lo arroje sobre tu "amiguita". No temas, ya ves, todo está bien - le dijo, mientras volvía a colocar el pesado objeto en su lugar - ¿Quiere saber por qué los odiábamos tanto? Bien, cuando mi hermana cumplió 14 años mi padre empezó a abusar de ella, yo los sorprendí una noche. Lo hacía casi a diario, siempre escuchaba los gritos apagados de Helen, y cuando ese pervertido se marchaba yo corría a su habitación. Siempre la encontraba mordiendo su almohada para que su llanto no se escuchara, ella me gritaba que la dejara sola, pero nunca le hacía caso. Al final terminaba abrazándose a mí, mientras repetía una y otra vez - Él no va a tocarte, no pondrá sus sucias manos sobre ti jamás. Sabes, pronto nos largaremos de aquí, muy pronto Kate.
Lilly estaba conmocionada al igual que Valens, aquello era terrible de escuchar.
- ¿Y tu madre Kate?, ¿ella no sabía lo que ocurría?
- Por supuesto que lo sabía, pero no movió un dedo por defender a Helen, más bien parecía odiarla. Actuaba como una amante despechada, como si mi pobre hermana le hubiera arrebatado los favores de... ese cerdo.
- Y no pensarón en denuciarlo al Tribunal de Menores - le dijo Valens.
- Kate tenía catorce años y yo nueve, nos hubieran llevado a algún refugio y luego dado en adopción. Con toda seguridad nos hubieran separado y ninguna hubiera podido soportar aquello - cuando sus ojos se fijaban en Scotty su mirada se suavizaba, volvía a adquirir esa dulce tristeza que le era habitual.
- Así que al año siguiente Kate robo dinero del supermercado donde trabajaba y nos largamos. Ese día dejamos todo atrás, esa tarde de mayo nuestros padres murieron para nosotras. Nos mantuvimos como pudimos, con los empleos que Helen podía conseguir. Ella era la inteligente y fuerte, nunca dejo de estudiar, era lo mismo que siempre me decía: "Sin educación no eres nada Kate, debes dejar de soñar tanto. La vida no nos espera", y yo aprendí bien la lección. Ella consiguió un excelente empleo y me ayudo con mis clases de piano, todo lo que soy se lo debo a ella. Eso es todo, fin de la historia.
- Kate, solo algo más, ¿cómo te llevabas con las amigas de tu hermana? - le dijo Valens deteniéndose ante la puerta.
- Con Anne todo iba bien, pero Samantha era insoportable. No se comportaba a la altura de su profesión; imaginen una abogada borracha y promiscua, por eso no me agradaba que Helen saliera con ella.
- Pero eso no parecía molestarle a Helen.
- Por el contrario, a veces pienso que esa forma de ser de Sam, era lo que precisamente más quería mi hermana de su amiga. Vivía a su manera, los convencionalismos sociales no estaban hechos para ella. Ahora que está muerta finalmente la puedo entender, vivió como muchos quisieran y no se atreven... quisiera tenerla frente a mi y decirle que siento haberla tratado tan mal.
Ambos se quedaron de pie sin decidirse a retirarse, finalmente salieron en silencio, dejando a la joven con las lágrimas empapando sus mejillas. Había levantado las piernas y se rodeaba las rodillas con los brazos, hundiendo su bello rostro en su regazo.
- No podemos dejarla así Lil.
- Haré algunas llamadas, veré que pueda acompañarla a casa alguna amiga.


