07 septiembre, 2008

Cada día tiene su historia ( Final )

La luz se filtraba a través de la cortina del salón, la mañana de otoño era fría y gris, Wilson se despertó con una sonrisa en los labios recordando el calor de su cuerpo, su perfume, su abandono; el brillo de sus ojos inundándolo todo, fundiéndolo todo en aquel azul. Nada había ocurrido, solo se quedaron enlazados en un casto abrazo, pero para él era suficiente. Ya habría muchas noches, muchos días. Estaba cubierto por una manta, su cabeza reposaba sobre una mullida almohada, pero no había rastros de House.
Se levantó y comenzó a buscarlo por todo el apartamento, miró el reloj de su muñeca, eran apenas las seis mañana. Busco por todas las habitaciones, definitivamente no estaba. En su rostro se dibujo una mueca de preocupación dónde podía haber ido tan temprano. Cogió su abrigo y se lanzó a la calle en su busca.


Ya había recorrido varias calles sin dar con su rastro, entonces le vino a la memoria aquel parque para corredores... una vez lo había encontrado allí, huyendo de las consultas y de Cuddy (recordaba también que le había confesado que fue en ese lugar donde intercambio dolor por dolor con una jovencita) House le había dicho que le gustaba ir a ese lugar porque allí podía sentarse, pensar e imaginar. Lo encontró en el mismo lugar sentado sobre aquella banqueta con la mirada concentrada en los pocos que ya empezaban su rutina de ejercicios.


- ¿Qué haces aquí, por qué saliste sin decirme nada?
- Jimmy... he dormido muy poco.
- ¿ Estabas incómodo?, debiste despertarme.
- No, no es eso- sonrió levemente y su mano quiso acariciarle el cabello, pero detuvo el gesto en el aire- te ves tan frágil cuando duermes.
- ¿Te has pasado la noche viéndome dormir?
- Un poco sí, y un poco mirándome a mí mismo... pensando cuánto tardare en matarme de a pocos con el vicodin o de cualquier otra forma. Tú has estado conmigo, sabes que no mido los riesgos... he ido desde meter un cuchillo en el enchufe, solo para saber sí hay algo más allá de esta vida; inyectarme sangre contaminada, para ver si está era la causa de los síntomas del paciente; hasta pararme el corazón por llenarme de fisostigmina para tratar de recordar; eso sin contar que casi me freí el cerebro por... perdona, perdona- hizo un gesto de amargura y se llevo una manos a los ojos- ¿Crees qué se puede vivir con alguien así?, ¿no terminarás cansándote?



- He estado muchos años a tú lado, ¿piensas que no te conozco? Nos hemos aguantado mutuamente tantas cosas.
- ¿Crees qué sabes todo sobre mí?.Jimmy, compartir una amistad no es lo mismo que tener una...
- Sé lo suficiente. Eres un loco irresponsable, empecinado en racionalizar todo, en esconder lo que sientes. He visto tus esfuerzos por mantener intacto ese muro con el que te proteges, pero no siempre lo logras. Y sé que te saltas las reglas, que en ocasiones necesitas un freno para no terminar arriesgando una vida por resolver tus acertijos, pero a pesar de todo sé que buscas hacer lo correcto.
La mirada de House se quedo largo rato hundida en los ojos de su amigo, pero esta vez no había destellos; su mirada era triste, temía tanto que todo acabará, que de nuevo el dolor clavara sus garras. Era ese dolor, en su pierna, en su existencia; que en los días buenos era ligeramente insoportable, y en los malos le absorbía hasta la vida.


- ¡Eres un cobarde!, siempre es lo mismo contigo. Te ofrezco un cambio, una vida lejos de tanto dolor...¿no crees qué ya fue suficiente? Greg, te estoy ofreciendo lo único que necesitas... es tan difícil que aceptes que alguien te pueda amar.


- No estoy seguro de sí es eso lo que quiero.
- Dí todo lo que quieras, estoy acostumbrado a tus salidas. Pero ayer no mentías, tus ojos no mentían, ni tus labios, ni tus brazos.
Gregory se ayudo con las manos para levantar su pierna derecha y cogió su bastón
- Hace frío aquí.
- No, hace más frío allá donde quieres esconderte. Admite que no siempre tienes la razón.
- Wilson, ve a tu hotel, nos vemos en el hospital.
House se levantó y dio unos pasos, pero de pronto su amigo le corto la retirada, la mano de este se poso decidida sobre la empuñadura del bastón, sintió la de aquel tensarse bajo la suya.
- ¿Por qué me buscaste?, es una especie de juego, cómo el que hiciste con Stacy. Te busco, te acoso, caes y te desecho.
- Sabes que eso no es cierto... Mark era mejor que yo para ella, él estaba dispuesto a cualquier cosa por Stacy, yo... yo no sé.
- Tú estabas dispuesto a morir para que yo no perdiera a Amber. En cierta forma, te ibas a sacrificar por mí. Pensé en eso tantas veces, no podía seguir odiándote- lo atrajo del brazo y Greg se dejo llevar - vamos, regresemos al departamento, tengo hambre y de seguro no tienes nada decente que comer. Así que no me queda más que preparar algo.
House sonrió como solo sonría para él.
- Llamare al hospital, le diré a Cuddy que estas bastante dolorido y que me quedare a cuidarte. Hoy no tengo demasiados pacientes, puedo programarlos para mañana, ninguno me necesita con urgencia.
- ¡El Dr. Wilson dejando a los pacientes de lado! ¿Estoy aquí o en la dimensión desconocida?
- ¿Por qué no? A veces cansa ser el responsable, el que siempre tiene que dar las malas noticias, el que aguanta y dice sí a todo... hoy quiero hacer lo que me venga en gana. O qué...¿acaso no crees que yo también tengo mi lado malvado?
- ¿Y justo ahora quieres quedarte conmigo?... Creo que mejor te vas a tu hotel, me estas asustando.
Pasaron unas horas deliciosas, House saboreaba la comida de Wilson, criticándola constantemente, pero la voracidad con que la comía desmentían sus palabras. Ambos reían, Gregory había olvidado sus sarcasmos y sus ironías; su risa sonaba alegre y sincera. Que extraño era el mundo, un lugar triste, lleno de preocupaciones, de miserias y desdichas, y sin embargo cuando reía, todo bailaba en el aire. Su corazón atormentado, y las lágrimas que le quemaban las mejillas desaparecían y todo danzaba al son de la música que emitía su risa.
Cuando llegó la tarde James le pidió que tocara algunas piezas, House accedió de buena gana; el piano era una de su pasiones, cuando se sentaba frente a el parecía transformarse en otra persona, mantenía los ojos cerrados, sintiendo cada nota vibrar en su ser. Entonces sus largos dedos danzaban ágiles sobre el teclado. Conocía las piezas favoritas de su amigo y le regalo un repertorio de varias de ellas. Wilson apenas respiraba... en aquellos instantes Greg le mostraba su alma, sin muros ni corazas; a su manera, siempre a su manera, le había abierto finalmente las puertas. De pronto sus manos se detuvieron, abrió los ojos, estos resplandecían y se quedaron clavados en los de su amigo. Wilson se acerco y lo beso timidamente, como pidiendo permiso, House respondió a sus besos, hasta que estos se hicieron más profundos, más urgentes. James lo fue llevando hasta el sillón con cuidado.
- No temas, no te dejare caer, ahora estoy aquí a tú lado.
Sus manos se fueron abriendo paso entre las ropas del otro, sus dedos iban quitando uno a uno los botones de su arrugada camisa, House estaba completamente abandonado, solo su agitada respiración hablaba por él, finalmente lo despojo también de la camiseta. Los labios de James acariciaron su pecho, descendieron por su vientre, besando cada trozo de piel; pero cuando empezó a maniobrar sobre la correa, una mano de acero lo detuvo.
- No, no - sus ojos se abrieron y una furtiva lágrima resbalo por su mejilla, sus manos abandonaron la espalda de de Wilson y una de ellas fue a posarse en su pierna lastimada.
- ¿Temes que vea tu cicatriz?, ¿acaso piensas que voy a sentir repulsión?. Yo te amo, y ella es parte de ti... ¿no te das cuenta todavía?.
Entonces House permitió que su compañero deslizara sus pantalones, ahora sentía la suave caricia de otra mano sobre su terrible cicatriz y luego el roce de unos labios. Tomo la cabeza de Wilson y la acerco hasta su pecho revolviendo sus cabellos. Su cuerpo temblaba y su corazón latía desbocado; y sin embargo sabía que aquello iba más allá del deseo, era un sentimiento puro que hacía tiempo había olvidado. Sus manos sabian a caricias antiguas, tenían el suave calor de días soleados . En sus brazos se sentía finalmente seguro, tranquilo, en paz.
Quizá nunca cambiaría, al menos no completamente, nadie cambia su esencia. El tiempo lo diría; aunque uno vez recordaba haber dicho que aquello era un inútil consuelo, que las cosas no cambian si no se hace nada por cambiarlas. El había dado un paso y eso ya era un principio.

Después de todo, cada día tiene su historia.

PD. Lo referido a la risa, es una adaptación de un párrafo de "Drácula" de Bram Stoker.

