26 diciembre, 2008

El final de los Harker

Quincey era diferente a los otros vampiros que aun pueblan la tierra; su transito a esa existencia de sombras no había sido por la muerte luego de ser atacado y despojado de su vida como mortal. Fue a través de la sangre contaminada de su madre que adquirió esta condición. Mina fue atacada siendo muy joven, apenas había llegado a los veinte años.
La vida de Harker Morris transcurrió tranquila; entre el temple que su padre le transmitía y la dulce sabiduría de su madre. Respetuoso y aplicado como alumno, noble y generoso como amigo; aquellas eran las cualidades que le habían distinguido durante su trunca vida como estudiante. Jonathan lo veía crecer y su corazón de padre se llenaba de orgullo. De su madre había heredado los ojos azules y de Jonathan el negro azabache de sus cabellos.
Al llegar a los diecinueve años cambios al principio muy sutiles empezaron a operarse en el muchacho, Van Helsing, asiduo visitante de la pareja reparó en aquellos cambios. Los paseos de Quincey al aire libre junto a Mina, cuando el sol resplandecía se fueron haciendo cada vez más escasos, era como si de alguna forma aquella luz lo lastimara. Un atardecer Van Helsing tuvo que cubrirse los ojos para que el dolor de su descubrimiento no lo matara, la sombra del muchacho era tan difusa que parecía ya no existir. Nada de esto pasaba desapercibido para Mina, ya en la época en que ella y sus compañeros dedicaron sus existencias a terminar con el conde había dado muestras de una aguda inteligencia; está unida a su intuición de madre le decía que algo terrible ocurría con su hijo. Solo Jonathan parecía ajeno a todo. Fue un día de abril, el vigésimo de su existencia, cuando el sol se ponía en el horizonte que Quincey lanzó un grito casi inhumano que heló la sangre de los que habitaban la casa de los Harker. Todos corrieron hacía las escaleras, cuando llegaron a la habitación del joven lo encontraron frente al espejo que había detrás la puerta de su armario... ¡su imagen no se reflejaba en este! Cómo describir aquel instante de tristeza y angustia, el infeliz fue a refugiarse en brazos de su madre y de pronto tuvo que apartarse, la delicada cruz que ella siempre llevaba en el cuello le rozo la mejilla, su contacto fue como el de un metal calentado al rojo vivo. No grito, no profirió una palabra, solo las lágrimas resbalando por su rostro eran testimonio del terrible dolor que aquel contacto le había producido.
Jonathan se tomo el pecho y lanzando un gemido cayó desplomado al piso, Van Helsing corrió hacía él, pero su corazón ya se había detenido; había sobrevivido a su estancia en el castillo del abominable conde, al aciago día en que el alma de Mina fue corrompida. Ahora ver a su hijo convertido en lo único que alguna vez odio era demasiado.
El entierro se realizó al atardecer del segundo día de su muerte. Mina ya no lloraba, la delicada mano descansando sobre su pecho y su extrema palidez todo lo decía.
El destino de su hijo se había trazado desde que fue concebido, pero solo ahora se hacía patente. El tiempo se detuvo desde aquel día para Quincey, tendría una juventud eterna, pero comprada al precio de su alma. Pronto el comer o beber le producía repulsión, solo una cosa ansiaba para sobrevivir, la sangre de otro ser vivo; cuando esta necesidad fue apremiante, el muchacho supo que era el momento de dejar atrás todo lo que había amado, su vida como la conoció ya nunca volvería a ser la misma.
Wihelmina Harker sobrevivió solo unos meses a la partida de los dos seres que más había amado, se sumió en la más honda depresión; las puertas de su casa solo se habrían para recibir a su querido amigo Abraham Van Helsing.
- Mina, no es tiempo aún de morir, la muerte es para los viejos como yo.
- Mi buen profesor... ¿acaso se puede vivir sin corazón? El mío está muerto hace mucho, lo que ve es solo un cuerpo que vive porque la naturaleza así se lo impone, y porque no me es permitido dar fin a mis días.
- No hable así Mina, ya una vez me pidió la muerte y yo juré dársela, pero era por salvar su alma, si usted se deja morir...
- Profesor, si supiera algo de Quincey, Dios mío, por lo menos podría tener una noche de sueño.
- Sabe bien que ya muy pocas cosas pueden hacerle daño.
- ¡Condenado!, mi pobre hijo condenado sin haber cometido falta alguna. Dígame profesor, y sea completamente sincero, ¿se convertirá en algo demoníaco como el conde?
- Mina... él ya no pertenece al mundo de los vivos, la bondad trasmitida por Jonathan y por ti atenuaran de alguna forma sus instintos; estoy seguro que nunca matará, pero igualmente sé que la maldad no le será ajena.
Mina tomó la mano del profesor y la beso con ternura.
- Una promesa amigo mío, una promesa.
- Mina, adivino lo que va a pedirme... por amor a Dios... ¡no lo haga!
- Prométame que buscará a Quincey y librará su alma del infierno.
Una gruesa lágrima resbalo por la arrugada mejilla del profesor, y asintió porque la tristeza no le permitía hablar. Vio a Mina sonreír y cerrar sus dulces ojos para siempre.
Pero los años tienen pies ligeros Van Helsing buscó inútilmente al joven, agoto el resto de sus energías hasta carecer de ellas. En su lecho de muerte, solo repetía el nombre de Mina pidiendo su perdón.
Antes de marcharse Quency buscó las hojas mecanografiadas de las que su madre le había hablado. Eran los diarios que sus padres, John Seward y Lucy Westenra habían llevado, así como alguno que otro artículo que los periódicos locales publicaron sobre extraños hechos y que Mina inserto al suyo. En aquellas hojas estaban plasmados todos los horrores, peligros y angustias que aquellos valerosos hombres habían vivido y de los que no estaba excluida su madre.
Se estremeció ante las acciones cometidas por Lucy luego de convertirse en una no muerta; carente de piedad, solo dispuesta a obtener su alimento sin importar hacer presa de pequeños niños. Los sufrimientos de su pobre madre, su corazón se enfurecía al pensar que aquellos odiosos labios se hubieran depositado en su suave cuello para beber de su sangre. El valor de su padre, su entereza, la nobleza de sus sentimientos. Desafortunadamente también encontró información sobre aquellas cosas que podían destruir o detener a seres como él: ahora estaría alerta a las cruces, las hostias consagradas, las balas de plata bendecidas, las estacas en el corazón y las flores de ajo.
Ahora conocía también los poderes que había adquirido; podía cambiar de forma y convertirse en lobo o murciélago; tenía limitado poder sobre los elementos, podía crear niebla a su alrededor para protegerse o invocar tempestades, cruzar el mar durante la marea alta; igualmente podía hacerse obedecer por animales, como los lobos, las ratas, los murciélagos y los mochuelos; podía aparecerse en los rayos de luna en forma de motas de polvo, disminuir de tamaño... y sin embargo no era libre, nada podía hacer hasta que el sol se ocultará.