Jhon Lynch



- ¿Señor Lych?, soy la detective Miller y él mi compañero, el detective Vera.
- Me imagino por qué razón están aquí.
- ¿Nos permite pasar? - le dijo Vera.
El hombre les hizo pasar a la casa y de allí los condujo a una pequeña oficina de medianas dimensiones. Parecía tener prisa por deshacerse de los detectives.
- He tenido a la policía por casi dos años por aquí; pensé que el caso se había cerrado.
- Hemos encontrado nueva evidencia para reabrirlo - le dijo Miller.
- No sé que de nuevo pueda decirles, todo debe estar en los informes de los que hicieron la investigación. Es algo doloroso de recordar. Solo quisiera que encuentren al culpable, para poder seguir viviendo y finalmente cerrar esa puerta.
- La noche antes de su muerte se reunieron en su casa ¿no es así señor Lych?
- Sí, solían reunirse los viernes en la casa de alguna de ellas. Yo me iba a pasar el rato a algún bar con los amigos para dejarlas en paz.
- Sí, debe ser molesto un grupo de mujeres cotilleando, pero me imagino que después de todo eran de su agrado - le mencionó Kat.
- Helen era una dama, pero Samantha me era insoportable, una zorra borracha sin escrúpulos - Vera y Miller se miraron entre sorprendidos y extrañados por aquel lenguaje áspero que no parecía coincidir con un hombre como aquel - había intentado enredarse con algunos de mis amigos, se comportaba como una puta barata. Muchas veces intenté alejar a Anne de su compañía, pero ella la quería demasiado.
- ¿Y con usted nunca lo intento? - le dijo Vera con sarcasmo.
- Nunca se atrevió, por lo menos en eso respetaba la amistad con Anne.
- No entiendo bien en que le molestaba que Samantha se involucrara con sus amigos. Se trataba de su vida - a Miller le molestaba ese tono despectivo con que se refería a ella.
- Trabajo en diseños publicitarios para firmas importantes, no era precisamente apropiado que se me asociara de alguna forma con una mujer así.
- Moore era una abogada importante - volvió a hablar Miller a quien cada vez le simpatizaba menos aquel hombre.
- De qué le servía eso. Todos la trataban con mucho "respeto", pero había que oír las cosas que decían de ella cuando volvía la espalda.
Miller, retrocedió algunas páginas de su libreta de notas.
- Los informes dicen que usted fue sedado con una dosis alta de un narcótico, metadona específicamente. ¿Recuerda haber bebido o comido algo inusual aquella noche?
- No suelo comer fuera de casa, y los bares a los que voy son de confianza. He ido a ellos por años sin que se presente ningún problema.
- El día en que fue asesinada su esposa... el 17 de diciembre, ¿recuerda algo inusual?
- Fue un día normal, ella regreso del trabajo a la hora de siempre. Siempre la esperaba con la cena lista. La mayor parte de mi trabajo lo hago en casa, por eso yo solía encargarme de algunas de las labores domésticas. Estaba algo alterada, no recuerdo haberla visto así antes. Cenamos y luego me dijo que estaba por ocurrir algo importante en su vida, fue a la cocina y regreso con una botella de vino muy caro, recuerdo que nos habíamos prometido que solo la abriríamos cuando de verás ocurriera algo trascendental en nuestras vidas; pensé que finalmente habían aprobado nuestra solicitud de adopción, ella tenía problemas para quedar embarazada, o quizá había obtenido un ascenso, pero no se trataba de nada de eso. Aquella noche se comportó de una manera extraña; quise recoger la mesa, pero me dijo que eso podía esperar, nos sentamos frente al fuego de la chimenea y ella me alcanzó mi copa.
- ¡Por los días buenos John!, porque alguna vez pensé que era la mujer más afortunada del mundo, me diste lo mejor que alguien como tú podía entregar a una mujer. Debe haber sido difícil para ti, y yo debí preocuparme menos de las apariencias y haberte dejado en libertad. Perdóname John, ¡brindo por tu felicidad, seguro te la mereces!
- No entiendo nada de lo que dices Anne.
- Claro que lo entiendes, pero eso ahora no importa ya, ¡vamos, hasta la última gota!
- Eso fue lo que sucedió detectives.
- ¿De veras no sabe a qué se refería su esposa con aquello de "no preocuparse de las apariencias y dejarlo en libertad" ? - le dijo Nick, que se había plantado frente al hombre. Mire Lynch, puede contarnos usted toda verdad o la averiguaremos por otras fuentes.
Lynch pareció dudar por unos instantes, pero luego su rostro volvió a tomar ese aire de resolución.
- No sé de qué estaba hablando detective.
- Lástima, pero si usted lo quiere así. Salgamos Kat, ya no hay nada más que averiguar aquí. Tenga mi tarjeta, tal vez en algún momento se le refresque la memoria. Buenas tardes Lynch, no sé porque tengo la sospecha que nos volveremos a ver muy pronto.
El hombre se los quedo observando de pie a un lado de la pista, hasta que Vera lo vio convertirse en un pequeño punto a través del espejo retrovisor.
- Ese hombre miente tanto que no sé dónde empieza la verdad y termina la ficción - dijo Kat.
- Siempre que quieras información, ve en busca de ella en los bares; hablo de que iba a pasar el rato con los amigos cuando la esposa estaba reunida. Averigüemos por allí, por esta zona abunda la vida nocturna, pronto daremos con el bar predilecto de Lynch.