29 agosto, 2008

Nada más que decir, nada más que apostar



Dicen que el tiempo todo lo cura, pero los días transcurrían y Wilson no daba muestras de cambiar de actitud.
House había recobrado, al menos en apariencia, su habitual forma de ser; es decir era el mismo "desgraciado manipulador" de siempre. Solo él sabía que las cosas ya no eran las mismas, incluso había engañado a Cameron haciéndole pensar que ya estaba sino bien, por lo menos mejor.
Acechaba a Wilson desde cualquier rincón que le sirviera de escondite; sabía que continuaba solo. Toda su rutina era de su pequeño cuarto de hotel al hospital y viceversa, no existía nada en medio.
Los casos iban y venían, los expedientes pasaban por sus manos y las copias iban a parar de cualquier manera sobre sus subordinados. La pizarra seguía llenándose de datos y él continuaba jugando con su pelota o dándole vueltas al bastón mientras pensaba en las soluciones para los casos más extraños que llegaban al Princeton-Plainsboro. Agradecía esos instantes en que su mente podía concentrarse en otra cosa que no fuera su amigo, entonces dedicaba todas sus facultades y su tiempo hasta dar con el diagnóstico correcto. Podía pasar hora tras hora revisando radiografías, análisis. Incluso cumplía con sus horas de consultorio, siempre y cuando no tuviera un caso entre manos. Apenas si se movía del hospital salvó para regresar a su casa y dormir unas horas… un vaso de wisky y unas cuantas vicodin ayudaban, también mitigaban el dolor, al menos el de la pierna.
Esa mañana cuando llegó, la enfermera de recepción le dijo que Cuddy quería verlo en su despacho.
- ¿Qué puedo hacer por ti esta linda mañana?
- Wilson se va, hoy presento su carta de renuncia.
House no se esperaba aquello, miro a Cuddy, bajo los ojos y se dio la vuelta. Se dirigía al consultorio de Wilson, probablemente iba a recibir más palabras crueles, pero no importaba, su amigo no podía irse. Al menos tenía el consuelo de verlo cada día, pero si se marchaba… no, eso era impensable.
Cuando debía enfrentarse a una situación difícil, siempre echaba mano de su frasco de pastillas, pero ahora las cosas iban a ser distintas, si iba a confrontar a su amigo, quería estar todo lo lúcido posible. El dolor de la pierna le hacía doblarse a cada trecho (era increíble como el dolor moral estaba tan estrechamente ligado al dolor físico), pero House seguía caminando, cuando llegó no hubo necesidad de tocar, la puerta estaba ligeramente abierta.
Wilson guardaba sus cosas en una caja de cartón, House recordó que ya lo había visto hacer aquello antes, en los días de reinado de Vogler.
- Cuddy dijo que te marchas.
- Sí, como ves estoy empacando mis cosas.
- ¿No te parece que ya has guardado luto lo suficiente?
- ¡Vete al diablo House!... ¿qué sabes tú de amar?, ahora dudo que hayas amado alguna vez a Stacy. Podías haber sido feliz con ella, y la arrojaste de tu vida, te gusta ser un infeliz, un adicto desgraciado. Bien, sigue así, solo que yo no estaré para recoger los pedazos. Ahora sal de aquí.
House dio unos pasos hasta la puerta y salió, pero luego se volvió sobre los mismos e intento traspasar la puerta de nuevo. Wilson se apresuro a empujarla, ya era inútil, el otro había puesto el pie para evitar que la cerrara.
- ¡Maldición!, es que quieres que te saque a la fuerza, tan difícil es entender que no quiero verte.
- No quiero que te vayas.
Mientras hablaba House observaba su bastón, parecía un niño triste al que estaban a punto de abandonar. Por unos instantes la mirada de Wilson se suavizó, pero de nuevo le venía a la memoria la imagen de Amber agonizando en sus brazos y volvía a llenarse de rabia.
- Jimmy, perdóname, por favor perdóname.
- Y piensas que con decir eso todo se olvida. Sigues siendo el mismo idiota de siempre, ¿crees que todo gira a tu alrededor, que eres tan especial?
- No me creo especial, solo soy como soy. Hay quienes me aceptan, y quienes me detestan, me doy cuenta que estos últimos son los más; pero eso no me interesa, solo me importa la opinión de quienes… de quienes aprecio.
Wilson sonrió con desprecio, y siguió con la tarea de guardar las cosas que se habían ido acumulando en la oficina.
House agarro por la fuerza uno de los cuadros que su amigo estaba metiendo en la caja. El otro le dirigió una mirada venenosa y trató de librar el objeto de su mano, forcejearon unos instantes.
- ¡Suelta eso!, ¿es qué nunca vas a dejarme en paz?
- No, hasta que razones, has pasado una buena parte de tu vida aquí. Ganas bien, te llevas bien con tus pacientes, todos te aprecian… ¿quieres cambiar eso por qué no puedes verme a la cara sin recordar lo que paso? Bien, a mí nadie me soporta, no me interesa la simpatía de los pacientes. No puedo cambiar los hechos, con respecto a tu novia. Si alguien tiene que irse, ese voy a ser yo.
- ¿Acaso quieres manipularme como lo haces con todos?
- Estoy diciendo la verdad, solo dilo y me voy del hospital.
- No te creo nada, ya vete tengo mucho que hacer.
- No quiero.
- Que salgas de aquí te digo, mi paciencia tiene un límite.
- Ya te dije que no quiero.
Wilson estaba enfurecido, su puño fue a estrellarse en el rostro del otro; la sangre que le brotaba de la nariz comenzó a escurrirse por la barbilla. Le dio un nuevo golpe y esta vez House trastabillo y cayó al piso, Wilson ya no razonaba, solo seguía golpeándolo. Greg no hacía nada por defenderse, dejaba que su amigo se desquitara. De pronto se detuvo, parecía haber recobrado la consciencia, veía a su compañero tirado en el suelo con la nariz y los labios sangrando, hasta debía tener algunos moretones en el cuerpo. Cerró los ojos y dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas… ¿qué estaba haciendo? Se arrodillo a su costado y lo levanto hasta recostar su cabeza en el regazo. Saco un pañuelo del bolsillo y con cuidado lo fue pasando sobre sus heridas.
- Yo… yo no quería golpearte House.
- ¿Ahora si puedes perdonarme? Bueno... me aliviaste el dolor de la pierna, ahora me duele por todos lados.
- Callate idiota...creo que hace mucho te perdone, pero no quería admitirlo, sentía que era traicionar a Amber, tú nunca la quisiste, siempre la tratabas mal.
- Tal vez porque era muy parecida a mí, me veía reflejado en ella… y yo… no sé si quiero ver qué llevo dentro
- Espera, voy a traer algo para curarte, no te muevas.
Se aparto un poco, pero House lo retuvo tirando de su brazo, para ayudarse a incorporar. El tirón había sido tan repentino que sus rostros quedaron a unos pocos centímetros. No se quitaban los ojos de encima, como esperando a que sucediera algo, aunque no sabían bien qué.
- Jimmy…estas sobre mi pierna…duele.
Wilson se apresuro a quitar su peso del dolorido muslo del otro, solo sus ojos no se apartaban de los de su amigo. Jimmy pensó que siempre le había gustado el color de aquellos ojos; parecía que sus sentimientos podían interpretarse por la tonalidad de estos, él, que lo trataba continuamente había llegado a traducir algo los muchos tonos de sus ojos. Cuando estaba concentrado eran de un azul acerado, si estaba divertido, celestes, sus tristezas eran dos zafiros oscuros, su ira era de un azul intenso como dos llamaradas. Pero este era un tono nuevo, no recordaba habérselo visto nunca... y se hundía en su cerebro confundiéndole, deseos extraños lo asaltaron de pronto... su mirada fue bajando hasta concentrarse en su labios delgados. Se apartó de su lado rápidamente con las mejillas encendidas, cuando esa vaga idea tomo forma en su mente, él quería... él quería besar a su amigo.
- ¿ Qué pasa, no me vas ayudar a levantarme?,¿qué tienes?
Wilson se acerco y lo ayudo a levantarse, pero ahora que finalmente era consciente de lo que sentía por House, cualquier contacto físico se le hacía insufrible, le aterraba verse descubierto por este... y entonces qué iba a ocurrir, probablemente se burlaría de él después de aporrearlo con el bastón a cualquier intento que se saliera de lo normal, y ya no estaba muy seguro de poder seguir conteniéndose.
- Voy a buscar los medicamentos...
- ¿Todavía estas enojado, yo creí que ya me habías perdonado?
- No, no estoy enojado...
- ¿Por qué sales corriendo entonces?
- Yo no... bueno, necesitas que te atienda esas heridas.
- Estoy bien, además ya perdí la cuenta de las veces que me han dado un buen golpe. Vamos a charlar como antes, extraño fastidiarte y que pongas cara de mártir.
- Ahora no es buena idea.
Una voz femenina cortó repentinamente su charla, Cuddy miraba a House incrédula, quién podía haberle golpeado así. Avanzó unos pasos pero él la detuvo con un gesto.
- ¿Tú...tú le hiciste esto Wilson?
- Sí, sí, te juro que ni yo mismo sé cómo ocurrieron las cosas, perdí la cabeza.
- Será mejor que lo lleves a urgencias para que lo atiendan.
House puso una de esas caras que desarmaban a cualquiera, indudablemente tenía un lado divertido y sabía usarlo muy bien cuando quería.
- No mami, tu sabes que no me gusta urgencias... me dan miedo los médicos.
- Basta de portarte como si tuvieras seis años.
La mujer intento acercarse a él para obligarlo a moverse, pero House levantó el bastón entre amenazante y risueño.
- Ya olvidaste que una vez te dije que yo sé muy bien cómo usar esto... y no bromeo.
Cuddy retrocedió y suspiró resignada, cuando Gregory House se empeñaba en algo no había forma de hacerle cambiar de parecer... él iba hasta el final de las cosas, aunque se tratará de su propia vida.
- Esta bien, total al que le duele es a ti. Yo misma no creo lo que voy a decirte, pero tomate el día libre, mañana estarás mejor. No puedes andar por el hospital en esas condiciones, ya es bastante con tu aspecto habitual.
- ¿Acaso me estas criticando? Las camisas sin planchar son parte de mi encanto.
- ¡Dios, llevatelo de aquí Wilson! Asegurate que se quede tranquilo en casa.
No, definitivamente aquella no era una buena alternativa... qué iba a hacer en el departamento de House ahora que tenía los sentidos hechos un revoltijo. Cerró los ojos conformado a su suerte dejando caer los brazos a los costados. Aquel era un gesto característico en él cuando ya no tenía forma de luchar contra algo. Lo que fuera que iba a suceder, sucedería... quizá era mejor llevar las cosas al límite, siempre es mejor saber que estar permanentemente en la incertidumbre; no podía olvidar la mirada de su amigo en esos breves instantes, tal vez tenía una esperanza...
Mientras conducía Wilson le daba algunas miradas fugaces, el otro miraba abstraído por la ventanilla, hubiera dado lo que fuera por saber en qué estaba pensando, porque por mucho que conociera a su amigo nunca se sabía a qué atenerse con el. Además deseaba que fueran más de 14 kilómetros los que separaban al hospital de su apartamento, quería que todos los semáforos estuvieran en rojo así tardarían una eternidad en llegar y podría serenarse. Por primera vez le asustaba quedarse a solas con House; tener que tocarlo, porque eso era inevitable, cómo iba a cuidar de su heridas sin acercarsele.
- Eres insoportable, por qué no dejaste que te llevará a urgencias.
- No me agrada urgencias, esta lleno de gente herida.
- ¿Y qué esperas encontrar en urgencias?
La respuesta nunca llegó, había algo en su tono de voz, que le hizo comprender que su último comentario no había sido una broma.
Finalmente llegaron al departamento. Su amigo descendió del auto con algo de dificultad, a pesar del dolor que debía estar experimentando, se negó a recibir ayuda, él caminaría como pudiera hasta su casa.
- No es necesario que te aburras a mi lado, puedes regresar al hospital, solo no dejes que Cuddy te vea.
- Yo provoque todo esto, así que ahora tengo que arreglarlo, vamos entra de una buena vez para ver esas heridas.
El apartamento lucía igual que siempre, atestado de libros, con su habitual desorden. Las únicas cosas que mantenía siempre cuidadas y relucientes eran su piano y sus guitarras alineadas con cuidado en la pared.
- Ve al sillón, enseguida vuelvo, voy por el maletín de primeros auxilios.
House solo hizo un gesto de asentimiento, sin despegar los labios; tanto silencio de su parte lo empezaba a poner nervioso. Cuando regreso lo encontró exactamente en la misma postura en que lo había dejado, con la misma mirada indescifrable. Se acerco y empezó a limpiar la sangre que empezaba a resecarse sobre el rostro; lo hacía con todo el cuidado posible, pero a pesar de ello lo sentía revolverse dolorido.
- ¿Te duele algo más?
- No, solo la pierna.
Lo vio meterse la mano en el bolsillo y sacar su frasco de vicodin, tragarse un par y cerrar los ojos esperando que el dolor aminorará. Poco a poco se fue adormilando, había sido demasiado esfuerzo para un día, demasiado. James lo veía relajarse, hasta que su respiración suave y regular le indico que se había dormido finalmente. Ahora podía contemplarlo a su gusto, sin temer su mirada azul; las arrugas de su frente se habían hecho más profundas, y grandes ojeras se dibujaban bajo sus ojos, estaba más enjuto que antes y sus labios algo resecos se mantenían apretados aún en sueños. Se acerco evitando hacer cualquier ruido y rozo levemente con su mano una de sus rasposas mejillas, trazo con uno de sus dedos sus labios... su mano subió hasta su cabello revuelto... y ya no supo lo que hacía, hundió su nariz en esa melena que empezaba a encanecer y se embriago con su aroma; sus labios besaron su frente, descendieron hasta sus ojos, sintieron el áspero contacto de su barba y se posaron en sus labios con dulzura. Frotaba sus mejillas con las de Greg con ternura, siempre con ternura. De pronto escucho un gruñido que lo paralizó, unos brazos fuertes lo apartaron con brusquedad.
- ¿Qué haces?
Wilson bajo los ojos avergonzado, qué podía decirle, ni siquiera él mismo tenía certeza de sus sentimientos. Dónde había ido a parar su heterosexualidad, qué era esta atracción inexplicable que sentía por su amigo.
- Yo... yo lo siento, eso fue una locura.
- Como que andas un poco extraviado hoy; primero me agarras a golpes y ahora... me besas, ¿no te habrás tomado alguna de mis vicodin?
Al ver la mirada confundida y triste de James, House se arrepintió de haber bromeado, y medio se incorporo para dejarle espacio a su amigo y le hizo una seña para que se sentara a su lado.
- Jimmy... ¿Por qué hiciste eso?
- Es algo que ha estado ahí siempre, creo que esa es la razón de que mis relaciones sean un fracaso. Siempre estabas tú... solo que no era consciente de ello hasta que te vi tirado en el suelo y sangrando por mi culpa... fue allí que me dí cuenta que tú eras más que un amigo, no sé que nombre darle a esto que siento por ti...
- Algo parecido al amor, ¿tú me amas Jimmy?
Wilson vio que sus ojos adquirían de nuevo ese color desconocido, era como si mil luces se encendieran en ellos. Y aquello le dio valor.
- Sí, como jamás pensé que podía amarse a alguien. Siempre estuve a la deriva, buscando algo que no sabía qué era hasta que te encontré.
- No me hagas esto Jimmy, yo no soy bueno para nadie. Solo hago peores a las personas que me rodean, solo sirvo para lastimar...
- No digas nada, solo quiero saber qué sientes tú.
- Bésame de nuevo. Pero ten cuidado todavía me duelen los golpes.
- Lo sé, lo sé.
Wilson lo reclino suavemente sobre el sillón y empezó a besarle suavemente, rozando apenas con sus labios su cuello, la curva de su mandíbula, para luego ascender y fundirse en sus labios entreabiertos. No había pasión desenfrenada solo una ternura infinita. House lo retuvo entre sus brazos sintiendo sus latidos sobre los suyos, sus dedos finos se enredaron en su castaña melena... era lo que tantas veces había ansiado, no quería deshacer el abrazo, temía que si al soltarlo despareciera y la noche volviera a hundirlo en su abismo.
- Quedate Jimmy, quedate está noche, no quiero que te vayas... las mañanas son siempre tan frías.