Todos los personajes mencionados; así como algunos informes necesarios para continuar la historia, pertenecen al escritor irlandés Bram Stoker.

7 comentarios:

AnCris dijo...

ME
EN
CAN
TAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Un beso!

Marga dijo...

Lo he leído dos veces para empaparme bien y no perderme ningún punto ni ninguna coma.

¿Me puedes explicar cómo demonios haces para escribir tan bien?

Estoy hechizada por tu relato, eso sí, esta noche me meto en la cama con ajos y una cruz por si las moscas...

¿Sabes? los vampiros me dan mucho miedo de verdad, no es broma, a veces por las noches por donde vivo se ven pequeños murciélagos, muy pequeñitos, pero jopetas!!!, me vieras correr para llegar enseguida a casa.

De todas maneras sigo hechizada a tu relato, porque tú me hechizaste hace ya mucho...

Te quiero un montón preciosa flor.

Marga dijo...

Rosaaaaaaa,

regresa pronto que veo murciélagos por todas partes...

Miedito tengo.

Marga dijo...

Que alguien me aclare donde está el resumen, de (valga la redundancia) resumiendo cosas que aparece en el enlace de un-angelito!!!

¿Me he perdido o ya me ha mordido un vampiro????

Rosaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!

un-angel dijo...

Con la vorágine de fin de año llegué tarde a leerte, pero he de decir que es genial, creo que si alguien se hubiese planteado alguna vez escribir una continuación de "Drácula" no podría haberlo hecho mejor...ah, la maldición del conde se extendió hasta mucho más allá de su desaparición...estoy fascinado por el cruce de sangres del protagonista, la bondad de sus padres y la sombra del vampiro haciendo surgir en él todos esos terribles instintos...
Te superas día a día, guapisima...
Un beso de Año Nuevo.

El César del Coctel dijo...

Hola Rosita, me gustan mucho las historias de vampiros... sigue!!!, sigue!!!, sigue que estoy ancioso por saber más sobre los vampiros.... sonará raro, pero me gustan tanto, que para mi son casi como los héroes de las historias...jajaja

Un abrazo

Dalia dijo...

uy adoro las historias de vampiros!

estoy mas acostumbrada a las cinicas y oscuras historias de Anne Rice asi que leer sobre vampiros mas draculescos se me hace extraño... me encanta tu historia Rosa.