Will trataba de echar mano de toda su paciencia mientras escuchaba a la recepcionista del Robert Halft Legal relatar todos los chismes sobre la vida de Samantha Moore.
- Oh, aquella Samantha era una verdadera zorra, no me sorprendería que se hubiera acostado con la mitad de los abogados que trabajan aquí. No le importaba si estaban casados o tenían novia.
Jeffries observaba a aquella mujer, según recordaba por la fotografía de Moore, ella había sido bastante atractiva y popular, el blanco de las envidias de las menos favorecidas.
- ¿Sabe si tenía alguien en especial, un novio...?
- ¿Novio?, novios querrá decir usted, aunque había alguien con quien se veía con bastante frecuencia, parecían llevarse muy bien. Frank Donovan, todavía trabaja con nosotros. Su despacho está en el piso seis, si desea hablar con él.
- Muchas gracias señorita Galler.
El detective tomó su saco y salió volando del lugar rumbo al lugar que le había indicado.
- ¿Señor Donovan?, detective Jeffries de homicidios, quisiera hablar con usted sobre Samantha Moore.
El hombre no pudo evitar que su turbación al escuchar aquel nombre se evidenciara.
- Hace tanto que no escuchaba ese nombre, hace algunos años estaba en boca de todos - en la voz del hombre no había molestia o ironía, más bien algo cercano a la nostalgia.
- Sí, ya me han informado que era bastante "conocida".
- Debe haber hablado con esa arpía de Galler, ¿verdad?, esa mujer siempre tuvo envidia de Sam, en realidad muchas se la tenían. No crea todo lo que le ha dicho sobre ella, Moore era una de las mejores abogadas de este lugar; inteligente, hábil, pero sobretodo audaz, iba mucho más allá que algunos hombres. Algunos no soportaban que ella triunfara allí donde ellos habían perdido. Siempre parecía tener un punto de vista fresco y novedoso, algo en que nadie más había reparado. Fue por eso que se gano esa fama, todos aquellos mediocres no podían creer que ella estaba donde estaba por su propio mérito y echaban mano de las mentiras; claro, una mujer hermosa como ella tenía por fuerza que haber dormido con todos para ascender.
- Por sus palabras entiendo que la apreciaba usted mucho.
- No solo le apreciaba, yo... amaba a Sam, pero ella era de aquellas mujeres que no han nacido para atarse a ningún hombre. Aman su trabajo y su independencia por encima de cualquier cosa.
- ¿Samantha sabía lo que sentía por ella?


Frank Donovan

- Un día que salimos a tomar unas copas, ella estaba un poco callada. En ciertas ocasiones se ponía así, nunca supe cuál era la razón de su tristeza; me consideraba su mejor amigo, y sin embargo sé bien que ignoraba muchas cosas sobre ella. Le tomé la mano y le dije: Samantha, no voy a hacer un discurso porque se que no te gustan las cursilerías, simplemente quiero decirte que te amo. Ella me miró con sus enormes ojos oscuros, sonrío, me dio un beso lleno de ternura y comenzó a dejar vagar su delgado dedo por el borde de la copa, parecía que buscaba qué decirme sin lastimarme.
- Frankie, tú me conoces como nadie, solo tú sabes quién soy realmente. Eres el único que ve más allá de esto - me dijo haciendo un vaivén con la mano señalándose a sí misma - muchos creen que solo soy una puta sin cerebro, pero eso no es cierto. He dormido con algunos, no lo niego, pero no porque deseara lograr algo con ello, lo hice porque me apetecía hacerlo. Las cosas que realmente me importan las obtengo usando mi talento no mi cuerpo. Mi querido amigo, yo no soy mujer para ti, tú quieres un hogar, hijos, una familia; yo no quiero nada de eso, yo solo quiero alcanzar todo lo que alguna vez soñé.
- Te quedaras sola Sammy.
- Si el precio de mis sueños es la soledad, pues lo pagaré. Crecí en los peores barrios de Brooklin, nadie creía en mi Frank, ni siquiera mi propia familia; pero eso no me derrumbaba, al contrario, me daba más fuerzas para seguir. Cada insulto, cada desprecio, cada escupitajo, era un peldaño más que subía. Fregué pisos, serví tragos en bares, fui mensajera; creo que fui un poco de todo, pero cada noche estudiaba y un día me desperté de tanta pesadilla... lo había logrado.
- Es la primera vez que me hablas de esto
- nunca como antes admiré a la mujer que tenía frente a mí, ni la ame como en esos momentos.
- ¿Para qué contarlo?
- Todos esos bastardos que hablan de ti, y hasta se atreven a decir que se han acostado contigo deberían saber quién eres.
- Que hablen cuanto quieran Frank, yo sé lo que soy y es lo único que importa
- Sam extendió su mano y yo me apresuré a tomarla en las mías, sabía que no tendría su amor, pero tenía su respeto y el respeto de una mujer así vale mucho, ¿no lo cree detective?
Jeffries estaba sorprendido, no se esperaba una historia así, creía que iba en busca de una zorra y se encontró con una heroína anónima.
- Sí, me bastaría el respeto de una mujer como ella. Pero dice usted que en ocasiones estaba triste.
- Algo le amargaba la vida, pero nunca menciono nada sobre ello. Cuando insistía me miraba con una mezcla de cansancio y amargura. "No querrás saberlo Frankie, en verdad no querrás saberlo," me dijo una vez, desde entonces no volví a preguntarle más sobre aquello.
- ¿Cuándo la vio por última vez?
- Un día antes de que muriera - el hombre no pudo evitar que unas lágrimas se deslizarán por su rostro.
- ¿Noto algo extraño en ella?
- ¡Nada!, fui tan estúpido como para no ver nada. Estaba más alegre que de costumbre, no cesaba de contar los días para tomar sus vacaciones. Decía que serían las mejores de su vida.
- ¿Nunca le pregunto dónde pensaba ir, o en qué pensaba utilizar su tiempo libre?
- Ya le dije que cuando Sam quería podía decir mucho sin decir nada realmente. El día antes que saliera de vacaciones recogió todas sus cosas, aquello me extraño mucho.
- Sam, te vas por unos días, cualquiera diría que no piensas regresar, ¿qué necesidad tienes de cargar con todo eso?
- Hum, es que todo va a ser distinto cuando regrese, no quiero nada de estas cosas en mi renovada oficina.
La ayude a llevar sus cosas al auto. Me dio un abrazo fuerte, me beso de nuevo en los labios, se subió al coche y agito su mano despidiéndose de mí.
- Te quiero mucho Frankie, eres mí mejor... no, eres mi único amigo.