Una sonrisa clara se dibujo en sus labios y los muros cayeron.

27 agosto, 2008

Tiempo al tiempo

Qué delgada línea separa la amistad de el amor, en qué momento se empiezan a confundir estos sentimientos tan similares y a la vez tan distintos; quizá sea cuando nace la necesidad de tocar al otro, cuando esta necesidad se convierte en urgencia ante su proximidad.

Hacía unas semanas que House permanecía en el hospital, casi ningún vestigio físico quedaba del electroschok al que se había sometido, salvo dos pequeñas huellas en la frente como si fueran las quemaduras de un cigarrillo.
Cuddy había permanecido a su lado durante el proceso de recuperación y Cameron tampoco dejaba de ir y venir, escapándose de su siempre atestada sala de urgencias. El resto de su equipo también lo visitaba; aún Foreman, pese a que siempre decía que "no le agradaba", de vez en cuando lo miraba a través de los cristales para ver como seguía. Solo Wilson no se acerco ni una sola vez, salvo aquella ocasión, después de que Amber muriera. Y para House eso era demasiado doloroso. Cada vez que sentía que alguien se acercaba, el corazón se le aceleraba con la esperanza que pudiera ser su querido amigo... pero luego llegaba la decepción, y volvía a repetirse, como para convencerse a sí mismo y volver a la realidad: "él no te va a perdonar, esta vez no te va a perdonar".
Contó uno a uno los días que tuvo que permanecer en cama, su mirada se perdía en las paredes de vidrio, veía ir y venir a pacientes, médicos y enfermeras. Sus delgadas manos se aferraban a las cobijas y lanzaba un suspiro, cuanto detestaba esa inacción, no solo porque no podía moverse a su antojo sino porque le era imposible acercarse al consultorio de Wilson y averiguar algo de él. Sabía por Cuddy que aún se encontraba afectado, algo había cambiado en su manera de ser; se había vuelto taciturno y siempre tenía una expresión de tristeza y cansancio.

Cuando le permitieron caminar por los pasillos, quiso ir a toda prisa a buscarlo, pero se contuvo; cuando lo buscara tenía que estar vestido, ser él mismo, no con aquella absurda bata.

