28 julio, 2007

BBM: El amor es una fuerza de la naturaleza

La madrugada avanzaba y la intimidad entre ellos también. Ennis estaba amodorrado pero no conseguía dormir. Y el aroma a tabaco, a sudor, a pino fresco que se desprendía del cuerpo de su amigo; y su tibieza calentando su frío. Un paso en falso y ya no habría marcha atrás.
La luna se oculto tras una nube, un Jack agitado, excitado por aquella cercanía tomo la mano de su compañero y la llevo suavemente hasta su centro ansioso. Ennis se levanto sobresaltado; veía a Jack despojarse de su gruesa chaqueta, y se preguntaba qué estaba ocurriendo, qué lo retenía a su lado cuando lo que debería hacer era darle unos golpes y salir de la tienda. Entonces los labios de Jack buscaron ansiosos los suyos; pero ahora el corazón de Ennis latía furioso, solo deseaba poseerlo. Con rudeza coloco a Jack en la postura correcta, sus manos temblorosas aflojaron la correa y se desabrocho los vaqueros, luego buscaron los de su amigo y los deslizó hasta las rodillas. Y ayudado con algo de saliva lo penetro con fuerza. Jack se estremecía de dolor y placer ante cada arremetida. Ni una maldita palabra, el silencio solo era roto por los jadeos de Jack y los gruñidos de Ennis.
La mañana los encontró enlazados, cansados, con la cabeza dolorida y para Ennis sintiendo que todos sus esquemas se habían roto y ya no había forma de unirlos. Miró a su compañero, dormía tranquilo con una sonrisa curvando sus labios, se acomodo los pantalones y salio de la tienda. Recordó recién a las ovejas y que toda la noche habían estado solas. Monto de prisa, Jack lo alcanzo - te espero a la hora del almuerzo- pero Ennis le dirigió una mirada a medio camino entre el desprecio y la rabia y se alejo a todo galope de su lado.
Cuando regreso al mediodía, Jack estaba tumbado sobre el pasto. Avanzaba intranquilo hacía él quería abofetearlo y a la vez abrazarlo y volver a perderse en su cuerpo. Que suave era su piel entre sus manos, y que placentera la sensación de su cuerpo temblando bajo el peso del suyo. Pero aquello era algo aislado, algo que había surgido de la soledad, de los tragos; estaba seguro de que no era ningún marica. Se sentó junto al otro evitando mirarle a la cara y se apresuro a aclararlo todo. Jack lo miro y le dijo que el tampoco lo era - esto es asunto nuestro y de nadie más.
De nuevo el anochecer, y ambos comiendo en silencio. A Jack le atormentaban las dudas, ese no saber a qué atenerse lo estaba matando - voy a jugarme todo por ti esta noche Ennis, mi vida y la tuya estan en tus manos... tú decides - con ese pensamiento, mascullando apenas una despedida se fue caminando a la tienda. Lentamente se despojo de su casaca, de la camisa y aflojo sus vaqueros, se tendió sobre unas mantas y espero. No hacían falta palabras, le estaba ofreciendo su cuerpo, su amor, sus brazos y en ellos la paz que siempre estuvo buscando. Espero unos segundos... unos minutos, si Ennis cogía su caballo y se marchaba todo habría terminado. Pero del Mar no se marcho, se acerco avergonzado y temeroso hasta la tienda; se quito el sombrero, pero sus dedos todavía lo aferraban con fuerza, era la última piedra de su muralla. Jack lo entendió así y con suavidad se lo quito de las manos, sus ojos lo miraban con dulzura infinita y entonces acarició su rostro y guió la boca de Ennis hasta la suya; y su lengua cálida fue abriéndose paso por entre los labios apretados de Ennis, ahora lo sentía respirar agitado. Sus hábiles dedos fueron desabotonando uno a uno los botones de su camisa y lo despojaron de ella; y luego buscaron anhelantes los de sus vaqueros, y sus manos se hundieron dentro de ellos; y con suavidad fue acercando a Ennis hasta su cuerpo; y este ya no necesitaba de brújulas para orientarse, sabía que el norte se hallaba hacía sus labios y sus ojos y el sur... el sur estaba en la cálida tibieza entre sus piernas. No necesitaba instrucciones para recorrer su cuerpo, su boca y sus manos aprendieron pronto todos los caminos.