El hombre ya no podía disimular más su dolor y se cubrió el rostro con las manos.
- Perdone detective, pero quise mucho a Samantha y el saber lo que hizo y no haber podido ayudarla. Si solo me hubiera dicho qué la agobiaba tanto... tal vez no estaría muerta ahora.
- No tiene que sentirse culpable de nada Frank, ella lo quiso así. Por mucho que amemos a alguien no podemos estar con ella a todas horas para protegerlas - Will se sentía conmovido, recordaba la muerte de Mary y cómo tampoco él pudo hacer nada para salvarla - Samantha lo quería, eso debe ser su consuelo. Frank, no podemos salvar a quien no desea ser salvado y ella ya había decidido su destino. Sé que es doloroso, pero necesito hacerle algunas preguntas más.
- Dígame qué necesita saber detective.
- ¿Conocía a las amigas de Samantha?
- Claro, ¿se refiere a Anne y Helen? Desde que se conocieron aquí se hicieron inseparables, las veces que iba a casa de Sam en viernes, solía verlas. Eran muy agradables ambas y ella se sentía a gusto en su compañía, era de las pocas veces que la veía realmente feliz.
- ¿Así que se conocieron aquí?
- Si, el departamento de informática necesitaba hacer unas instalaciones nuevas y enviaron a Anne como especialista en redes. Sam pasaba mucho tiempo en esa área buscando información para sus casos. Con Eselvier ya teníamos una relación de años, ellos se encargaban de la publicación de muchos de nuestros artículos y escritos, así conocimos a Helen.
- ¿Y al esposo de Anne, John, lo conocía también?
- Nunca se quedaba a charlar conmigo, solo dejaba a su esposa y se marchaba, regresaba después de unas horas a recogerla. No es un tipo que me agrade mucho sinceramente.
- ¿Por qué razón?
- Apenas fijaba sus ojos en mí cuando cruzábamos algunas palabras, y ya sabe lo que se dice, quien no mira de frente es porque algo esconde.
- Bien Mark, le dejo mi tarjeta por si recuerda algo más. Gracias por su tiempo.
Galler no levanto la mirada, y Will salió en silencio del despacho del abogado. A menudo le quedaba un sabor amargo cuando tenía que remover asuntos dolorosos del pasado de las personas, pero ese era su trabajo, encontrar la verdad.