Le había pedido a Cuddy que lo dejara terminar la convalecencia en su apartamento. Cameron lo llevó en su auto, ella lo observaba de rato en rato, deseaba romper de alguna forma el pesado silencio que se levantaba entre los dos, pero algo le decía que era mejor dejar las cosas así. Le preocupaba su mirada, más absorta que de costumbre, era como si estuviera más recogido en sí mismo que antes. Allison temía que aquel procedimiento hubiera afectado en algo su magnifico cerebro.
- Ya llegamos, vamos te ayudo a que te instales.
- No, déjame solo.
- Pero House, todavía no estas bien del todo.
- ¡Déjame solo te digo!
Cerró los ojos sopesando su injusto arranque de rabia, su mano se cerro en la empuñadora del bastón.
- Cameron, voy a estar bien.
La joven sonrió levemente y regreso al auto, mientras se abrochaba el cinturón de seguridad, pensaba en lo que House le dijo una vez -"tú no amas, tú necesitas"- tal vez tenía razón y ahora que lo veía tan abatido, desprovisto de su habitual sarcasmo, su amor hacía él se acrecentaba. Por qué no podía amar a Chase, todo sería menos complicado, al menos su compañero no era indescifrable.
House busco la llave y abrió la puerta, el apartamento olía a encierro. Su mirada recorrió rápidamente el salón; todo estaba como cuando lo dejo, excepto por una delgada capa de polvo que lo cubría todo. Ya vería cómo limpiaba después, ahora eso carecía de importancia. Se sentó al piano y sus dedos empezaron a danzar sobre el teclado, fue arrancando un repertorio de sus piezas favoritas, pero de pronto cerro la tapa con violencia, apoyo la frente entre sus manos y se abandono a su tristeza, ahora nadie lo observaba. Le era insoportable que su amigo lo odiara, ya era bastante miserable, ya había tocado fondo tantas veces, que no sabía si esta vez podría salir de nuevo.
Allí lo encontró la mañana, apoyado sobre el piano, con las mejillas aún húmedas, como si en sueños hubiera seguido llorando. Se levanto apoyandose a duras penas sobre su dolorida pierna y fue a ducharse, ya no aguantaba más esa tortura; si Wilson lo detestaba era mejor saberlo de una buena vez, ya vería la forma de recuperarlo, después de todo era una amistad de muchos años, y no podía desaparecer como si nunca hubiera existido.
Extrañamente no quería llegar en la moto aquel primer día, sabía que Wilson jamás había aprobado que la comprara, así que pidió un taxi y llegó hasta el hospital.
Su equipo lo esperaba con alegría mal disimulaba; Taub, Kutner y Trece se acercaron para recibirlo, pero él paso entre ellos tratando de ser el mismo maleducado de siempre. Siguió caminando rápidamente hacía su oficina.
- Y cómo la han pasado sin mí, espero que no hayan matado muchos pacientes.Por si acaso les digo que yo no me hago responsable si se han portado mal.
- No hemos tenido ningún caso importante, la rutina de siempre.
Trece le puso sobre el escritorio un expediente azul.
- Esto te va a interesar, mujer de 29 años ingreso con hemorragia...
La joven callo al instante, la mirada de House, parecía ver a través de ella, volteo y alcanzo a ver al Dr. Wilson dirigiéndose a su oficina. Todos lo habían visto, y sus miradas cayeron en el rostro de House, y por primera vez vieron nublarse su mirada azul. El médico se puso de pie y se dirigió tras Wilson, de nada le servirían ahora su intelecto, ni su sarcasmo, ni su implacable sinceridad; estaba completamente vulnerable. Era una situación nueva, él podía manejar muchas cosas, excepto los sentimientos.
Casi sin aliento llegó hasta el consultorio de Wilson, toco suavemente la puerta.
- Pasa House. ¿Desde cuándo respetas la privacidad?
- Vengo de ver a los niños, parece que se han dedicado a jugar mientras papá no estaba...
- ¿Qué quieres?, tengo mucho trabajo.

Por un momento no supo que decir, sus ojos buscaron la respuesta en las paredes. Entonces los fijo en los de su amigo y los mantuvo allí.

- Quería saber cómo estabas.
- Bien, ya lo ves.
- Te conozco Wilson, a mi no me mientas.
- Y qué quieres que te diga... qué quieres escuchar. Será mejor que te vayas House, yo no quiero...
- No, no me voy hasta que hablemos.
De pronto Wilson se levantó y se paro frente a su amigo. Su mirada era la misma de aquella vez, House sintió que algo se rompía en su interior, pero aguanto la mirada del otro.
- Maldita sea House, qué quieres ahora. Ya no fue suficiente, por qué tuviste que llamarme aquella noche... por qué no fuiste tú el que murió... sabes... sabes que encontré cuando regrese, después de dejar a Amber sobre esa fría camilla, había una nota bajo la almohada donde me pedía disculpas por no esperarme porque había salido a buscarte. ¡Te odio House, te odio... ella esta muerta por tú culpa!... es qué no puedes vivir en tu miseria sin tener que arrastrar a otros en ella. ¡Vete House, vete!


- La llamada era para ti...¿cómo podía yo saber que ella vendría?, Wilson yo hice todo lo que pude, tú lo sabes...yo iba a morir porque así lo querías.
- Yo solo sé que ella ya no está más conmigo y no puedo soportarlo. Ahora sal de aquí... nada de lo digas puede cambiar lo que sucedió.

House asintió y salió del consultorio de su amigo sintiendo el dolor de su pierna llevado al límite, subió como pudo hasta la terraza del hospital, tal parecía que siempre llegaba a ese lugar a lamentar alguna pérdida. Apoyo la espalda en una de las paredes y se dejo caer hasta al piso, las palabras de Wilson habían sido terribles... demasiado terribles para asimilarlas, dolían cómo jamás pensó que algo podía doler. Casi se arrepintió de haberlo buscado... pero él quería la verdad, siempre la cruda verdad, pues ahora la conocía.

- House... ¿estas bien?

Levanto la mirada y se encontró con los ojos de Cameron, era una mirada preocupada, tierna.

- ¿Cómo me encontraste?
- Bueno... Stacy me dijo que venias aquí siempre que te sentías mal.
- Sí, solo dos personas saben que vengo aquí... ahora lo sabes tú también.
- Es por Wilson ¿verdad?
House callo, desde cuándo se había hecho tan transparente, aunque a esas alturas todos sabían que las relaciones entre él y su mejor amigo estaban pendiendo de un hilo.
La joven lo miraba atentamente, nunca había visto a su antiguo jefe tan agobiado, no pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas, ella lo amaba, a su pesar lo amaba; sabía bien que era un amor dañino, que él nunca le correspondería, al menos no de la forma que ella deseaba; pero qué podía hacer, nada, absolutamente nada.
Se acerco levanto con suavidad su barbilla, y lo beso rozando apenas sus labios, House se dejaba hacer sin protestar. Entonces Cameron lo tomo entre sus brazos, como si con la fuerza de su ternura pudiera apaciguar la tormenta que veía en sus azules ojos. Sin darse cuenta bien de lo que hacía él también la estrechó hundiendo la cabeza en su agitado pecho, y dejo que las lágrimas resbalaran por sus mejillas; ya no podía sostener la coraza por más tiempo, tenia que desahogarse con alguien o iba a perder la cordura. Ella pasaba una mano por su desordenado cabello, mientras que con la otra mantenía el abrazo. Lloraba junto con él, y ya no importaba qué sucediera después, en esos instantes ella conocía al verdadero House, en esos breves minutos de alguna forma lo sentía suyo.
- ... Allison, el dolor es insoportable, ayudame a levantarme.
Cameron lo miro sorprendida, nunca antes la había llamado por su nombre.
- Dale tiempo House, debes darle tiempo, Wilson está todavía muy dolido.
- Si hubieras escuchado todo lo que me dijo...
- No creas en todo lo que dice, está molesto con la vida. Tú eres una excusa para desquitarse. No hoy ni mañana, pero él terminará entendiendo que no tuviste la culpa.
- ¿Cuánto tiempo debo esperar?
- El que sea necesario.
Sin decir más la joven le paso una mano por la cintura mientras él se apoyaba en su hombro, así llegaron juntos hasta el estacionamiento.
- Ahora te necesito a ti además de mi bastón, si sigo así pronto necesitare que me lleven entre todos. Aunque Foreman de seguro me dejaba caer adrede, nunca le he gustado.
- Vamos, entra al auto.
El obedeció, no tenía ganas de llevarle la contraria, en realidad no tenía ganas de nada. No tardaron mucho en estar frente al 221 de ...... y subir hasta su departamento, ella entró junto con él y lo acompaño hasta su cama. Cameron seguía clavada a su lado, parecía esperar algo, una palabra, un gesto, y se quedaría allí para siempre; ahora mismo temblaba ligeramente a su contacto, su mano negándose a abandonar la suya. De pronto se encontró con la mirada de House, parecía leer en lo más hondo de sus pensamientos; ella se ruborizo y fingió arreglar sus cobijas para evitar sus ojos.
- No es buena idea Allison, no sería justo para ti. Una noche en la que yo ganaría más que tú y luego, qué te quedaría luego.
- Sí, ya había olvidado que... simplemente no puedes amarme.
Cameron se levantó, la escucho llegar hasta la puerta y luego el golpe seco de esta al cerrarse, después... solo silencio.

Continuara... (viene el cierre de la temporada)

22 agosto, 2008

Nada cambia, solo se transforma


House era como una fortaleza rodeada de espesos muros, nada podía entrar ni salir de ella. Sin embargo, en algunas ocasiones, los pesados postigos se abrían y se podía dar un vistazo al interior, muy breve... después, las puertas volvían a cerrarce como si una poderosa mano las hubiera empujado de golpe.

