02 agosto, 2007

BBM: Quizás, quizás... quizás

De nuevo se olvidaban del mundo, de todo, incluso que la puerta había quedado entreabierta y que Alma los observaba. Ella cerró la puerta, su naturaleza simple no podía entender aquello. Solo sintió que algo moría en ella, y una amargura infinita se extendía por todo sus ser. Ennis se arreglaba la ropa y trataba de respirar hondo y serenarse; Jack seguia a su lado, sintiendo todavía en la boca el sabor de su saliva. Del Mar hizo una presentación formal. Pero Alma había visto lo que había visto y casi no podía articular palabra. Sentía el aire cargado de deseo, casi podía percibir el temblor de sus cuerpos. Por eso cuando Ennis se despidió a la ligera diciéndole que se iba a tomar unas cervezas con su compañero, entonces se sintió desfallecer, intento retenerlo con el pretexto de que le comprara unos cigarrillos; pero Ennis ya estaba a mitad de las escaleras - Alma, busca en el bolsillo de mi camisa azul.
Pero ellos no se daban cuenta de nada; solo eran consientes de las ansias de fundirse en el cuerpo del otro y apagar esa sed que los consumía. Pronto llegaron al Motel, una habitación barata que hedía a tabaco, a sudor, a cuero viejo, a suciedad... pero aquello importaba tan poco. Y se amaron como antes, con más fuerza, con más furia; devorando cada rincón, porque el tiempo nunca era suficiente.
- No me imaginaba que terminariamos así de nuevo - y Jack hundio la nariz en los rizos de Ennis, y luego una sonrisa traviesa se dibujo en los labios - no, si lo sabia, por eso volaba para llegar a tu casa. ¿Y tú?
Ennis sonreía de medio lado, intentando de disimular que sus ganas eran las mismas o más fuertes todavía - yo, no sé, supongo que también.
Volvieron a la mañana siguiente, Alma sentada con una taza de café entre las manos, esperaba, toda la noche la había pasado allí sentada... hasta que amaneció y se pintaron en el cielo las primeras luces del día. Ennis recolectaba algunas cosas y la echaba en un bolso, luego cogió su equipo de pesca y le dijo a su mujer que se iba a pasar unos días con Jack, iban de pesca a las montañas. Y los ojos de Alma se hicieron más inmensos; cada palabra que salía de la boca de su marido le sabía a hiel. Se asomo a la ventana y allí estaba Jack esperándolo - ¡Jack, maldito Jack! - cuando la camioneta arranco sintió que el corazón se le partía en dos, las lágrimas no eran suficientes para todo ese dolor. Apretaba a la pequeña Alma contra su pecho, por lo menos le quedaban sus hijas, ahora estaba convencida que eran lo único que tenía de Ennis, porque el amor, ese nunca lo tendría.
La brisa fresca en sus rostros; el aroma suave de los pinares, los cascos de los caballos hundiéndose en la tierra blanda; arriba el cielo y abajo...¡ la libertad!
Al anochecer, cerca al río y al calor de la hoguera; todo el tiempo para contarse lo que en esos cuatro años se había deslizado por sus vidas. Ennis se entero que también Jack se había casado, que tenía un pequeño de ocho meses, que Lureen era la hija de un viejo con mucho dinero que lo detestaba a muerte. Que ya había dejado los rodeos de forma definitiva; ya estaba bastante maltrecho para seguir con aquello, además se necesitaba dinero y Newsome no le soltaba ni un centavo. Ennis le contó de cuanto adoraba a sus pequeñas, de lo difícil que era darles una vida decente y de que Alma había tenido que empezar a trabajar para que las cuentas cuadraran a fin de mes. Jack observaba a su compañero feliz, recostado sobre una manta, con la mirada perdida en el cielo. Si el sentía lo mismo, entonces... había una esperanza.
- Sabes, mi padre tiene un pequeño rancho. Podríamos mudarnos allá y ponerlo en forma. Eso que llevas al lado de tu mujer no es vida y tú lo sabes.
- Yo quiero a mis hijas, además Alma no tiene culpa de nada. Eso que dices es imposible, dos tipos viviendo juntos, ni hablar. Esto es más fuerte que nosotros, si nos ocurre en el lugar y en el momento equivocado, somos hombres muertos.
Y la voz se le hizo amarga, era como si abriera una puerta que siempre permanecía cerrada; porque detrás de ella se escondían fantasmas terribles, recuerdos que se habían marcado de forma tan profunda y dolorosa como el hierro candente que marca el ganado. Le contó la historia de Earl y Rich; de como eran la burla del pueblo y de como el primero termino machacado con el gato de un coche. Su padre sonreía complacido, sosteniendo a su hermano y a él por los hombros para que no se marcharan, forzándolos a observar aquel macabro espectáculo. No, el no quería terminar tirado en una cuneta inundado de sangre .
Jack no dijo nada, pero se envolvió más en su gruesa casaca; de pronto un frío le recorrió el cuerpo, quizá aquello era demasiado fuerte... y ya no estaba tan seguro de vencer aquella nueva muralla. Le acaricio el rostro y lo atrajo suavemente hacía su cuerpo, su mano se deslizo tierna sobre su pecho. De pronto Ennis la retuvo se dio la vuelta y se reclino sobre el y de nuevo se amaron con la hoguera chisporroteando sobre sus cuerpos.
Descansaban agotados, aún entrelazados. Siempre Ennis enredado en el cuerpo de Jack, como un naufrago que se aferra a la tabla que es su salvación.
- ¿Y qué vamos a hacer ahora? Esto que sentimos no es juego Ennis.
- Tú tienes tu mujer y tu hijo, yo también tengo mi hogar. No hay nada que hacer. Solo podemos vernos de vez en cuando, lejos de todo.
- ¿Y qué es de vez en cuando?. Cada cuatro malditos años.
- Si algo no puede cambiarse, hay que aguantarse
- ¿Cuanto Ennis, cuánto?
- Hasta donde se pueda.
El tiempo pasaba llevándose todo a su paso. Alma nunca volvió a ser la mujer dulce de antes; aquella visión de los cuerpos masculinos enlazados, no se borraba de su mente y le amargaba la vida. Y así fue arrastrando todo en su hastío. Ya no le preocupaba mantener el orden en la casa. Por todos lados se amontonaban las cosas, mezcladas, como su propia vida. Pero el fin se precipito una noche cuando estaban en la cama y Alma le pidio que tomaran precausiones, Ennis le dijo con amrgura que si no quería más hijos, ya no la tocaría; ella le replico en el mismo tono que los tendría si el los mantuviera. La separación fue ya inevitable. Alma obtuvo la custodia de las niñas y el derecho a una pensión de manutención hasta que alcanzaran la mayoría de edad. Mientras le leían las claúsulas del divorcio Ennis apretaba los labios y los ojos se le llenaron de dolor.
Ahora Ennis era libre de nuevo. Jack apenas se entero del divorcio, tomo su camioneta y se lanzo a la carretera. Pisaba el acelerador sintiendo el viento en el rostro y la sonrisa amplia, imaginando que ahora todo estaba bien, que por fin podrían estar juntos. La tonada sonaba alegre en la radio y el tarareando la canción:

"Trailers for sale or rent
Rooms to let...fifty cents.
No phone, no pool, no pets
I ain't got no cigarettes
Ah, but..two hours of pushin' broom
Buys an eight by twelve four-bit room
I'm a man of means by no means
King of the road..."

Cuando llego a la aislada casita de Ennis descendió de un salto de la camioneta, se precipito a los brazos de Jack, pero sentía que el otro se frenaba. Del Mar le hizo una seña en dirección a su camioneta. Twist vio a las niñas dentro. Y de nuevo las excusas de siempre, de nuevo los sueños haciéndose añicos, de nuevo el hambre insatesfecha de sus caricias, de su cuerpo, de su boca. Pero ahora ese hambre le apretaba las entrañas, y ya no se resistió más. Enrumbo la camioneta a la frontera con México, a Ciudad Juarez... allí encontraría alivio. En cualquier esquina oscura, algún muchacho dispuesto lo esperaría. Poco importaba si tenía que pagar por sus caricias. Ya dentro de la habitación; siempre en penumbras, cerraba los ojos y soñaba que era a Ennis a quien tenía en los brazos y luego llegaba el placer. Pero por más que lo intentará nada era igual, su cuerpo se estremecía, pero su corazón estaba ausente - ¡Ennis, Ennis... hasta cuando!

"Siempre que te pregunto que cómo, cuándo y dónde
tú siempre me respondes quizá, quizá, quizá,
y así pasan los días y yo desesperando
y tú, tú contestando quizá, quizá, quizá".


4 comentarios:

Mar del Norte dijo...

Rosa de fuego.. llevas el fuego en tu escrito; fuego ardiente que quema hasta lo más profundo.. Otra vez, otra vez...

devezencuando dijo...

Se me seca la boca y los ojos se me humedecen cada vez que alguien habla de esta parte. Ya sea tanto del relato como de la película.

De golpe me quitas el Riverton y me sumerges en el famoso "de vez en cuando". Luego ese callejón obscuro que parece que no tiene fin ni retorno.

Sin palabras.

Dalia dijo...

amiga!!! no hay palabras, solo gracias por llevarnos a recordar tantas emociones.

El César del Coctel dijo...

mmmmmmm este capítulo parece montaña rusa. Es dolorosa la historia de Alma... tanto dolor, tanta amargura y saber que no tiene el amor de su esposo.

De repente me subes a la cúspide... y es que ya es un sello aquello eso de que "Siempre Ennis enredado en el cuerpo de Jack, como un naufrago que se aferra a la tabla que es su salvación"... es muy bello y lo puedo imaginar.

Y vuelovo a bajar en la Montaña... rusa... Jack sin el amor de Ennis.... Ennis con su soledad y sus miedos y sin Jack :(