23 agosto, 2007

Graciela


"Llueve sobre mí...
con gota gruesa de verano.
Ya no es aquella garúa
que en invierno caía,
tenue, fina y llena de alegría...
Y no sólo cae agua. Caen también
recuerdos. Recuerdos y recuerdos
¡de cosas que no quisiera recordar!
El cielo quiere llenarme de nostalgia
hoy día. Si no... ¿por qué me manda
esta lluvia de verano?
Llueve sobre mí
con gota gruesa de melancolía"

Melancolía: Javier Heraud 1957

Ella es Graciela, mi madre, no la madre que nos lleva en el vientre nueve meses. Ella era mi madre de los días alegres y las noches de fiebres. De las primeras confidencias de adolecente, de los rubores y desencantos.
Con ella nos escapábamos en las tardes; que lejanas me parecen ahora, en las que nos íbamos bien agarraditas del brazo al centro del Callao, a nuestro lugarcito, a comernos unos deliciosos picarones. La que me cosía mis primeros vestidos; de volados naranjas o de verde terciopelo. Era ella la que se esmeraba cada mañana poniendo orden en los rulos de mi cabello; hacía tan bien su trabajo, que todo el mundo estaba encantado de ellos. Y era la que se sentaba conmigo a ver la vieja tele; había dos sillones desocupados, pero nosotras igual queríamos ocupar uno solo, y así apretadas; veíamos los noticieros, o sufriamos con las mil y un peripecias de la protagonista de la ocasional telenovela.
Y un día llego silenciosa, esa enfermedad que te arrebata lo que amas de a pocos; como para que el dolor sea mayor, y la herida tarde siglos en cerrarse. El Alzheimer, me la fue robando... me quito sus consejos, su risa, sus historias, y me dejo un ser que ya no podía reconocer. Y una tarde de agosto, una tarde como hoy, hace un año... su luz se extinguió por completo. Al menos su luz terrena, porque se que hay otra que nunca termina, que nunca se apaga.

En esta tarde que llueve como nunca... en esta tarde en que llueven recuerdos alegres y tristes:
Mi Graciela, yo sé que a ti no te gustaban mucho los abrazos y los besos...
eras mas bien seria y callada... pero sabes, esta tarde... que es casi noche ya, y la lluvia se empoza en las veredas y hace frío... sabes, esta tarde necesito que me abraces.

10 comentarios:

devezencuando dijo...

Mujer de pocas palabras pero que cuidaba de tí hasta el último detalle.

Tal vez se haya ido físicamente pero siempre estará vigente en esos recuerdos y en estas fotos.

Graciela, déjame decirte que si esta Rosa florece en todo su esplendor, es gracias a tí.

Mar del Norte dijo...

Y te abraza.. Cierra los ojos y siente ese invisible abrazo cargado de amor. Ay, agosto! cuantas lágrimas en este mes..
1beso Rosa

Dalia dijo...

Te abrazamos las dos mi Rosa...

me alegra que tuvieras una mamá tan bella, tanto por dentro como por fuera.

Besos.

un-angel dijo...

Es una historia triste, mi Rosa. Lo único que se puede ofrecer en estos casos es el consuelo de un amigo y el calor de un abrazo...
Un beso grande.

Arquitecturibe dijo...

esos abrazos se sienten mas que cualqueira.. esos abrazos invisible, inperceptibles y eternos siempre estaran contigo. Yo estoy seguro que ella nunca ha dejado de abrazarte, de ver la novela contigo, de llorar contigo... ella siempre encontrara el camino de regreso a ti, porque esos caminos que el corazon enseña, hacen falta mas que mil muertes para olvidarlos...
yo, desde mi lejana galaxia, te abrazo tambien.

Javier dijo...

Un precioso y delicado recuerdo a quien iluminó tus primeros pasos por este mundo y guardó tus confidencias.

pon dijo...

Nunca se fue; se sienta contigo en la misma butaca, te abraza y te cuenta cosas y tú a ella....nunca se van, nunca.
Llega un momento en que una llora de nostalgia, de ternura, con calma.....y los recuerdos sustituyen al dolor.
Un besazo, Rosa, desde muy lejos.

Cyllan dijo...

Una madre nunca se va, y mucho menos esa madre tan dulce que tuviste tú. Te mando un beso grande Rosa.

JfT dijo...

Porque mi madre lo repitió siempre, sabía que agosto es un mes de pérdidas, de tristezas profundas. La vida, con sus casualidades, o no, me lo ha demostrado.
Las partidas de las personas queridas son dolorosas siempre, amiga Rosa, pero deben dejarnos sonriendo y agradeciendo por que hayan tocado nuestra vida, dejando un tendal de lindos recuerdos.
Un beso,

JfT

Jose M. Zendoia dijo...

No se extinguió su luz completamente (no mientras la recuerdes)