- Así que nuestra chica fácil no lo era en absoluto, ese hombre Donovan estaba enamorado de ella, fue bastante duro para él recordar lo del suicidio de Samantha - comento Jeffries.
- Nick y yo hablamos con Lynch, estoy segura que esconde algo. Samantha no era una persona que le agradara, se expreso muy mal de ella. Nos dijo algo sobre una charla algo extraña que tuvo con su esposa la noche antes de su muerte, parecía que Anne le daba las gracias por algo, y también le pedía perdón; el tipo dijo no saber de qué estaba hablando, pero estoy segura de que miente - Kat hablaba mientras se servía un poco de café.
- A mí en el fondo me sonaba como algo de reproche disimulado. Anne no parece haber sido muy feliz con Lynch, y lo que dijo en ese brindis estaba cargado de doble sentido, no sé, es la impresión que me dio - Nick paseo la mirada por sus compañeros.
- Sí, ahora que lo mencionas tienes razón, su dulce mujercita sabía bien de qué estaba hablando, y creo que John también, aunque diga lo contrario - Kat estaba de pie junto a Vera - tenemos que visitar esos bares y averiguar sobre él.



- ¿Qué tal le fue a ustedes con la hermana? - pregunto Stillman, que había observado el aire ausente en el rostro de Lilly.
- Es una chica algo extraña, aunque no le faltan razones para serlo. Con un padre abusador y una madre que mira para otro lado mientras todo ocurre frente a sus ojos, no es para hacer de alguien una persona equilibrada. Y ahora que ya no existe el único apoyo que tenía, esta completamente sola. Tampoco parecía simpatizar mucho con Samantha, aunque al final de la conversación cambio de opinión. No hizo ninguna referencia al esposo de Anne - era Scotty el que había respondido a la pregunta del teniente.
- Kate no es tan inocente como aparenta. Parece una muchacha tranquila, pero por momentos da la sensación de que te fuera a saltar encima - Lilly seguía con la mirada perdida en algún rincón de la amplia oficina - hay algo en ella que me inquieta.
Scotty la miro sorprendido, a él no le había dado esa impresión; por el contrario le parecía una joven dulce y triste. O sería que Lil estaba celosa por las atenciones que Kate le había demostrado
- Hablaré hoy mismo con Raimond de Jersey, hay razones suficientes para reabrir el caso, no dudo que este dispuesto en poner a nuestra disposición la información que necesitemos sobre el suicidio de Moore. Es muy probable que los tatuajes se los hicieran en Kensington; Lilly y Kat, vean que pueden averiguar, también investiguen los bares, es importante dar con el que frecuentaba Lynch; Nick, ve que puedes averiguar en la Eselvier, supongo que alguien tendrá algo que decirnos sobre Helen; Scotty y Will ustedes vean que encuentran en la Comcast Cable sobre Anne Evans.
- ¿Lil, todo está bien?
- Todo bien, solo estoy un poco cansada jefe.



- ¿Qué te sucede Lilly?, sé que algo te molesta.
- Ya hice la llamada para que no pierdan de vista a Kate, una amiga la acompañara hasta su casa.
- Me parece bien. En el estado en que se encuentra es mejor que esté acompañada.
- Ella te interesa especialmente, ¿no es así Scotty?
- Una persona deprimida es vulnerable, puede cometer cualquier tontería, eso es lo único que me interesa de Kate.
- Parece que has impresionado a esa chica, no te quitaba los ojos de encima.
- Lilly, solo existe una mujer en mi vida en estos momentos y tú sabes bien de quién se trata. Esta conversación es absurda.
- Algo anda mal en la cabeza de esa mujer, ve con cuidado Scotty.
- Siempre voy con cuidado Lil.



- Tenemos por delante un largo día, y encima me toca ir solo y a la Eselvier, ¿qué va a hacer alguien como yo entre tantos libros? - se quejo Vera.
- Quizá te venga bien leer alguno, o puede que encuentres una linda editora... uno nunca sabe - le comento Kat haciéndole un guiño.



- Ustedes dos, van con unas caras ¿Acaso han tenido alguna discusión?
- No es nada de eso Kat, estamos centrados en el caso, no hay mucho tiempo para otra cosa - respondió Lilly.
- Sí claro, y mañana nos subirán los sueldos a todos. ¡Vamos chicos!, me alegra que nos hayan asignado a lugares diferentes, así podrán pensar un poco. Lo de ustedes es importante, tendrán sus momentos malos, toda relación los tiene...
- Gracias por preocuparte por nosotros Kat, pero... - Valens se detuvo, no quería soltar una de las suyas, a menudo podía ser muy áspero cuando estaba enojado.
- ¡Entendido!, no metas las narices donde no te llaman - Nos vemos Scotty, vamos Lilly, tenemos bastante trabajo.