Eran tan pocos los que habían podido ver más allá de esos muros.
Eran tan pocos los que habían podido dejarlo sin palabras o remover algún sentimiento que él se encargaba de acallar rápidamente (los sentimientos impiden ver las cosas con objetividad), eran pocos los que habían logrado ese efecto en aquel genial hombre, y eso era decir bastante. Estaba aquella paciente Adler, aún recordaba sus palabras - "se esconde en su oficina y no quiere ver a los pacientes porque no le gusta como lo miran, la vida le hizo una mala pasada y se quiere desquitar con todo el mundo"- y Giles, el músico de jazz que le dijo directamente que toda aquella obsesión por resolver intrincados casos médicos solo respondían a una cosa, se aferraba a esto porque no tenía nada más; no había esposa, ni hijos, ni besos en las mañanas; a su pesar, en su interior sabía que aquello era verdad, tampoco había podido evitar una sonrisa sincera cuando Giles le extendió la hermosa trompeta que era su inspiración, bien guardada en un estuche. Aún podía recordar el cálido abrazo de Andie, la pequeña niña con cáncer que lo rodeo con sus brazos agradecida, y sabía bien que ella echaba por el suelo toda su teoría acerca de que "todos mienten", porque ella no mentía, como tampoco mentía Adam, el niño autista a quien él había entendido mejor que sus propios padres, cuando este le regalo su preciado video-juego portátil.
Pero así estaban bien las cosas, resolvía los casos porque eran un reto a su brillante mente, no por los aplausos ni las muestras de gratitud, tampoco le importaba que en más de una ocasión fueran otros los que cosecharan las simpatías de los paciente que él había salvado.

Sin querer, siempre era sin querer, había ocasiones en que hablaba de su vida... algo amargo, triste, un pedazo que guardaba muy hondo, pero que de pronto por alguna circunstancia saltaba de nuevo a su memoria y las palabras salían de su boca sin desearlo.
Recordaba a la muchacha que había sido violada, ella había adivinado su dolor, y sabía que nadie mejor que él podía entenderla; y no ceso de acosarlo hasta que se vio acorralado y tuvo que confesarle lo que su padre solía hacerle cuando se salía de sus estrictos parámetros, le contó que lo castigaba obligandole a dormir en el jardín o a bañarse con hielo. No podía pensar en su padre sin que el odio se instalará en sus azules ojos, sí, aquel odio que le había confesado a Cuddy cierta vez que sus padres vinieron a verle al hospital. El correcto señor House que había hecho de la verdad una regla inviolable. Recordaba que Cameron había escuchado sus palabras mezcla de amargura y tristeza - "mi padre se parece a ti, no en la extremada bondad, sino en esa moralidad casi enfermiza de decir siempre la verdad. Esa es una buena cualidad para un niño explorador o para un testigo policial, pero en un padre es un defecto"- la joven lo escuchaba en silencio con sus cálidos ojos verdes clavados en él, en realidad, siempre eran cálidos. Por eso se le grabo a fuego aquello, había aprendido bien la lección, pero en sentido contrario: "todos mienten"

Todo era tan contradictorio en House, inusual. Rechazaba el contacto con los pacientes, rehuía de cualquier vínculo con otra persona fuera de la índole que fuera. Con su grosería, su sarcasmo, su manera brutal de decir las cosas; podía mantenerlos a todos a raya, bien lejos de él. Y pese a esto tenía que reconocer que esa estupenda maquinaría que encerraba en su cráneo no podía echarse a andar si no tenía algunos elementos. Necesitaba alguien con quien discutir sus teorías; alguien que siempre estuviera de acuerdo con sus ideas, no importaba lo audaces que pudieran ser, pero también necesitaba una mente critica que le hiciera poner los pies en el suelo y porque no, alguien que lo admirara profundamente. Le hacía falta quien le obligara a ordenar su desempeño profesional que no dijera sí a todo, porque muy a su pesar tenía que reconocer que no siempre tenía razón.

También estaba ese dolor en su pierna, ese dolor que a veces se hacía insoportable porque era mucho más que un dolor físico, porque cada vez que este le hacía encogerse sobre sí mismo y agarrase a algún mueble le recordaba que la única vez que fue vulnerable, la única vez que se entregó a alguien, había quedado así. Así, así... con aquella enorme cicatriz que le recorría el muslo derecho y le había dejado una cicatriz más honda, más terrible, más dolorosa en el alma. Una pierna inútil que lo ataba para siempre a un bastón para sostener lo que quedaba.

Mantenerlos a todos a raya, fuera de su espacio, eso era lo mejor ¡nadie, nadie volvería a lastimarlo! Además siempre tenía a la mano su vicodin, una botella de wisky, sus discos, su piano, su guitarra, su moto y sus putas... no necesitaba más.

Pero había algo que no encajaba en todo aquello, una pieza que estaba fuera de lugar, y eso lo atormentaba, porque él amaba descifrar jeroglíficos, armar puzzles que nadie más podía armar. Y esa pieza le molestaba. Esa pieza tenía nombre y era Wilson, era su amigo, en realidad, su único amigo. Nadie lo conocía como el impecable Dr. James Wilson, era él el depositario de sus confidencias, sus temores, sus frustaciones, sus amarguras y sus tristezas. Había hecho lo imposible por alejarlo también de su lado; desde bromas pesadas hasta casi hacerlo perder su licencia médica e ir a parar a la cárcel, y sin embargo, allí estaba, siempre a su lado. Solo a Wilson le permitía decirle sus verdades, tirarselas a la cara sin miramientos, su voz resonaba en su cabeza como si fuera su conciencia, quizá por eso lo necesitaba, porque hasta donde recordaba él era un inconsciente. Pero esto no era suficiente, había cosas que no encajaban; era lo mismo que cuando escribía en su pizarra blanca con el marcador, apuntando los síntomas, clavando su mirada y repasando cada uno de ellos buscando la respuesta. Por qué Wilson permanecía a su lado, a pesar de todo y por qué él le permitía tantas cosas. Por qué era amigo de alguien tan opuesto a sí mismo. Wilson era sensible, amistoso, crédulo; además de preocuparse extremadamente por su imagen, nunca había nada en este hombre fuera de lugar desde su cabello bien peinado y cuidado hasta sus zapatos finos y perfectamente limpios. Mientras que él solo se bañaba, cogía lo primero que encontraba que todavía pudiera usarse, alguna camisa que jamás planchaba y un blazer, no importaba si combinaba o no; en cuanto el calzado, le bastaban un par de tennis, el cabello, que ya empezaba a ralear, siempre revuelto y la barba sin afeitar de dos o tres días, era tan molesto tener que hacerlo. Quizá solo era cuestión de costumbres, y simplemente sucedía que se había acostumbrado a su paciencia de santo; a sus llamadas de atención, suaves o rudas, pero siempre sinceras; a escucharlo cada vez que tenía un fracaso amoroso; a su deliciosa comida que el otro se dejaba robar con alguna leve protesta; a su silenciosa compañía, cuando todo lo que necesitaba era eso; a los ratos que lo buscaba en su consultorio para evadir las consultas, a Cuddy o simplemente para conversar. Tenía que admitir que Wilson de alguna forma que no sabía bien explicarse era importante, casi indispensable para seguir viviendo.

Y ahora, qué iba a hacer ahora. De nada le había servido su capacidad de deducción, había resuelto lo que aquejaba a Amber, pero tarde, demasiado tarde...
Está vez Wilson no iba a sonreír, a elevar sus ojos al cielo para pedir paciencia, no, esta vez no lo iba a perdonar. Había sentido su mirada cuando despertaba, cansado, medio muerto en una de las camas del hospital; era una mirada nueva, una mirada que pensó jamás vería en los ojos de su amigo. Había decepción, rabia, tristeza; todo junto y revuelto haciendo una mezcla imposible de tragar.
Recordaba con un escalofrío cuando le preguntó a su amigo si quería que arriezgara su vida para salvar la de Amber y el otro le respondió sin titubear con un movimiento de cabeza afirmativo. Y él fue literalmente a freírse el cerebro para poder recordar, recordar eso que le impedía diagnosticar a la joven, pero ahora ni siquiera eso contaba. Maldecía la hora en que se le ocurrió embriagarse y peor aún hacer esa llamada que cambiaría el destino de sus vidas, el de Amber para siempre, el de ellos... eso no podía saberlo.

Las cosas estaban así, y House sentía por segunda vez que las paredes le quedaban estrechas, el aire de la habitación era irrespirable, que estaba al borde de un abismo y nada podía detener su caída. Ya había experimentado todo aquello cuando Stacy se alejó de su vida... allí estaba ese dolor, que se escurría por sus pálidas mejillas transformado en lágrimas. Pero este dolor era más intenso que aquella vez, no estaba seguro si quería levantarse de esa cama y continuar viviendo; recoger los pedazos que aún le quedaban y volver a ser el médico más insoportable del Princeton- Plainsboro. Ya no tenía claro si debía hablarle, pedirle perdón o más bien suplicarle que lo perdone, acosarlo hasta que cambiará de opinión o dejar todo como estaba, esperar que las heridas se curaran, a que por algún milagro, Wilson volviera a ser el de antes. Pero él mejor que nadie sabía que hay heridas que no se curan jamás. Ahora otra de sus teorías se tambaleaba, "la gente nunca cambia".
Continuara....

18 agosto, 2008

Suspense!!!!!!!