Las primeras veces solo lo hacían dentro de la tienda al anochecer; pero después se amaban sobre la suave hierba con el sol cayendo a plomo sobre sus espaldas; al calor de la hoguera al atardecer, resoplando y riendo, descubriendo cada día caricias nuevas; junto al río después de bañarse, en un mórbido juego, observándose sin tocarse, para luego estallar el uno dentro del otro. Ellos pensaban que eran invisibles, no sabían que una mañana Aguirre los había estado observando con sus prismáticos por diez minutos, aguardando que se vistieran para hablar con Twist.
- Tú madre me envío a que te avisara que tu tío Harold esta enfermo de pulmonía, tal vez no la cuente.
- Gracias, pero no creo que pueda hacer mucho aquí arriba.
- Pues allá abajo tampoco haces mucho- y su mirada alcanzó a Ennis que descendía con las ovejas.
Aquella mirada cargada de desprecio no paso desapercibida para Jack. Desde su montura Aguirre los observaba deseando que se convirtieran en la hierba que los cascos de su caballo pisoteaban. Luego se dio la vuelta y sin despedirse se alejo de ellos.
No era extraño que pese a ser verano, de pronto el clima cambiara y se vieran sorprendidos por una tormenta o una granizada. Y así ocurrió un día, el granizo se precipitaba enorme cayendo pesadamente sobre la hierba. Ennis quiso salir para evitar que las ovejas se desmandaran pero Jack lo detuvo.
- El granizo te a derribar, vas a perderte y no vas a lograr nada.
Y afuera la nieve cayendo y dentro de la tienda sus cuerpos desafiando cualquier frío, buscándose de sur a norte, de norte a sur, al este y al oeste de sus brazos enlazados. Siempre Ennis terminaba descansando sobre el vello oscuro y suave del pecho de Jack, estrechándole fuerte como si temiera un día no encontrarlo. A veces se dormía y despertaba sudoroso con los ojos llenos de miedo, soñaba que Jack se iba convirtiendo poco a poco en algo etéreo, hasta desaparecer por completo; entonces Jack le acariciaba el rostro, con ternura le besaba los labios y la frente y le repetía: - ¡Aquí estoy, aquí estoy, no tengas miedo! ven... quedate en mis brazos... siempre voy a estar a tu lado.
Al amanecer fueron a buscar a los animales, se habían mezclado con los de otro rebaño. Las marcas estaban casi borradas y fueron cinco días infernales para separar unas de otras. Al final el número fue el correcto; sin embargo, no eran todas las mismas que subieron con ellos. Ni ellos serían nunca más los mismos, Brokeback los había marcado para siempre.
Antes que el verano terminará, un día que Ennis regresaba de mañana para almorzar se encontró a Jack recogiendo la tienda y los cacharros. La sonrisa se le borro de los labios.
- ¿Qué estas haciendo?
- Aguirre vino temprano y me dijo que se avecina una tormenta. Quiere que bajemos con las ovejas.
- Pero las tormentas son normales, nada de que preocuparse. Ese hijo de puta no puede hacernos eso. Yo necesito mucho el dinero.
- Si quieres yo puedo prestarte algo. Te lo doy en cuanto lleguemos a Signal.
- No necesito tu dinero, acaso crees que estoy en la miseria.