A unas semanas del estreno de la quinta temporada de House MD (16 de septiembre, bueno en Estados Unidos, porque de seguro aquí nos llegará más tarde), y después del del estupendo capítulo "El corazón de Wilson", todos nos quedamos con la interrogante... ¿qué sucederá con la relación entre House y Wilson?. El actor Hugh Laurie ha adelantado que está va a ser difícil al principio pero que luego todo se arreglará entre ellos (ojalá, porque su amistad es uno de los soportes de la serie).
Me lanzó a una mini-encuesta, para poder escribir un mini-relato; es que estoy enganchada con la serie y necesito escribir... sino, mi neurona empieza a agonizar. Allí les va, y está pregunta se la hicieron en el programa de Lipton "Inside the actors studio"(de paso, un programa de entrevistas excelente). ¿Con quién se quedaría finalmente House?, a ustedes... ¿con quién les gustaría? (en la mencionada entrevista Hugh queda abierto a cualquier posibilidad)

House/Cameron

House/Wilson

House/Cuddy

Ya está, a ver qué sucede.

06 agosto, 2008

Por siempre

No sé porque hay ocasiones en que los recuerdos nos vienen, así, sin querer... una hoguera nos unió, pienso que para siempre.

Annie Proulx (Escritora)


Ang Lee (Director)



Heath Ledger (Actor) 1979 - 2008


Jake Gyllenhaal (Actor)



Michelle Williams (Actriz)



Anne Hathaway (Actriz)




Go to sleep, may your sweet dreams come true
Just lay back in my arms for one more night
I've this crazy old notion that calls me sometimes
Saying this one's the love of our lives.
Refrain:
Cause I know a love that will never grow old and
I know a love that will never grow old.


When you wake up the world may have changed
But trust in me, I'll never falter or fail
Just the smile in your eyes, it can light up the night,
And your laughter's like wind in my sails.
(Refrain)


Lean on me, let our hearts beat in time,
Feel strength from the hands that have held you so long.
Who cares where we go on this rutted old road
In a world that may say that we're wrong.
(Refrain)



El tiempo es simplemente impredecible.

04 agosto, 2008

¿Dónde estas corazón?


¿Dónde estás corazón?
ayer te busqué
entre el suelo, y el cielo, mi cielo
y no te encontré
y puedo pensar que huyes de mi
porque en el silencio una corazonada
me dice que si.

¿Dónde estás corazón?
ven regresa por mi
que la vida se me vuelve un ocho
si no estás aquí
y quiero pensar
que no tardarás
porque en el planeta no existe
más nadie a quien pueda yo amar.

¿Dónde estás corazón?
ayer te busque
¿Dónde estás corazón?
y no te encontré


¿Dónde estás corazón?
saliste de aquí
hay buscando quién sabe
qué cosas
tan lejos de mi
y puedo pensar
y vuelvo pensar
que no tardarás
porque en el planeta
no existe más nadie
a quien pueda yo amar.

Te busqué
en el amario
en el abecedario
debajo del carro
en el negro, en el blanco
en los libros de historia
en las revistas
y en la radio.
Te busqué por las calles
en donde tu madre
en cuadros de Botero
en mi monedero
en dos mil religiones
te busqué hasta
en mis canciones.

Hay, cómo extraño mi conexión a internet!!!

La canción es de la siempre linda Shakira

23 julio, 2008

Lejana tierra mía

Para Julio César
Fue en 1932 cuando ocurrió el encuentro de Alfredo Le Pera y Carlos Gardel. Los Estudios Paramount encontraban algunos problemas para sus argumentos; así que Gardel pensó en Le Pera para que se hiciera cargo de los textos y guiones, como de las canciones. Y Así fue que Le Pera, se convirtió en una febril máquina de escribir. Películas olvidables con canciones inolvidables. Una treintena de piezas junto a Gardel.
Fue el poeta, olvidado o menospreciado, siempre a la sombra del genial Gardel y sin embargo el destino le otorgó un lugar secundario, glorioso y sombrío al mismo tiempo.
Una anécdota de los primeros encuentros compositivos entre Gardel y Le Pera cuenta que el cantor se quejaba de que el letrista no "captaba su estilo". "Tenés que escribir a mi medida", le dijo Gardel. Le Pera tomo la queja con humor: "Carlos, vos no necesitas un letrista. Necesitás un sastre".
Hay otro anotación importante que hace Anibal Troilo en 1970: "Gardel era un tipo inteligente. Y un síntoma de esa inteligencia es haber recurrido en el exterior a una pluma como la de Alfredo Le Pera. Estaba solo, rodeado de franceses primero, y de norteamericanos luego. Esa gente podía perderlo. Los dos hacen una trampa portentosa: conservan lo nuestro en un ambiente completamente extranjero"

Cabe anotar que Alfredo Le Pera nace en junio de 1900 en Cidade Jardim, San Pablo, Brasil. Sus padres inmigrantes del sur de Italia, quisieron "hacer la América" en San Pablo, pero el destino los llevaría a radicarse en el barrio porteño de San Cristóbal.

Datos: "El Clarín" Mariano del Mazo

LEJANA TIERRA MÍA

Letra: Alfredo Le Pera
Música: Carlos Gardel

Lejana tierra mía,
bajo tu cielo
bajo tu cielo,
quiero morirme un día
con tu consuelo
con tu consuelo.
Y oír el canto de oro
de tus campanas
que siempre añoro;
no sé si al contemplarte al regresar
sabré reír o llorar.

Silencio de mi aldea
que sólo quiebra
la serenata
de un ardiente Romeo
bajo una dulce
luna de plata;
en un balcón florido
se oye el murmullo
de un juramento
que la brisa llevó con el rumor
de otras cuitas de amor.

Siempre está
el balcón
con su flor
y su sol...
Tú no estás, faltas tú,
¡Oh, mi amor!

Lejana tierra mía,
de mis amores,
cómo te nombro;
en mis noches sin sueño,
con las pupilas
llenas de asombro.
Dime, estrellita mía,
que no son vanas mis esperanzas;
bien sabes tú que pronto he de volver
a mi viejo querer.



Diecisiete años a la espalda eran muy pocos y demasiados para un muchacho que como yo, quería abrir las alas y volar muy alto. Que cansado estaba de servir mesas, lavar los trastos y llevarme a sus casas a los clientes que se pasaban de copas. Y es que todos nos conocíamos ahí, y aquel era el un restaurancito que más parecía una segunda casa para todos los del barrio. Mi padre era quien lo llevaba con aplomo y con un entusiasmo envidiable; nunca parecía cansado, ni triste. Desde que murió mi madre, hace ya como diez años, se dedico con más ahinco al lugar. Y el ajetreo de los clientes, el traer y llevar tragos y meriendas se fue convirtiendo en su razón de vivir. Y yo era... no sé bien qué era yo... si su empleado, su hijo, su compañero o la sombra de mi madre; porque por "desgracia", yo se la recordaba todo el tiempo, y es que solo hacía falta echarme una ojeada para saber que era el hijo de Malena, la hermosa Malena.
Fue una tarde, tirado en la cama, después de una agotadora jornada, que perdí la rienda de mis sueños y me remonte más lejos que nunca. Ese día decidí que ya estaba cansado de platos y guisos, que yo ansiaba algo más, que yo amaba el pianito de mi madre que tocaba a escondidas... porque siempre que mi padre me escuchaba, las lágrimas brotaban de sus ojos a su pesar.
Ella me había enseñado mucho sobre música, y es que doña Malena, venía de una buena familia venida a menos, de esmerada crianza; ella me enseño mucho más que lo que aprendí en todos los años de escuela. Me enamore de las melodías que sus deditos largos y blancos arrancaban al instrumento y así... guarde mi sueño, hasta el día en que pudiera dejarlos volar, alto, muy alto.
Cuando le hable a mi padre de mi desición de marcharme a Francia para estudiar música, su rostro se puso muy pálido, no hubo un reproche de sus labios, tampoco una sonrisa. Me miró largo rato, con sus pupilas grises y se dio la vuelta sin decirme una palabra.
La mañana que partí estaba solo, con mis pocas pertenencias que cabían bien en una pequeña y gastada maleta y con todos los ahorros que había reunido para aquel día.
El bullicio de la gente, los abrazos, las despedidas; todo me llenaba de tristeza. Recordé a Estela, una novia que tenía que nunca me hablo de uniones eternas, me amaba así, con la fuerza de sus años, sin vanos juramentos ni falsas promesas. Espere un rato en el andén por si aparecían mi padre o ella. Pero el pregonero dio el último aviso... y tuve que subirme de prisa a mi vagón de tercera, acomodarme en mi asiento y dejar caer las lágrimas para no ahogarme de pena.
El tren empezaba a marchar con su ruido infernal, entonces... fue entonces que alcance a ver a mi padre, llevaba de la mano a Estela... corrieron hasta alcanzar mi ventana, yo la abrí prontamente. Me echo un paquetito sobre las rodillas y sonrió tristemente. Estela cogió mi mano y me dejo unos papeles en ella.
- Si alguna ves podés, volvé hijo mío.
- No me olvidés Marcos, no me olvidés.
Y las palabras se perdieron en el ruido de las máquinas, en los gritos de la gente, en el frío de la mañana. Abrí el paquetito, eran mis empanadas preferidas, y en el fondo, bien envuelto en un papel, sus ahorros. Apreté el papel contra mi corazón, fue cuando comprendí cuanto me amaba mi padre. Los papeles de Estela estaban plagados de manchones, yo adivinaba sus lágrimas en ellos; todas eran palabras de buenos deseos, me decía que me amaba, pero que amaba mucho más mi felicidad.
Los principios fueron duros; dormir en las plazas, comer lo que buenamente conseguía de algunos compatriotas, hacer de todo un poco para ganarse unos francos. Pero yo sabía que no era uno más, sabía que llevaba algo en mí. Así, en unos meses, ya tocaba en algunos bares y cosa rara, la gente no seguía charlando, como si yo fuera parte del mobiliario. Todos se quedaban en silencio al escucharme. Había muchos que venían de mi tierra, y cuando les tocaba un tango y cantaba para ellos... mal disimulaban una lágrima... ¿quién no añora la tierra en que nació?
Así, fui escalando, paso a paso, agarrándome con las manos y las uñas a cada oportunidad; dejando trozos de piel en las ásperas piedras. Llegue a prestigiosas Escuelas, estudie con afamados maestros.
Han pasado veinte años, desde que llegue a París, ahora doy conciertos en los teatros más selectos. Las revistan se pelean por un reportaje mío, las mujeres me persiguen. He conseguido cuanto he querido y más. Cada mes religiosamente le envío un giro a mi padre. Intercambiamos algunas cartas, algunas llamadas; en esos días especiales como Navidad y los cumpleaños. Me dice que Estela sigue sola, que nunca se ha querido casar, que cuida de él como una hija.
Pero el destino traza sus propios caminos y un día mis pasos me llevaron de nuevo por aquellos pueblecitos donde un día empecé... alguien tocaba una canción acompañado por un bandoneón... Yo me dije: pero... si yo conozco esa canción... oh, lejana tierra mía, cómo te extraño, cómo me golpea el pecho las ansias de volverte a ver.
Veinte años ya es mucho, que es un soplo la vida y quizá ya no encuentre lo amado cuando decida volver. Quiero ver el parpadeo de las de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno... quizá sean las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor... pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar...y aunque el olvido, que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón.
Lejana tierra mía, hoy preparó mis maletas y vuelvo a respirar tu aire, a caminar bajo tu cielo azul. Hoy vuelvo a ver a mi padre... y a mi Estela, mi estrellita que no ha sabido olvidarme... como tampoco yo la olvide.

10 julio, 2008

Adios mi querida Sandy


Sandy fue mi amiga por dos años, juntas compartimos muchas cosas. Nuestra pasión por Tolkien y Star War, ella era una fanática, tenía algunas réplicas de navecitas y todo.
Hace unos meses le diagnosticaron cáncer al estomágo, cuando la operaron descubrieron que ya el tumor había tomado gran parte de los otros organos y ya no habia nada que hacer.
La visite tanto como me fue posible, recuerdo la última vez que la cuide, yo soy un poco nerviosa, así que me la pasaba pendiente de ella, por sí necesitaba algo. Ya estaba muy débil para conversar, pero a pesar de todo seguía manteniendo su espiritu fuerte y luchador y estoy segura que nunca se rindió, hasta que al final la muerte le gano la partida.

Sandy, no se si hay un lugar a dónde vamos después de este mundo, solo quiero que donde estes finalmente estes tranquila, libre de las malditas inyecciones de morfina, de depender de los demás para todo, de los malestares. Quiero que me perdones porque no te visite lo suficiente, porque a veces prefería quedarme en casa.
Nunca pudimos regresar a la playa como queríamos... pero esperame, en algún momento yo estaré contigo y volveras a ser esa chica bonita y risueña que siempre fuiste y esa es la imagén que de tí quiero guardar.

PD. Sandy es la chica de casaca.

03 julio, 2008

A mi Colombia bella, a mi Dark

FELICIDADES COLOMBIA!!!!!!
FELICITACIONES SR. PRESIDENTE ALVARO URIBE.
AL FINAL LA LIBERTAD HA LLEGADO

15 junio, 2008

Hasta la vista, GRACIAS


Había olvidado lo bien que se siente aquí; el olor a pino fresco, el rumor del río cristalino. Había olvidado el sol de verano calentando las piedras, el viento fresco, limpio. Había olvidado las noches estrelladas y el calor de las hogueras, y hoy de pronto todo vuelve a mi memoria... será que cuando debemos dejar un lugar de pronto nos damos cuenta de lo bueno que era.
Yo no quiero irme, pero hay ocasiones en que no hay elección. A dónde irán a parar ahora mis palabras, mis poemas, mis relatos; qué haré con todo lo que aún no dije, con las cosas que se quedarón pendientes. Qué haré con los valses y los tangos; las líneas de Nazca, Van Gogh, Chopin, Silvio, los Muppets. Todo lo que quise y no pude publicar.
Amigos ya no podré estar con ustedes, no sé cuándo ni cómo seguiré publicando, ni qué día pasaré a dejarles una flor amarilla, pequeñita en la ventana de sus casas.
Pero no me resigno a dejar este espacio que ya es parte de mi vida, como el café que te tomas en la mañana, como la sonrisa amable del portero, como la caricia al perrito del vecino, como los paseos cortos por el parque, y las visitas al mar... como el aire que respiras.
He superado tantas cosas, ha de haber alguna manera... y yo voy a encontrarla, un día, un día, quizá pueda arrancar por ahí unas horas y serán las mejores porque estaré con ustedes y ustedes conmigo.

Pero hoy no quiero pensar en eso, mañana lo haré. Después de todo, mañana es otro día.

¡Hasta la vista.!

Pe-jota y Pon, que la última entrada era para ustedes, House, por supuesto.
PD. Desde el martes ya no tendré acceso a internet.

11 junio, 2008

House again

Hacía mucho que el personaje de una serie no me cautivaba tanto, tuve la oportunidad de adquirir la Primera Temporada de "Dr. House M.D." y he echo una auténtica maratón. Es que engancha de una manera increíble y una se ve capítulo tras capítulo sin pestañear.
Desde que mi querido Un-ángel, me la recomendó... creó que ni él mismo sabía que estaba convirtiendo a su amiga en una verdadera "adicta", atrape la serie en su quinta temporada en el capítulo "Congelados" y de allí he seguido a House en sus intrincados diagnósticos.

Especialmente me gustaron dos capítulos de está primera temporada; uno es "Orden de no reanimar", en está historia debe tratar a un famoso músico (trompetista) que sufre de esclerosís lateral amiotrófica y tiene un paro respiratorio en medio de una grabación. House no está convencido de este diagnóstico y se lanza con su equipo a evaluar los síntomas del paciente, hacer exámenes y tratamientos tentativos. Solo que hay un problema, el paciente no desea ser resucitado en caso de entrar en crisis (no quiere una muerte lenta), pese a la prohibición, House se rehusa a dejar morir al paciente sin hacer nada, lo que lo lleva hasta los Tribunales por desacato y a enfrentarse con el médico personal del músico. En un dialogo que sostiene con el paciente, este le dice a House que más que recuperar el movimiento de su brazo, lo que desea es tener el suficiente aliento para volver a tocar. Le dice que es un solitario, no tiene hijos ni mujer que lo esperen, lo único que tiene es su música, observa a House y se da cuenta que es muy parecido a él, solo tiene su trabajo. Al final del capítulo, ya recuperado, y caminando con la ayuda de un bastón le obsequia al médico lo más querido para él, su trompeta.

El segundo es el penúltimo capítulo de la temporada "Tres historias", donde se revelan los pormenores que redujeron a House a su actual estado. Un capítulo MAGISTRAL; luego, buscando información en internet me enteré que este capítulo recibió un Emmy como "Mejor guión de una serie Dramática" en el 2005, y que este episodio está considerado como uno de los mejores capítulos de la historia de la televisión. 'Tres historias" figura entre las "Diez horas de drama imprescindibles en el nuevo milenio" del libro "Prime time: las mejores series de TV americanas".

La historia empieza cuando House debe reemplazar a otro médico que ha enfermado en una charla a un grupo de estudiantes. Alguien muy importante regresa a su vida, Stacy su antigua novia, ella viene a pedirle que tome el caso de su esposo a lo que él se niega terminantemente. Al iniciar la charla la sala luce algo vacía, pero al terminar esta completamente llena, incluso Foreman, Chase, Cameron y Wilson están presentes sentados al final.


Conforme avanza la exposición Foreman reconoce que House está hablando sobre su propio caso. Narra tres casos: uno es sobre un granjero picado por una víbora en la pierna, otra sobre una jugadora de voleyball que sufre un dolor repentino también en la pierna durante un juego y el tercero es de un paciente que supuestamente finje para obtener medicación (adicto). Con su clásico "humor", House entremezcla a la guapa Carmen Electra convirtiéndola en el granjero para agregar un poco de morbo.


Pero luego al historia toma un giro completamente dramático, somete a los alumnos a una presión increíble, les indica los síntomas, les pide que hagan un diagnostico; cuando uno de ellos se queja diciendo que es imposible pensar con tanta presión, House le responde que será mucho peor cuando tenga que tomar decisiones estando en juego la vida de un paciente. Les dice también que en la carrera de medicina van a cometer algunos errores y terminarán matando a alguien, y si no son capaces de vivir con ello, entonces deben dedicarse a otra cosa. Resulta que los tres casos convergen en uno, el de House, fue diagnosticado y tratado por afecciones distintas: antivenenos, antibióticos y reposo. Tratamientos errados que solo lograron que la verdadera causa del dolor en la pierna avanzara hasta hacerse irreversible... un infarto que había provocado la interrupción de la circulación en la pierna y la muerte de parte del tejido muscular. Solo queda una alternativa amputar la pierna, House se niega a perderla hasta bromea un poco - pero si está conmigo desde que tengo memoria - el plantea otra solución, extirpar el coagulo y restablecer la circulación en la pierna, pero Cuddy le dice que por la cantidad de tejido muerto el dolor será insoportable.