Cuando estuvo arreglado Jack fue en busca de su amigo, lo encontró sentado sobre la hierba con la mirada perdida en el horizonte. Tenía ganas de juguetear un poco para alegrarlo. Y le echo un lazo, Ennis se levanto y empezó a caminar, ahora el lazo fue a enredarse entre sus pies haciéndole perder el equilibrio y rodar por el suelo. Jack se precipito sobre él y comenzaron a forcejear, primero como jugando, y después con rabia. La rabia de separarse, la rabia de perder su paraíso, la rabia de no saber si volverían a encontrarse, la rabia de perder el amor de sus vidas. Y de pronto Jack le dio un puñetazo en la nariz y Ennis empezó a sangrar profusamente; el otro se acerco confundido, no había querido lastimarlo, pero a Ennis lo único que le importaba era detener ese torrente de sangre; esa sangre que era su propio dolor. Y lo hizo con el puño de su camisa, con el puño de la de Jack y luego le devolvió el golpe dejándole amoratada la barbilla.
Y el descenso empezó y ellos sentían que se precipitaban a la realidad, a esa realidad de la que ya nada querían saber, y a la que sin embargo estaban obligados a volver.
Aguirre y su cara avinagrada de siempre los esperaba para entregarles su pago. No podía olvidar lo que había visto y el desprecio que sentía por ellos.
- Muchas de esas no subieron con ustedes. Los campesinos nunca hacen nada bien.
Ennis ayudaba a Jack con la camioneta, finalmente la hizo arrancar; como deseaba que estuviera averiada en serio, así podrían quedarse unas horas más juntos. Pero la maldita camioneta arranco. Ahora estaban frente a frente deseando besarse y abrazarse con todas sus fuerzas; y teniendo que contentarse con un apretón de manos. Y evitando mirarse porque sí lo hacían de pronto ya no tendrían fuerzas para separarse.
- ¿Vendrás el próximo verano?
- No sé, ya te dije que en noviembre me caso con Alma. ¿Y tú?
- Tal vez me quede con mi padre o me reclute el ejercito.
- Supongo que nos veremos.
- Sí, sí.
Y Jack subiendo de prisa a la camioneta porque las lágrimas empezaban a llenarle los ojos, alejándose a toda la velocidad que el viejo armatoste lo permitía; viendo la figura de Ennis algo encorvada, como si el peso del pequeño bulto que llevaba fuera inmenso, se iba haciendo más pequeña hasta volverse un punto oscuro. Y de nuevo lo envolvió una sensación ya conocida - por ti volveré Ennis, por ti volveré.
Del Mar esperaba perder la camioneta de vista para abandonarse a su propia pena; solo que las lágrimas se negaban a brotar y el dolor se transformaba en una sensación de nauseas. Tuvo que detenerse a un lado de la calle al amparo de un muro, y golpearlo con furia una y otra vez, y llorar sin lágrimas... siempre le dijeron que los hombres no deben llorar... y él no sabía cómo hacerlo.

7 comentarios:

Dalia dijo...

mi amiga bella, te imprimo y te llevo conmigo. Gracias y besos.

devezencuando dijo...

Llegó el momento de la despedida y con el, la incertidumbre.

Me encanta cómo logras enlazar la peli y el relato en una sola historia.

Dalia dijo...

muy bien escrito amiga, no has perdido ningún momento importante y tampoco las emociones de este par tan querido.

un-angel dijo...

Rosa querida, ese momento de Ennis despidiendo a Jack y luego doblandose por el dolor en ese garaje es de los momentos que más me conmovieron de la historia.
Porqué a veces no queremos que se vaya, y sin embargo no decimos nada, y sin embargo nos rompemos de pena a la vuelta de la esquina...
Un beso amiga, precioso.

Mar del Norte dijo...

Ay, querida Rosa.. Vuelves a llegar al corazón, otra vez... una y otra vez...
1beso

El César del Coctel dijo...

Este capítulo es profundamente tierno... sonreí varias veces, suspiré muchas más. Triste el cierre... pero todo al final estará bien.

Anónimo dijo...

Maravilloso.