Efectivamente, así lo es, House no soporta el dolor. El mismo revisa sus niveles de potacio y se da cuenta que en cualquier momento sufrirá un paro cardiaco. Se lo dice a la enfermera que lo atiende y casi al instante se produce el paro, permanece clínicamente muerto por un minuto. Tras superar el paro y debido a los agudos dolores le pide a Cuddy que lo ponga en coma con medicamentos para poder aguantar el dolor en sus fases más agudas. Durante todo este tiempo Stacy(su novia), está a su lado. Antes de perder el conocimiento House le dice - te amo- y ella le responde que también lo ama y le pide perdón, House le dice que no hay nada que perdonar. Stacy estaba pidiéndole perdón por lo que iba a hacer. Al estar House en coma y su vida en peligro, la desición esta en manos de ella. Cuddy había hablado de una tercera opción que consistía en retirar el músculo muerto pero esto provocaría la perdida casí total del uso de la pierna además de un dolor crónico. Stacy opta por está medida.

Al finalizar la clase, se ve a House sentado apoyándo la cabeza sobre su bastón, sale y llama a Stacy para decirle que tomará el caso de su esposo.

Les contaré que alguna vez quise ser médica, postule a la Facultad de medicina de la Universidad Nacional de San Marcos; pero por desgracia... o afortunadamente para mis pacientes, mi puntaje, pese a ser bueno no alcanzó los niveles requeridos. House me ha regresado a esas épocas, y ahora estoy revisando mis antiguos textos para poder seguir la serie, en la que se mezclan una serie de términos médicos.

10 junio, 2008

Óyeme esto y dime lo qué piensas tú

FÁBULA DE LOS TRES HERMANOS
Silvio Rodríguez

De tres hermanos el más grande se fue
Por la vereda a descubrir y a fundar
Y para nunca equivocarse o errar
Iba despierto y bien atento a cuanto iba a pisar
De tanto en esta posición caminar
Ya nunca el cuello se le enderezó
Y anduvo esclavo ya de la precaución
Y se hizo viejo, queriendo ir lejos, con su corta visión

Ojo que no mira más allá no ayuda el pie
Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

De tres hermanos el de en medio se fue
Por la vereda a descubrir y a fundar
Y para nunca equivocarse o errar
Iba despierto y bien atento al horizonte igual
Pero este chico listo no podía ver
La piedra, el hoyo que vencía a su pie
Y revolcado siempre se la pasó
Y se hizo viejo, queriendo ir lejos, a donde no llegó

Ojo que no mira más acá tampoco fue
Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

De tres hermanos el pequeño partió
Por la vereda a descubrir y a fundar
Y para nunca equivocarse o errar
Una pupila llevaba arriba y la otra en el andar
Y caminó, vereda adentro, el que más
Ojo en camino y ojo en lo por venir
Y cuando vino el tiempo de resumir
Ya su mirada estaba extraviada entre el estar y el ir

Ojo puesto en todo ya ni sabe lo que ve
Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú

Con un toque de ironía el maestro Silvio Rodriguéz, nos da una lección. Para esos días en los que no se sabe para dónde tirar: "Arriesga, porque de lo contrario no irás a ningún lado; piensa en el futuro, pero recuerda que este es el fruto de los pasos que des cada día; no quieras avanzar cargando con el pasado, porque solo será un estorbo"

Y yo te digo... ¿Dime lo qué piensas tú?

Para Dark

Mucho me temo que he tocado fibras demasiado sensibles, por eso he decidido levantar la entrada anterior.
Pido disculpas de corazón a mi querido Dark.

06 junio, 2008

Belleza americana

Ya me puse apasionada con "Tadzio", medio nostálgica con "Hoy me acordé de tí", y ahora me voy a pone un poquitín frívola, la serie "Supernatural" es buena... pero Jensen... está buenazo.




Jensen Ackles, nace el 1 de marzo de 1978 en Dallas, trabajo como modelo infantil hasta que en 1996 se decide a dedicarse a la actuación.
Tras su incursión como modelo, Jensen se centró en su carrera de actor, hizo pequeños papeles para series de televisión como: "Seventh heaven", "Mr. Rhodes", "Sweet Valley High" y "Cybill". Su primer papel importante fue en la telenovela "Days of our lives", al año siguiente consigue un premio como mejor actor por su papel como Eric Brady, en la citada telenovela.

En el 2002, comparte roles junto a James Cameron y Jessica Alba en la serie "Dark Angel" que se matuvo al aire por dos años. En el 2003 en la popular “Dawson Crece”, da vida a C.J. y de allí da el salto a la serie "Smalville" donde hace el papel de Jason un entrenador de fútbol americano y novio de Lana.
Pero fue en el 2005 donde alcanza la fama con el papel de Dean Winchester junto a Jared Padalecki (Sam Winchester), como su hermano en la serie. Dean es cínico, irreverente, mujeriego y poco sentimental; su padre le instruyo para que ser siempre fuerte y cuidar de su hermano. Es precisamente Sam, la única debilidad de Dean, hasta el punto de que no duda en vender su alma para salvar la vida de su hermano.





Ambos en su Chevrolet Impala negro modelo 67, van por todo el país, investigando y combatiendo sucesos paranormales e inexplicables, muchos de ellos basados en leyendas urbanas del folklore estadounidense; además de criaturas sobrenaturales clásicas, tales como vampiros, licántropos, demonios y fantasmas.



El último capítulo de la tercera temporada fue trasmitido (en Perú), el día de ayer. La hora de pagar su deuda ha llegado para Dean, nada puede hacer el desesperado Sam por librar a su hermano de los "sabuesos del infierno" que vienen a reclamar su presa. Son seres invisibles, pero se ve como hieren al indefenso Dean en su afán de arrastrarlo a sus dominios. Sam llora impotente abrazado al cuerpo sin vida de su hermano, ahora Dean acozado por los sabuesos, clama por su hermano desde las profundidades del averno. ¿Qué sucederá con él ahora? ¿Lo estarán esperando todos los demonios que mando de vuelta a su lugar para vengarse?.

La cuarta temporada va para setiembre y aseguran que Ackles seguirá interpretando a Dean... eso espero... ¡Más les vale!

Datos: Wikipedia, Página Web "Supernatural"

04 junio, 2008

Hoy me acordé de ti


Hoy he cerrado mi ventana
y he pensado en ti,
quería recordarte esta mañana.

Me pregunte:
¿Será feliz,
en donde vivirá,
será una hombre enamorado?
Me respondí que no,
porque el amor
es solo flor de un día.
Me respondí que no,
porque lo nuestro
no lo olvidarías.
Me respondí que no,
porque no es fácil
olvidarlo todo.

El ruido de la lluvia
me aparto de ti,
y me he quedado sola.

No se por qué,
cuando estoy sola
te recuerdo aún
será que el vino
excita la memoria.

El ruido de la lluvia
me aparto de ti,
y me he quedado sola.

Hoy me acorde de ti, serán estos días grises y fríos que nos hacen buscar refugio entre los recuerdos.
Simpatizamos desde el primer día que nos vimos; eras apuesto, alto, delgado, de ojos verdes y claros. Siempre sonreías al verme, era una sonrisa ancha, que te venía desde el corazón y esa sonrisa se adentraba en el mío como un torrente de agua cristalina y pura.
Me acompañabas al paradero y te quedabas a mi lado, no importaba el tiempo que pasara, desmenuzabamos los minutos conversando, parecía que nunca se nos agotaban los temas para una buena charla. En otras ocasiones cuando traías tu coche me acercabas hasta mi casa.
Tú no lo sabes, pero una vez te seguí, quería saber dónde vivías, y hasta ahora recuerdo tu jardín y tu calle. ¡Que locura!, pero qué no daría por repetir esas locuras.
Cierta vez me puse un vestido que me gustaba mucho, olvide ya por qué había tenido que bajar al taller... tú te me quedaste mirando, como jamás nadie me ha vuelto a mirar. Era como si yo fuera lo más bello que había sobre la tierra, tu mirada verde se quedo en mis ojos y yo me ahogue en los tuyos.
Pero la vida es extraña, siempre llego tarde a todas las cosas importantes, el reloj de mi destino parece haberse averiado hace mucho tiempo.
Confidencialmente le conté lo que sentía a un buen amigo, que también lo era tuyo y el me dijo que nada sería posible entre nosotros, estabas a punto de casarte.
¿Casarte?, ¿cómo podías casarte y mirarme de aquella forma?
La última vez que subí a tu auto azul, parecías enterado de todo, estabas triste, tomaste una agenda de la guantera y me pediste mi número de teléfono, escribiste mi nombre y luego te llevaste la agenda al corazón y me dijiste que allí la guardarías siempre, me diste un beso suave, un abrazo intenso. Al poco tiempo te retiraste de la empresa, ya nunca más supe de ti.
Danilo, mi recuerdo más dulce, ¿qué será de ti?, ¿serás feliz?, ¿tendrás muchos niños? ¿alguno tendrá tus ojos de hierba fresca?,¿ te acordarás de mí alguna tarde?
No sé por qué hoy te he recordado... serán estos días grises que excitan la memoria.

Canción: José Luis Perales